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La noria que Begoña Villacís quiere para Madrid es “banal” y “rancia”. Hablan los urbanistas

Lo único que aportaría esta atracción turística es el hecho de ser la más grande de Europa. ¿Quizá eso salvaría el hecho de que se plantee ponerla en el punto más bajo de ciudad?

La construcción de la mayor noria de Europa en Madrid, que ha anunciado la vicealcaldesa Begoña Villacís, ya tiene la respuesta negativa de formaciones políticas y de las asociaciones vecinales de Madrid Río, ubicación prevista de esta atracción. Pero ¿qué opinan los urbanistas de este proyecto? Hablamos con varios expertos sobre este proyecto y no les parece ni original ni necesario.

Álvaro Ardura, profesor de Urbanismo y Ordenación del Territorio en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura (ETSAM), no es partidario de este tipo de propuestas icónicas del city branding: "Poner una noria no parece lo más adecuado, en primer lugar porque ya es un elemento singular en otras capitales como Londres. Además es una importación de modelo de ciudad que tiende a la banalización, a que todos los lugares sean iguales, y eso va en contra de la personalidad y complejidad de Madrid", asegura. "En el pasado ya intentaron vendernos la necesidad de tener un edificio simbólico y construyeron las Torres Kio, y no han sido muy exitosas. A Madrid no le hace falta un icono porque ya lo tiene: es una de las ciudades con mejor calidad de vida", indica.

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La estética de las norias ha evolucionado de los colores pop de los años sesenta a diseños futuristas y casi espaciales con cabinas cerradas. |

El plan es erigir una noria de unos 140 metros de altura, más alta que el famoso London Eye, con sus 135 metros de altura. Para ello sería necesaria una inversión de entre 120 y 130 millones de euros que provendrían de "fondos privados", según asegura la promotora Circular View, encargada del proyecto. Esta iniciativa no es ninguna novedad. El anterior consistorio recibió ofertas similares y las rechazó. El último ayuntamiento en oponerse a este tipo de construcción ha sido el de Valencia por no considerarlo rentable ni interesante.

Nacho Padilla, director de creativo del ayuntamiento de Madrid durante los últimos tres años tampoco apoya la iniciativa. "Si nos ponemos a jugar en el campo del city branding (término horrible, jibarizante), este seguidismo de elementos ya identificables con otras ciudades te recoloca en un punto muy determinado de la escala", señalaba el creativo en Twitter y confirmaba después su opinión a ICON Design. "No se trata de imitar, debe consistir en ser. Ser Madrid, en concreto. Ese mantra de 'Madrid necesita un icono que la represente' –un ranciofact pero de libro– se ha convertido en la liebre tras la que correr si no entiendes esta ciudad ni qué espacio ocupa ni dónde se sitúa su factor diferenciador".

"En muchas ciudades se está combatiendo el modelo de urbe homogénea y genérica para darle carácter local. Algunas han accedido a construir un icono global como excusa de operaciones más amplias de regeneración urbana", explica Ardura. En los últimos años se han barajado varios emplazamientos para la noria en Madrid. Originalmente, los promotores querían alojarla en el parque del Retiro o el Botánico –también se estudió la Casa de Campo–, zonas verdes en un sitio céntrico y emblemático. Pero no parecía el mejor sitio, porque ese elemento "entraría en máxima contradicción con el proyecto de intentar declarar el Retiro y el Museo del Prado Patrimonio Mundial de la Unesco".

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El Teleférico de Madrid ya ofrece la función que quiere atribuirse a la nueva noria.

La nueva propuesta, Madrid Río, pero se encuentra con la oposición de los vecinos. Y un detalle nada pequeño: los túneles de la M30 están debajo. Además, necesitaría entre 3.000 y 7.000 metros cuadrados para albergar una zona de ocio y restauración. "Parece que buscan una concesión de espacio público pero esta zona verde tampoco es el lugar más adecuado. Este distrito ya ha sido objeto de muchísima inversión de dinero público", explica Ardura. Además, una noria, a priori, es para conseguir unas vistas panorámicas del skyline y no tiene sentido ponerla en el punto topográficamente más bajo de la ciudad", concluye Ardura.

Y esto, sin considerar que Madrid ya tiene un elemento con esa función: el teleférico que une el Parque del Oeste con la Casa de Campo, que pertenece a la empresa municipal de transportes y que ofrece unas vistas inigualables del Palacio Real y parte del skyline madirleño y circula sobre Madrid Río.

La magia de lo efímero

Hoy cualquier ciudad que quiera demostrar su virilidad municipal y sellar su estatus internacional construye, además de emblemas fálicos en forma de rascacielos, su noria permanente, con góndolas con aire acondicionado y un centro comercial a nivel del suelo. "Es una pena que esté sucediendo esto", dice George Ferguson, expresidente del Royal Institute of British Architects, director de Acanthus Ferguson Mann Architects, y un hombre que ha pasado muchas horas felices a bordo de grandes norias por el mundo, porque "parte de su magia consistía en que eran efímeras". Del mismo modo que los rascacielos, se están convirtiendo en elementos fijos en nuestros paisajes urbanos. El London Eye, concebido como una estructura temporal, tuvo tanto éxito que se convirtió en permanente.

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La de Chicago, levantada por George Washington Gale Ferris en 1893 como respuesta a la Torre Eiffel fue la primera de las norias permanentes que hoy proliferan por ciudades de todo el mundo. |

"Están surgiendo en todo el mundo. Al igual que los teatros de ópera, las galerías provinciales de diseño o las gigantescas esculturas en nuestras plazas públicas, se han convertido en un elemento imprescindible para cualquier ciudad con más ambición que imaginación", apostilla el crítico londinense Stuart Jeffries. "Espero que alguien, en alguna parte, esté creando algo nuevo que reemplace las norias, porque seguramente ya tenemos suficientes", añade Ferguson.

La primera noria se elevó sobre Chicago en 1893. George Washington Gale Ferris diseñó una rueda de 80 metros como respuesta a la Torre Eiffel, construida cuatro años antes. Sin saberlo creó algo más fácilmente reproducible que el milagro del aire y el acero de Gustave Eiffel. Pronto se sumaron ciudades de toda Europa y América: Blackpool, Viena, Earls Court, Ocean City e incluso París.

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La noria más grande del mundo tiene 167,6 metros de altura y se encuentra en La Vegas (EE.UU.), donde también tienen su propia Torre Eiffel. |

Aunque los inicios fueron difíciles. Según Norman Anderson, profesor retirado de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, que escribió el libro Ferris Wheels: An Illustrated History, ni Disneyland (que se abrió en 1955) ni Walt Disney World (1971) se dignaron a incluir una. Y a medida que los parques temáticos cada vez fueron más espectaculares las atracciones tradicionales como las norias y los carruseles cayeron en desgracia.

Las norias espaciales que se reproducen por el mundo

Ahora se está produciendo un revival de esta atracción típica de feria que nada tiene que ver con las que conocimos cuando éramos niños. Hoy son como naves espaciales con cabinas aisladas donde difícilmente llega el olor de algodón de azúcar y el humo de los petardos. La noria más grande del mundo mide 167,6 metros y está en Las Vegas. Tardó tres años en construirse y si lo deseas puedes hasta casarte en una de sus góndolas. Le sigue la de Singapur, con 165 metros de altura. En tercera posición, cómo no, se encuentra una construida en China, la Estrella de Nanchang, con 160 metros de altura.

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A la de Las Vegas le sigue la de Singapur, de 165 metros de altura. |

A pesar de todo el alboroto que están generando estas estructuras icónicas es significativo que Shanghái, una de las ciudades de mayor crecimiento en el mundo y el centro comercial de China, decidiera desechar en 2002 sus planes de construir la noria más grande del mundo. La idea era abrirla en 2008 y que fuera uno de los proyectos que haría de la Exposición Universal de Shanghái un triunfo. Pero nunca sucedió. En 2005, el nuevo alcalde Han Zheng dijo que era un proyecto "políticamente incorrecto" y prescindible.

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Unas 10.000 perosnas al día pagan 28 euros por dar una vuelta de media hora en el London Eye de Londres (Reino Unido). |

Las grandes norias pueden ser un gran negocio. En promedio, unas 10.000 personas al día pagan 28 euros o más por una vuelta de media hora en el London Eye. El Singapore Flyer puede transportar a 27.000 pasajeros por día, y cada viaje cuesta alrededor de 20 euros, o más para opciones como el abordaje exprés o Champagne. Pero no todos los países han concebido la noria como un elemento de diversión. En Japón fueron consideradas un símbolo de recuperación económica, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.

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En Japón, las norias fueron un símbolo de la recuperación económica tras la Segunda Guerra Mundial y están consideradas como templos para la observación. |

El escritor Yuko Fukui publicó un libro sobre la historia de estas atracciones y apuntó que mientras "en los países occidentales son algo emocionante, como una montaña rusa, en Japón siempre han sido consideradas como un templo para la observación". Para Begoña Villacís, es el símbolo de que "Madrid es el refugio de lo que el populismo expulsa".

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