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Manual de la ultraderecha para desinformar

El ultranacionalismo español se sirve de distintas tácticas, más allá de la difusión de bulos, para promover su agenda política

Patricia R. Blanco
Imagen del 'Juego de los bulos'.
Imagen del 'Juego de los bulos'.

La estrategia de desinformación orquestada por la ultraderecha sobre la crisis del coronavirus va mucho más allá de la difusión de bulos. El ultranacionalismo español ha aprovechado la situación excepcional creada por la pandemia de SARS-CoV-2 para desplegar toda una batería de técnicas propias de un manual de manipulación informativa que, en última instancia, busca el beneficio de su propia agenda política. Y para ello se sirve de varias tácticas con las que puede atacar desde distintos flancos: al mismo tiempo que intenta desprestigiar con bulos al Gobierno o a representantes de la izquierda, repite mensajes como la necesidad de controles más estrictos en las fronteras para frenar la expansión del virus, que es al mismo tiempo una de sus demandas tradicionales para controlar la inmigración. De hecho, durante el estado de alarma, Vox ha reclamado que se quite la sanidad gratuita a los inmigrantes irregulares.

Los investigadores de la Universidad de Cambridge Jon Roozenbeek y Sander van der Linden han identificado las principales narrativas de desinformación en el Juego de los bulos, una herramienta lúdica para educar contra la manipulación informativa a través de una simulación virtual en la que los participantes intentan imitar a un divulgador de mentiras en redes sociales. La propuesta, basada en la “teoría de la inoculación”, tiene como objetivo —tomando el símil del virus y la vacuna— enseñar a fabricar bulos como antídoto para identificarlos.

La ultraderecha ha usado todas las narrativas descritas en el Juego de los bulos durante la crisis del coronavirus:

1. Imitación de una fuente de información fiable

El primer paso que propone el Juego de los bulos es “disfrazarse de una fuente de noticias creíble”, lo que en la práctica supone disponer de una plataforma para divulgar contenidos, como un blog o un supuesto portal de noticias. Esta narrativa es efectiva porque “la mayoría de las personas prestan poca atención a las fuentes”, sostienen los investigadores.

Es el caso del canal de YouTube Estado de alarma, que el periodista Javier Negre lanzó el pasado 25 de marzo y en el que colaboran comunicadores y políticos vinculados a la extrema derecha —EL PAÍS ha intentado sin éxito contactar con Negre—. “En este canal conocerás la verdad de lo que ocurre realmente en nuestro país, sin censura, sin mordaza”, asegura en su presentación. Sin embargo, la mayor parte de contenidos son opiniones defendidas por la ultraderecha presentadas como noticias y no informaciones basadas en fuentes fiables. E incluso ha dado pábulo a teorías de la conspiración, como la que sitúa el origen del virus en un laboratorio chino, desmentida por las evidencias científicas. La carátula de su primera entrada es toda una declaración de intenciones: una imagen en la que, junto a una ilustración del coronavirus, aparecen el presidente, Pedro Sánchez; el vicepresidente Pablo Iglesias; la ministra de Igualdad, Irene Montero; el portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique; el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, y el presidente de la Generalitat, Quim Torra. El canal, en un solo mes, ya cuenta con casi 200.000 suscriptores.

2. Exaltación de las emociones

Apelar a sentimientos como el miedo, la ira o la compasión “es una gran herramienta para difundir un mensaje”, aseguran Roozenbeek y Van der Linden. Y añaden: “Los artículos virales a menudo tienen titulares cortos y agudos que evocan este tipo de emociones”.

Bulo que hace pasar por muertos de covid-19 a fallecidos en un naufragio de 2013.
Bulo que hace pasar por muertos de covid-19 a fallecidos en un naufragio de 2013.

En este apartado se podrían incluir bulos como la fotografía que mostraba un almacén repleto de ataúdes junto al emblema del PSOE, una ilustración del virus y un texto que rezaba: “Imágenes de la España que nos está dejando Pedro Sánchez. La foto por la que están investigando a decenas de policías y sanitarios”. La foto intentaba dar a entender que en los ataúdes reposaban los restos de personas muertas en España por la covid-19 y que los responsables de esas muertes eran dirigentes socialistas, cuando en realidad eran los de inmigrantes fallecidos en un naufragio frente a la isla italiana de Lampedusa, en 2013.

Pero no solo las mentiras desinforman. Las continuas alusiones al “Gobierno asesino” en las redes sociales son una muestra de este intento de exaltar los sentimientos de la opinión pública. También la iniciativa propuesta a través de Instagram de dar un “zapatillazo” al presidente del Ejecutivo, que consistía en fotografiarse mientras se lanzaba un zapato contra la televisión en un momento en el que apareciera Pedro Sánchez y que exalta el sentimiento de la ira o del enfado.

3. Polarización

“Encontrar quejas existentes y explotarlas” puede crear fricciones y hacer pensar a la opinión pública que una “historia es mucho más importante de lo que realmente es”, señala el Juego de los bulos, que sugiere a los participantes aprovechar la gran distancia que separa a la “izquierda y la derecha”.

La ultraderecha en España ha aprovechado el malestar que pueden causar los supuestos privilegios de los políticos frente al resto de ciudadanos. Es el caso del bulo sobre el respirador que habría recibido en su domicilio Manuela Carmena, difundido por el tuitero Alvise Pérez (seudónimo de Luis Pérez, exasesor del dirigente de Ciudadanos Toni Cantó), que publicó una foto en la que se veía frente a la casa de la exalcaldesa de Madrid una furgoneta de la empresa VitalAire, que distribuye oxígeno a personas con enfermedades respiratorias crónicas —EL PAÍS ha intentado, sin éxito, contactar con Alvise Pérez—. “Evita acudir a un hospital público y hacer cola como el resto de los españoles”, afirmó en Twitter, una información desmentida, no solo por Carmena, sino por la propia compañía.

4. Teorías de la conspiración

El Juego de los bulos propone aprovechar “el deseo de las personas por conocer la verdad para arrastrarlos a tu grupo de seguidores”. Y para ello no es necesario inventar teorías de la conspiración, sino aprovechar las que ya existen.

Precisamente en torno al origen del nuevo coronavirus hay al menos una decena de teorías de la conspiración que niegan, en general, que el SARS-CoV-2 haya pasado de un animal al ser humano y apuestan por que ha nacido en algún laboratorio, ya sea de China, Estados Unidos o incluso Canadá, pese a que no existe ningún tipo de prueba al respecto. Es el discurso que apoyan los dirigentes de Vox cuando aluden al “virus chino”, con el que subrayan que este país está detrás de la nueva pandemia —más allá de las implicaciones racistas de usar tal denominación, que estigmatiza a una población—. El dirigente del partido ultranacionalista Javier Ortega Smith, que enfermó de covid-19, se refirió en Twitter al SARS-Cov-2 como los “malditos virus chinos” y aseguró que sus “anticuerpos españoles” lucharían contra ellos “hasta derrotarlos”. El tuit ya ha sido borrado. También Macarena Olona, diputada del mismo partido, hizo las siguientes declaraciones el pasado 13 de abril durante una entrevista en Los Desayunos de TVE: “China nos ha traído dos cosas: en primer lugar, la peste del siglo XXI, y en segundo lugar, el caldo de cultivo propicio para que los postulados comunistas que no han sido votados por los españoles mayoritariamente se impongan finalmente en nuestro país”.

5. Descrédito

¿Cuál es la mejor estrategia cuando el difusor de bulos es cazado en sus mentiras? “Golpear de vuelta”, “no retirarse” y crear “una campaña de desprestigio total”, sostiene el Juego de los bulos.

Es la técnica que ha empleado la ultraderecha para atacar a las plataformas dedicadas a verificar informaciones, como Maldita.es y Newtral. Javier Negre, creador del citado canal de YouTube Estado de alarma, difundió el bulo que sostenía que estos dos medios decidían qué censurar en WhatsApp”. El periodista aprovechó que WhatsApp había anunciado que los mensajes virales solo iban a poder reenviarse a un grupo, precisamente para luchar contra la difusión masiva de bulos, para tergiversar la información. Puesto que Facebook es la propietaria de WhatsApp y tiene contratados a Newtral y Maldita.es como verificadores, concluyó erróneamente que estos medios iban a censurar los mensajes en la plataforma.

6. ‘Troleo’

Enviar a los troles, cuentas que publican mensajes provocadores en las redes sociales con el fin de molestar o desviar la atención, es muy eficaz para desgastar al enemigo, consideran los investigadores británicos. “Participar en una discusión con un trol significa perder tiempo y energía preciosos. ¡Pero eso es exactamente lo que quieren!”, añaden.

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Los ejemplos se cuentan por decenas de miles. Basta con mirar las interacciones con miembros del Gobierno, representantes de la izquierda, del mundo de la cultura y periodistas para certificar que esta narrativa de desinformación se practica a diario. Como prueba, consulten algunas de las interacciones que recibirá este reportaje en Twitter.

La Fiscalía investiga si se esconde un grupo criminal detrás de la campaña de bulos contra el Gobierno sobre el coronavirus. Exista o no, lo cierto es que la ultraderecha, encabezada por Vox, ha aprovechado el caldo de cultivo del coronavirus para explotar todas las estrategias desinformación y manipulación que contribuyan a expandir su programa político, que aboga por el cierre de fronteras, denigra el feminismo, defiende el llamado pin parental para vetar la educación sexual en las escuelas y ha retomado las críticas contra la activista Greta Thunberg para afirmar que el cambio climático, ante las muertes causadas por la pandemia, ya no interesa.

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Sobre la firma

Patricia R. Blanco
Periodista de EL PAÍS desde 2007, trabaja en la sección de Internacional. Está especializada en desinformación y en mundo árabe y musulmán. Es licenciada en Periodismo con Premio Extraordinario de Licenciatura y máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid.

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