EL PULSO
Crónica
Texto informativo con interpretación

¿Es el criptoarte realmente arte?

Los objetos únicos no fungibles son creación plástica, dicen sus defensores. Pero, aunque crecen lentamente en el mercado, siguen rodeados de polémica.

Una selección de los NFT del Bored Ape Yacht Club. Foto: YUGA LABS | Vídeo: EPV

El fenómeno de los NFT (objeto único no fungible) sigue creciendo de forma imparable. En España aún impera el escepticismo y las transacciones de NFT están por debajo del 1%, en comparación con el 5% que representan en el ámbito internacional, pero quizá la situación empiece a cambiar el próximo mes. La primera feria europea de NFT, Cryptoart Island, tendrá lugar del 29 de abril al 4 de mayo en Gibraltar. Como cabezas de cartel figuran los artistas digitales españoles Javier Arrés y Gala Mirissa.

Los críticos arremeten contra la calidad de estas piezas y surgen las preguntas: ¿es realmente arte el criptoarte? Lo que importa, ¿es el contenido o la posesión? “No hay que confundir el arte con el marketing”, advertía recientemente Maribel López, directora de Arco. Aunque veía probable que las galerías virtuales estuvieran representadas con espacios en la feria, matizaba que no hay que tener prisa por igualar los NFT al arte. “Ahora es el momento de que los artistas piensen cómo esto puede formar parte de su obra”, puntualizaba.

“Yo prefiero ir con calma”, comenta José Carlos Casado, un español que vive en Nueva York desde 1998 y que se unió a la galería Postmasters, que representa a artistas que trabajan con arte digital desde los años noventa. Los vídeos que Tobias ­Grem­mler creó para Björk en 2021 se asemejan bastante a la pieza bin10sex que Casado presentó en 2001 en el festival de Sundance online. “Los artistas actuales buscan el oro en los ríos del cripto”, comenta. Otros se resisten. El compositor Brian Eno es un claro opositor a crear NFT. “Algo que merece la pena implica crear algo que agregue valor al mundo, no solo a una cuenta bancaria, declaraba en una entrevista a The Crypto Syllabus. “Ahora los artistas pueden convertirse en pequeños idiotas capitalistas”.

Pero son muchos los que temen quedarse fuera del ecosistema si no integran esta tecnología que avanza frenéticamente. El escenario no solo cambia, sino que se vuelve cada vez más complejo. Lo más codiciado ahora en el mercado de los NFT es la exclusividad. Bored Ape Yacht Club es una colección de criptoarte que está causando furor. Consiste en 10.000 NFT de retratos de monos aburridos que pueden llegar a costar 300.000 dólares cada uno (unos 275.000 euros). Los compradores forman parte de un club privado y cada vez más celebridades los adquieren (Madonna, Eminem, Serena Williams y Steve Aoki, entre ellas). Muchos los empiezan a utilizar como avatar en redes sociales.

Pero hay más. En noviembre de 2021 se anunciaron los primeros NFT secretos, en los que la información permanece encriptada: el contenido y el precio, así como la identidad de los compradores pueden ser anónimos. La idea fue impulsada por SCRT Labs y su Secret Network, una blockchain privada. Fue fácil despertar el interés de los inversores cuando revelaron que Quentin Tarantino sería el primero en vender este tipo de obras: pondría a la venta siete con escenas inéditas de Pulp Fiction, acompañadas de audios y fragmentos del guion. Un par de meses después, el colectivo AnonDAO compró la primera, Royale with Cheese, por 1,1 millones de dólares. Pero no hubo mucho espacio para la celebración, ya que Miramax, la productora de la película, denunció a Tarantino por incumplimiento de contrato, competencia desleal e infracción de derechos de autor y de marca registrada. El director aludió a que tenía derechos reservados, pero la venta de la colección ha quedado paralizada hasta que el caso se resuelva. La situación ejemplifica que también el marco legal de los NFT está todavía por definir en muchas circunstancias

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