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El reto de confinar a los más pobres de África

Los países ricos o menos democráticos del continente adoptan medidas drásticas, pero los desfavorecidos dudan porque su población vive al día

Una multitud de ciudadanos hace cola frente a un supermercado en Harare, Zimbabue, el 25 de marzo de 2020.
Una multitud de ciudadanos hace cola frente a un supermercado en Harare, Zimbabue, el 25 de marzo de 2020. AP Photo

Conscientes de la debilidad de sus sistemas sanitarios para hacer frente a una explosión de casos de coronavirus, todos los países africanos han ido adoptando medidas drásticas en el empeño de frenar el ritmo de contagios como el cierre de fronteras, la suspensión de toda actividad lectiva, la prohibición de realizar actos públicos y los toques de queda nocturnos. Sin embargo, el confinamiento total genera muchas dudas. Solo los países más ricos, como Sudáfrica, Marruecos, Túnez, Botsuana o Mauricio, y los menos democráticos, como Ruanda, Uganda o Zimbabue, han ordenado a su población quedarse en casa todo el día. El resto se plantea una pregunta muy seria: ¿Cómo confinar a decenas de miles de personas que viven al día, tienen que caminar cientos de metros para conseguir agua o apenas tienen para comer, sin que ello degenere en rechazo y disturbios?

Con unos 6.000 casos declarados en África y aún cierto margen para tomar decisiones, el debate es intenso. “Desde el punto de vista de la ciencia, es la decisión ideal”, asegura sin dudarlo el especialista en gestión sanitaria Pape Makhtar Ndiaye, “pero depende de la disponibilidad de recursos de los Estados para poder aplicarla”. El profesor Moussa Seydi, responsable de enfermedades infecciosas del hospital de Fann, en Senegal, explicaba hace tan solo unos días que “el confinamiento total es difícil de implementar teniendo en cuenta cómo vive la gente, las condiciones precarias en las que se encuentran. Pero tarde o temprano tendrá que aplicarse”. Ese es el gran dilema.

La epidemióloga de Acción contra el Hambre Dyeinaba N'diaye cree que el confinamiento total “no es sostenible” a medio plazo en los países más desfavorecidos. “Lo adoptan los Estados que cuentan con reservas económicas, más autosuficientes desde el punto de vista alimentario y menos dependientes del turismo. El resto sabe que no va a poder mantener a una población con escasa resiliencia a largo plazo en casa”.

Marruecos, Túnez y Ruanda fueron los primeros. Sudáfrica hace ya cinco días que puso en marcha esta medida y también lo han hecho Mauricio, Uganda, Botsuana y Zimbabue. El médico español Xavier Gómez-Olivé, residente en Johanesburgo, explica que “en las zonas urbanas es más fácil de instaurar, pero en el campo será más complicado. Allí la gente vive muy aislada y no tiene acceso sencillo a comida o agua. Va a depender de cada país si tiene la capacidad de acercar esos servicios a la población. Hay gente a la que no puedes mantener en casa porque se van a morir de hambre”.

Julienne Anoko, antropóloga de la Organización Mundial de la Salud (OMS) acostumbrada a lidiar con todo tipo de epidemias en África como el ébola, el sarampión o el virus de Marburgo, también duda de la eficacia del confinamiento. “El 70% de la población tiene escasos recursos y sale cada día a buscarse la vida para salir adelante. ¿Cómo van a sobrevivir si los encierras en su casa? Luego está el problema del espacio, que en muchos lugares de África es un lujo. Muchas personas viven hacinadas, hasta duermen por turnos. Meterlos en sus viviendas en realidad puede generar más contagios”.

La mayoría de los Gobiernos se han inclinado por un confinamiento parcial, un toque de queda nocturno que permite a la población continuar con sus ocupaciones durante el día. Pero algunos, ante el avance de la epidemia, se han visto forzados a decretar el encierro en casa de los habitantes de sus principales ciudades. Es el caso de la República Democrática del Congo (RDC) con Kinshasa o Nigeria con Abuja y Lagos. Horas antes de que se hiciera efectivo el confinamiento en estas grandes aglomeraciones urbanas se produjo un éxodo de miles de personas hacia las zonas rurales para tratar de escapar del mismo.

En función del avance de la pandemia se irá endureciendo el confinamiento, lo que puede traer un incremento de la tensión

En Zimbabue, decenas de miles de personas incluso de la capital, Harare, deben ir cada día a buscar agua a los pozos y fuentes públicas con bidones, garrafas y cubos. La crisis que golpea a este país, unida a la sequía, ha agravado los problemas existentes desde hace décadas para el abastecimiento, lo que dificulta aún más las medidas de distanciamiento social, difíciles de mantener en colas de cientos de metros de largo, y el confinamiento total dictado desde el pasado lunes.

Lo que casi nadie duda es de que en función del avance de la pandemia, incluso los Gobiernos con menos capacidad tendrán que ir endureciendo el confinamiento, lo que puede traer aparejado un incremento de la tensión. Los primeros días de adopción de estas medidas no auguran nada bueno. En Ruanda, dos personas fueron asesinadas a tiros por las fuerzas del orden por burlar el confinamiento mientras que en Sudáfrica un ciudadano también falleció a manos de un policía después de sorprenderlo bebiendo alcohol en un bar. En Senegal, Costa de Marfil, Marruecos o Túnez los agentes han propinado porrazos, patadas y golpes, en ocasiones con especial violencia, a quienes eran sorprendidos de noche por la calle.

La dureza de estas intervenciones, que los propios Gobiernos han intentado cortar de raíz, pone de relieve el riesgo de deriva autoritaria que puede traer el coronavirus. El Gobierno de Sierra Leona, que este martes declaró su primer caso positivo, decretó el estado de emergencia durante un año, mientras que el presidente de Uganda, el dictador Yoweri Museveni, anunció el confinamiento total e inmediato de la población en un plazo de 24 horas. En este país hay 44 casos.

El presidente de Benín, Patrice Talon, lo tiene claro. “No tenemos los medios para hacerlo, igual que la mayoría de los países de África”. El mandatario comparó las medidas económicas anunciadas en Europa, los recortes fiscales, el acompañamiento público, con la fragilidad de los Estados africanos y el modo de vida de sus ciudadanos. “¿Cómo podríamos”, se pregunta, “en un contexto en el que la mayoría de nuestros conciudadanos logran la comida con los ingresos del día anterior, decretar sin aviso previo un confinamiento general de larga duración? Si no tenemos esto en cuenta, podríamos, en nuestra acción, desencadenar un caos que incluso pondría en duda el imperativo mínimo de la lucha (contra el virus)”.

Zonas rojas para personas en riesgo

Si no se puede confinar a la población durante semanas o meses, ¿qué hacer? Una respuesta es reducir la mortalidad mediante la protección de las personas con más riesgo de complicaciones en el caso de contagio. Un estudio de la London School of Hygiene and Tropical Medicine plantea una serie de alternativas para países menos favorecidos. Entre dichas propuestas está la intensificación de la lucha contra enfermedades que pueden agravar el estado de salud de las personas enfermas de Covid-19, como la tuberculosis o el VIH, así como mantener una carrera contra el reloj adaptando las estructuras sanitarias, como los centros de salud, con nuevas camas de cuidados intensivos.

Sin embargo, la propuesta más innovadora, sin duda polémica y que, en el caso de aplicarse, va a requerir de una enorme valentía política, es el aislamiento de las personas con mayor riesgo, tanto en la vivienda con habitaciones destinadas al confinamiento como en los barrios y pueblos con la creación de las llamadas zonas rojas donde serían instalados los ciudadanos con tuberculosis, VIH, malnutrición, enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión o dolencias cardiovasculares e incluso todos los mayores de 60 años.

“Si África sigue la trayectoria de China, Italia, España y Estados Unidos, dentro de un mes tendrá aproximadamente 82.000 casos, lo que podría colapsar incluso el sistema de salud de un país como Sudáfrica que tiene el mejor de todos los del continente”. Así de rotunda se expresaba recientemente la investigadora Stellah Kwasi, del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) en Pretoria. La pandemia está en una fase inicial aún en África, pero preocupa la tendencia y la incapacidad para atender a los casos más graves que requieran hospitalización, así como las dificultades para hacer tests a todos los que presentan síntomas, por lo que las cifras podrían ser mayores.

Los países más afectados por ahora son Sudáfrica, con más de 1.350 casos, y todos los del norte del continente a excepción de Libia, es decir, Argelia (716), Egipto (710), Marruecos (638) y Túnez (394). En el resto de África subsahariana los países con más positivos son Burkina Faso (261), Camerún (233), Senegal (190), Costa de Marfil (179), Ghana (161), Mauricio (143) y Nigeria (139). Solo cinco países africanos no han declarado aún ningún positivo. La comunidad científica teme que el virus está circulando de manera oculta, incluso más que en otros lugares del mundo debido a la escasa capacidad de hacer pruebas diagnósticas.

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