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El juego infantil, vital en periodos de confinamiento

Cuando jugamos desempeñamos papeles diferentes, normas diferentes, relaciones diferentes y, además, es por un tiempo determinado

Un niño juega con su lancha de juguete en casa.
Un niño juega con su lancha de juguete en casa. Unsplash

El juego es una actividad vital en la infancia. Puede variar la forma de practicarlo, su concepción, sus recursos, pero jugar es una función presente en todas las culturas, desde la aparición del ser humano e, incluso, se sabe que en los contextos más complejos. “El juego es la experiencia más importante de la vida”, ha dicho reiteradas veces el maestro y pedagogo italiano Francesco Tonucci. Tal es su importancia que desde 1989 la Convención de los Derechos del Niño reconoce en el artículo 31 el juego como un derecho fundamental de la infancia.

Charo González Martín, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, docente del departamento de Estudios Educativos UCM y miembro del Observatorio del juego infantil, considera que el juego es importante siempre, pero en periodos extraordinarios, como el que estamos viviendo, lo es aún más. “Si nos fijamos, jugar, cuando jugamos bien, supone sacar lo mejor con creatividad de lo que tenemos a nuestro alcance y ¡qué mejor actitud ante una crisis como esta que sacar lo mejor con creatividad a lo que estamos viviendo!”, señala. Y no solo para los niños y niñas. Según la experta, el juego es importante siempre y para todos: “Cuando jugamos nos rejuvenecemos, sonreímos, nos vuelve la ilusión, el coraje, la colaboración o la competición… El juego es como si fuera un “portal”, como dicen ahora nuestros niños, que nos traslada a otras dimensiones, a otros mundos, sin salir de este. En el juego podemos desempeñar papeles diferentes, normas diferentes, relaciones diferentes y además por un tiempo determinado”.

Leemos y escuchamos acerca de lo importante que es planificar juegos en familia. Sin embargo, sacar tiempo para jugar no es tan fácil muchas familias porque además de la ansiedad y el miedo por la situación, muchos adultos deben teletrabajar y organizar múltiples tareas a lo largo del día (cocinar, limpiar, comprar, ayudar con los deberes…). ¿Puede el juego familiar también ayudarnos a salir de esa rueda? La clave la da Charo González: “Tenemos que descubrir el juego no como una tarea más, no como una cosa más en la lista de cosas que hacer para “ser buenos padres en el confinamiento”, y sí como un aliado fundamental”, apunta. Y es que, vuelve a insistir en que el juego lo necesitamos tanto los padres y las madres como los niños y las niñas. “Todos hemos experimentado cómo se nos renuevan las energías cantando, o cómo ayuda un juego a dar rienda suelta a emociones que si no se quedarían dentro o explotarían. Pensemos que lo necesitan los niños y que lo necesitamos nosotros también. Y ellos, además, si les abrimos esa posibilidad, nos pueden llevar a esos mundos que a nosotros a veces se nos han olvidado ya…”, explica.

Con relación a lo anterior lo cierto es que no todas las familias tienen el espacio digno, o los mismos recursos emocionales o materiales, para jugar con sus hijos e hijas. El juego parece depender en gran parte de la capacidad de los padres para encajar las necesidades de los hijos y todo lo demás, que no es poco. Sobre si se crea una brecha también en este sentido, Charo González cree que se ha dejado de lado la infancia en este tiempo: “En España se ha optado por lo más restrictivo bajo la idea de que “no somos alemanes” y en consecuencia no hemos generado un plan adaptado”. También cree que no todas las familias parten de las mismas circunstancias: “No es lo mismo vivir en 30 metros con niños que vivir en 120, no es lo mismo tener luz natural que no, no es lo mismo tener en casa más dispositivos electrónicos que miembros que componen la unidad familiar que disponer de dos teléfonos móviles de poca capacidad colapsados por miles de mensajes y que necesitan estar disponibles para ver qué pasa con el trabajo. No es lo mismo tener tres hijos o hijas de 2, 5 y 7 años que uno de 13. Realmente tenemos una población maravillosa que ha sabido gestionar lo imposible. No se les puede decir nada, pero sí ayudarles a ver que el juego es su aliado”.

Tipos de juegos que son interesantes

Una de las recomendaciones que ha estado presente desde el inicio del confinamiento es la de limitar el tiempo que pasan los niños y niñas en actividades sedentarias. ¿Qué tipo de juegos son interesantes estos días de confinamiento? Para Raúl Bermejo, maestro, neuropsicólogo, escritor y autor del proyecto en Instagram Thinks for kids, a través del cual plantea muchos juegos y herramientas para hacer con los niños y niñas, lo primero que tenemos que pensar en esta situación es que es un caso nuevo y que estamos aprendiendo a gestionarlo a nivel emocional. “Buscar el equilibrio emocional favorecerá el resto de actividades”, señala. Para ello Bermejo considera fundamental crear "espacios de libertad” donde los niños puedan desarrollar su creatividad, y combinarlos con los llamados juegos psicomotores.

Según el experto podemos montar un circuito psicomotor en casa con cojines, sillas, obstáculos que tengan que saltar hasta llegar a una meta. La búsqueda de tesoros por toda la casa también considera que es un recurso interesante así como poner todos los días algo de música y bailar y participar en actividades cotidianas como hacer la comida, poner lavadoras o tender la ropa. Recuerda también que se pueden hacer muchas actividades lúdicas y trabajar al mismo tiempo contenidos curriculares. En su último cuento El viaje cósmico de saturnino, junto al ilustrador y coautor Nacho Uve, plantea algunas actividades para hacer en familia después de leer el cuento, desde el movimiento hasta arte y juegos.

Charo González por su parte recomienda, sobre todo, el movimiento y la risa.“Después del aplauso puede ir fenomenal un rato de baile y música; incluso el típico juego de estar atento a cuando para la música y parar de bailar con ella. También podemos jugar a poner normas en el salón: que en determinadas horas se convierta en un campo de juegos, en un circuito con obstáculos, en una sala de baile… y en ese tiempo no se puede “estar tirado en el sillón”. Cuando termina el juego ese espacio vuelve a cobrar su carácter inicial”. El juego simbólico o teatralización es muy recomendable, según González, para los niños y niñas de entre 2 y 11 años, etapa en la que es especialmente importante que encontremos un canal de comunicación con ellos, siendo el juego uno de ellos. “Con el juego nos dicen lo que les preocupa, lo que necesitan, lo que echan de menos… Expresan su rabia, su miedo, sus frustraciones, esperanzas y deseos, nosotros podemos hacerlo con ellos. Les ayudará a minimizar la ansiedad y, para el futuro, que no se queden marcados traumáticamente si hay fallecimientos cercanos”.

Por último, Charo González cuenta que los juegos de atención, relajación y visualización también pueden ser adecuados para compartirlos en familia. “Cerrar los ojos y pensar juntos donde nos iríamos a descansar. ¿La playa, la montaña, el pueblo? ¿Qué harías? ¿Qué verías? ¿Qué olerías? También puede ser bonito compartir relajados los recuerdos más felices, contándoles los momentos más entrañables de juegos de nuestra infancia… Cerrar los ojos y trasladarnos a esos momentos con ellos puede ser muy pero que muy especial. Nos puede relajar a todos”.

Qué pasa con el aburrimiento

El aburrimiento también forma parte de los días cuando el margen de acción se limita. Según Raúl Bermejo es cierto que aunque es importante el papel del aburrimiento, no tenemos que provocar esos momentos sino que los niños tienen que pasar por ellos cuando lleguen. “Muchas veces nos obsesionamos con tenerles ocupados todo el tiempo, incluso nos agobiamos por hacer las cosas lo mejor posible y ese sentimiento de culpabilidad por no llegar a todo en ocasiones nos juega malas pasadas e influye en nuestro carácter. Hay que intentar tomárselo con más tranquilidad”, sostiene. Así, cuando un niño se aburre, según cuenta Bermejo, su cerebro se pone en marcha y trabaja la flexibilidad cognitiva para buscar solución. “De un palo harán una varita mágica, una caja de cartón se convertirá en una nave espacial donde realicen un viaje cósmico maravilloso o simplemente reflexionarán sobre aquellas cosas que les preocupan, y lo que es más importante, que ellos pienses que quieren hacer lo que nos guiará a la toma de decisiones por parte de ellos”.

¿Qué es recomendable que las familias hagamos cuando llega el “me aburro”? “Los niños deben aprender a gestionarlo y pasar por esos momentos de aburrimiento que muchas veces pasamos todos. Si les damos todo hecho continuamente tendrán más dificultades a lo largo de su vida para solucionar los distintos problemas y luchar contra las adversidades”, responde Raúl Bermejo. Insiste también en que el problema es que muchas veces “tienen una sobreestimulación” y una programación desde que se levantan hasta que se acuestan, por lo tanto, “no se suele luchar con esos momentos de soledad ni saben con que entretenerse, así que este es un buen momento para que desarrollen su ingenio y su creatividad”.

Charo González también cree que es fundamental que los adultos no se sientan culpables por no atender a los niños y las niñas todo el tiempo. “En ese momento, cuando les dejamos un rato solos, les estamos diciendo muchas cosas muy importantes: que confiamos en ellos, que nos apoyamos en ellos en momentos difíciles, que son importantes para nuestra familia y la sociedad salga adelante, y que lo que hagan es importante para todos, para todas. Es muy distinto decirles que no interrumpan sabiendo que así “construyen” familia, sociedad, que, cansados y en mal tono, decirles que dejen ya de molestar que hay otras cosas más importantes”. Reconoce también que el juego, incluso en esas ocasiones en las que “metemos la pata”, puede ser nuestro aliado y ayudarnos a mejorar la relación con nuestros hijos e hijas: “El juego es el gran aliado para no dejarnos llevar por la escalada de tensión que la situación, con miles de demandas y temores, nos puede generar”.

Juego y salud mental infantil

El juego también cumple un importante papel con respecto a la salud mental de los niños y niñas. Explica Máximo Peña, psicólogo, miembro de la Asociación Española de Psicología Perinatal, y autor del blog Psicología para todos, que el juego no es un añadido, algo que puede estar o no, sino que si falta el juego falta el niño. “Ser niño o niña es jugar, de modo que ni siquiera es un problema de salud mental sino que va más allá: si le quitas a un peque el juego, le quitas la infancia. Por suerte, los peques encarnan mejor que nadie la palabra resiliencia y aún en las peores circunstancias son capaces de encontrar la manera de jugar, incluso sobre escombros”, manifiesta. Y es que, según el psicólogo, los niños y las niñas juegan incluso en las circunstancias más difíciles, “porque esa es su forma de interactuar con el mundo, de relacionarse entre ellos y de aprender, como hacen la mayoría de los cachorros de otros mamíferos”.

La disminución del juego durante la infancia, reemplazado por actividades sedentarias, y tareas infinitas perjudica la salud de los niños y niñas. Según Peña, la evidencia científica señala que el juego físico es fundamental para un crecimiento sano de músculos y huesos, del sistema cardiovascular, de la conciencia corporal y del mantenimiento de un peso corporal sano. A nivel psicológico, apunta que las investigaciones encuentran relación entre actividad física y regulación emocional, así como del fomento de la interacción social, la autoexpresión, la autoconfianza y la integración. “Hay que tomar en cuenta que la infancia es la época de la formación de los hábitos, y si no cultivamos hábitos sanos en la infancia difícilmente tendremos adultos sanos”, concluye.

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