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Catalanes y judíos

Cuando Ponsati afirma que la expulsión de 1492 fue el “primer episodio de antisemitismo de Estado”, o miente, o ignora... o va de farol

Clara Ponsatí, el pasado mes de noviembre en Edimburgo.
Clara Ponsatí, el pasado mes de noviembre en Edimburgo. Getty Images

Siempre el historicismo fue coartada de los nacionalismos. Pero hay grados. Cuando lo usa alguien de la eximia altura ética de Clara Ponsatí, agárrense la decencia. La fugada exconsellera reconoció a toro pasado que en el otoño desobediente de 2017 las élites indepes “estábamos jugando al póquer e íbamos de farol”: engañaban a los ciudadanos.

También ha engañado vilmente al acceder al Parlamento Europeo. No al decir que “uno de los crímenes más serios contra el pueblo judío tuvo lugar en 1492 cuando los denominados Reyes Católicos ordenaron la expulsión de los judíos de Sefarad”, algo que fue “admirado por Adolf Hitler y que intentó superar”.

No por eso. Está en lo cierto. Ya lo escribió hace más de 70 años el gran Américo Castro: “La persecución de los hebreos... hizo surgir aquella forma única de vida española en que religión y nación confundieron sus límites, un antecedente de los Estados totalitarios con un partido único impuesto por la violencia” (España en su historia, Losada, Buenos Aires, 1948).

Donde Ponsatí falsea es en el abuso político de la fecha: cuando afirma que la expulsión de 1492 fue el “primer episodio de antisemitismo de Estado”. O miente, o ignora... o va de farol.

Rebobinemos un siglo. “La prosperidad relativa, los centros culturales, en fin, la vida en los calls [barrios judíos] se acabó en 1391” al ser “destruidas o al menos arruinadas todas las comunidades judías catalanas”, ya que amén de los “robos y destrucciones” de un alzamiento popular contra ellas (tachadas desde mitad de siglo de provocar las pestes negras), “la política real acabó de completar la acción del pueblo con la confiscación de edificios, objetos de culto, libros y bienes de los difuntos; todo fue al tesoro del monarca y se repartió entre su gente”, recopila Carme Batlle en la magna Història de Catalunya dirigida por el incontestable Pierre Vilar (volumen 3, Edicions 62, 1988).

La política real catalana practicó pues el antisemitismo de Estado un siglo antes que los Católicos: bajo Joan I, un conde-rey catalanísimo, el penúltimo del casal de Barcelona que reinó en todo Aragón. Pero, ojo, asimismo la ulterior y definitiva expulsión de 1492 fue codecidida por el rey propio de los catalanes (y aragoneses y...), Fernando el Católico. Subrayen: 1492. Dos siglos antes que 1714, fecha que el nacionalismo catalán considera terminal para la soberanía y el existir de Cataluña. Así, el horrendo crimen de 1492 no es exclusivo de Castilla. Nuestros ancestros catalanes, los de Ponsatí y los míos, lo cometieron también.

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