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Nace un nuevo fondo filantrópico para conseguir y agilizar tratamientos contra enfermedades emergentes

¿Cómo podrán afrontar los países pobres, con sistemas sanitarios frágiles, las pandemias? Las dos mayores organizaciones filantrópicas de salud del mundo crean un mecanismo para impulsar y agilizar, junto a empresas y organizaciones, la búsqueda de terapias y asegurar que sean accesibles a todos

Un laboratorio de Seúl (Corea) en el que se estudia el coronavirus.
Un laboratorio de Seúl (Corea) en el que se estudia el coronavirus. AFP

Un limitado grupo de 130 personas fueron testigos anticipados de la pandemia del coronavirus. En una simulación que tuvo lugar en octubre en un hotel de Nueva York, 15 miembros de Gobiernos, mundo de las finanzas y médicos se encerraron en una sala durante tres horas y media para ensayar esta crisis. En esa habitación se vivió cómo un coronavirus que comienza en una granja de cerdos en Brasil explota en las mega ciudades latinoamericanas, viaja hasta Portugal, Estados Unidos y China. Sin posibilidad real de obtener una vacuna en menos de un año, el 90% de la población mundial acaba siendo potencial víctima de esta nueva enfermedad. 18 meses más tarde se consigue contener la pandemia, después de 65 millones de muertes.

Este profético simulacro organizado por el Foro Económico Mundial, la Fundación Bill y Melinda Gates y el Centro de Seguridad Sanitaria John Hopkins Center previó hace cinco meses los retos a los que se enfrenta el mundo ahora mismo. Cuarentenas, hospitales saturados, caída drástica de la actividad económica. El objetivo de ese ejercicio era analizar las debilidades del sistema global ante una amenaza muy real, como se ha comprobado. Y, sobre todo, estudiar cómo el sector privado y los Gobiernos tienen que cooperar. Esa será, probablemente, una de las lecciones que se extraiga de los meses en los que el coronavirus atenazó al mundo: coordinar acciones. Seguramente los allí presentes no se imaginaban que esto se iba a poder poner en práctica solo unos meses después. Aunar esfuerzos es lo que pretende precisamente una nueva iniciativa lanzada esta semana: el acelerador terapéutico Covid-19.

Se trata de un “mecanismo de coordinación” entre diferentes grupos de trabajo de todo el mundo que están buscando un tratamiento efectivo contra el nuevo virus. Impulsado por las dos mayores organizaciones filantrópicas de salud del mundo, la Fundación Bill y Melinda Gates y Wellcome Trust, y una empresa privada, MasterCard, nace con una inversión inicial de 125 millones de dólares. ¿Qué aporta a la carrera contra la pandemia? “Tras el ébola se creó una organización para mejorar el estudio y lanzamiento de vacunas, la Cepi. Pero no existía un mecanismo que unificara los esfuerzos en busca de terapias una vez que ya estás infectado”, detalla en una conversación telefónica la doctora Samia Saad, experta con una amplia experiencia en la salud global y epidemias de la Fundación Gates. El objetivo es que este mecanismo continúe para estudiar enfermedades emergentes.

Como su propio nombre indica, se va a intentar acortar los prolongados tiempos que normalmente hacen falta para verificar y aprobar un nuevo antiviral o una inmunoterapia. El acelerador trabajará codo con codo con la Organización Mundial de la Salud, con la industria farmacéutica y con las diferentes instituciones reguladoras. La Organización Mundial de la Salud estima que se tardará entre 12 y 18 meses en obtener la vacuna contra el SARS-CoV-2, por eso la búsqueda de tratamientos que frenen su expansión es una vía paralela igual de necesaria. En verano puede que se reduzcan los casos, pero tal vez en invierno volverán y, si no hay profilaxis, serán necesarios tratamientos efectivos.

MasterCard decidió participar en este fondo aportando 25 millones de dólares, aunque se espera que en el futuro se sumen nuevos donantes a este acelerador. Algo que será necesario porque se estima que, para fabricar y distribuir alrededor de 100 millones de dosis en todo el mundo, hará falta un desembolso de 250 y 500 millones de dólares. “Y no sabemos si será suficiente”, puntualiza Saad. “Una de las lecciones no aprendidas de anteriores epidemias es la de preparar una estructura que permita manufacturar y distribuir miles de medicamentos rápidamente. No es solo una cuestión de fondos, sino de la capacidad física de la industria”, indica la doctora.

El sector privado ya comenzó a involucrarse en la prevención de la epidemias cuando en enero numerosas compañías aportaron capital a Cepi, el equivalente de este acelerador en la búsqueda de vacunas. “Es difícil convencer a las empresas para que hagan un gran programa de desarrollo cuando no puedes predecir cuándo va a haber un brote. En este escenario, una asociación público-privada tiene el papel de reducir el riesgo. Creo que hay un consenso generalizado en que es lo mejor”, apunta Saad. Paloma Real, directora general de MasterCard España, responde a través de un correo electrónico que este mecanismo está “diseñado para reunir recursos y experiencia y reducir así el riesgo financiero y técnico para el sector académico, biotecnológico y las compañías farmacéuticas”.

Es difícil convencer a las empresas para que hagan un gran programa de desarrollo cuando no puedes predecir cuándo va a haber un brote. En este escenario, una asociación público-privada tiene el rol de reducir el riesgo

Este fondo nace, además, con el objetivo de que las posibles soluciones lleguen hasta los países más vulnerables, aquellos en donde la estructura de salud es más frágil. El Director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Ghebreyesus, cifró en 675 millones de dólares la cantidad necesaria para preparar a los sistemas sanitarios del planeta para enfrentarse al virus hasta abril.

La doctora nigeriana Adaora Okoli, que sobrevivió al ébola en 2015, recordaba en un artículo esta semana que “raramente funciona la recaudación de fondos durante las emergencias”. Según Oxfam, los donantes entregan solo una media del 47% de los fondos a los que se comprometen para iniciativas de recuperación. “Todo el mundo debe contribuir porque los agentes patógenos no respetan fronteras, como ya hemos visto, si solo miramos para dentro no se va a solucionar nada”, recalca Saad. La semana pasada el Banco Mundial anunció un paquete de ayuda rápida de 12.000 millones de dólares destinado a que los países en desarrollo puedan prepararse para la llegada de este nuevo virus. Los fondos se dedicarán entre otras cosas a “fortalecer la vigilancia de enfermedades y trabajar con el sector privado para reducir impacto en las economías”.

Bill Gates ya vaticinó hace cinco años en esta charla TED el peligro futuro para la Humanidad: "Microbios, no misiles".

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