Análisis
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Guinea Ecuatorial, una nueva mirada a la sostenibilidad de los recursos naturales

La preservación del medio ambiente y su gestión responsable son, además de un objetivo, un medio para luchar contra la pobreza y el cambio climático

Vista general de un bosque junto al mar de Luba (Guinea Ecuatorial).
Vista general de un bosque junto al mar de Luba (Guinea Ecuatorial). Gabriel Lago / EyeEm / Getty

A menudo, los países se ven en una encrucijada en la que son conscientes de que el modelo de desarrollo que han seguido durante años ya no es válido. Son momentos de tomar decisiones difíciles: aunque siempre es tentador buscar los beneficios a corto plazo —sobre todo en contextos de pobreza— las apuestas a largo plazo son las que producen verdaderos cambios a mejor.

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Guinea Ecuatorial se encuentra hoy en una de esas encrucijadas: tras años de crecimiento económico exponencial ligado a la explotación del petróleo, el país tiene que reorientar su modelo de desarrollo para diversificar y relanzar su economía. Es lo que intentan hacer con el nuevo Plan Nacional de Desarrollo Sostenible 2035 (PNDS 2035), que será la guía de las futuras inversiones.

Guinea Ecuatorial es de los pocos países del mundo cuya superficie forestal ocupa más del 90% de su territorio, pero esta riqueza natural está constantemente amenazada por gran parte de las actividades productivas. En este contexto, el país se comprometió en 2008 a reducir la deforestación y la degradación forestal (lo que se conoce como REDD+) y unirse a la lucha global contra el cambio climático. Desde entonces ha realizado importantes avances, siendo el hito más reciente la presentación este martes de su Plan Nacional de Inversión REDD+ (PNI-REDD+), que ha contado con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y de la Iniciativa para los bosques de África Central (CAFI). Sin embargo, los planes de desarrollo de las últimas décadas no han incluido la gestión sostenible de los bosques entre sus prioridades.

Es de los pocos países del mundo cuya superficie forestal ocupa más del 90% de su territorio, pero está constantemente amenazada por  las actividades productivas

Pero en los últimos años, el proceso nacional de REDD+ ha cambiado la forma en la que el país mira a sus bosques. El nuevo plan nacional de desarrollo incluye por primera vez la sostenibilidad ambiental y el desarrollo territorial entre sus ejes prioritarios. También señala que la preservación del medio ambiente y la gestión responsable de los recursos naturales (en particular de los bosques) son, además de un objetivo, un medio para luchar contra la pobreza y el cambio climático.

Esta nueva mirada a la sostenibilidad de los recursos naturales representa un importante compromiso político y un gran logro en un contexto complejo. Pero, aunque es un logro significativo, todavía queda un gran camino que recorrer para transformar el modelo de desarrollo del país, y específicamente para transformar la forma en que el territorio y los bosques se gestionan y se conciben, involucrando a todos los actores y sectores.

Tras un largo proceso de planificación estratégica, es el momento de pasar a la acción en el terreno. La esperada implementación del plan que se presenta este martes contribuirá a abordar los múltiples desafíos vinculados al uso del territorio, tanto a escala nacional como local, y deberá poner especial atención en obtener mejores datos para tomar mejores decisiones, así como mejorar la transparencia, la participación comunitaria, el empoderamiento y movilización de la población rural y la igualdad de género; todos ellos son aspectos claves para el éxito.

El país y la comunidad internacional deben apoyar este movimiento transformador para evitar que pierda impulso. El número de defensores de la naturaleza y de los bosques crece en todos los sectores y grupos sociales de Guinea Ecuatorial. Estos, sin embargo, necesitan alianzas y apoyos internacionales para ganar la batalla por los bosques y el clima, en un contexto de múltiples intereses económicos, fuerzas de mercado y desafíos, como la pobreza, la seguridad alimentaria y el impacto de la pandemia actual de la covid-19. Estos defensores tendrán que demostrar que no están luchando contra molinos de viento, sino que se enfrentan a una gran amenaza económica y climática, en la que los bosques y el desarrollo territorial pueden ser poderosas armas. El PNI-REDD+ establece una hoja de ruta, en la que el desarrollo económico y la conservación de los recursos naturales ya no son objetivos irreconciliables.

María Ruiz-Villar es oficial de programas REDD+. División Forestal. FAO.

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