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“Las argelinas combaten hasta sus tragedias con humor”

La música Samira Brahmia, que nació en París y creció en Argel, presenta en estos días su disco ‘Awa’, un homenaje a las madres de la inmigración

Samira Brahmia, en un momento de una actuación, en una imagen de la página de Facebook de la artista.
Samira Brahmia, en un momento de una actuación, en una imagen de la página de Facebook de la artista.

Puede cantar un standard, un éxito pop de Coldplay o una canción del repertorio raï argelino, por décadas masculinizado, pero de la voz de Samira Brahmia emana la potencia de la mujer norafricana y, al mismo tiempo, una extraordinaria sensualidad, esa que ningún velo puede ocultar. Al oír su estilo folk, aparentemente despreocupado pero preciso, con la impronta rockera que no va a perder en ningún camino, guitarra acústica en ristre, presentimos que es la Joan Báez de Argel. En Argelia, Samira creció y pasó buena parte de su vida, aunque forme parte indiscutible de la diáspora francesa, porque en París nació, como hija de aquellos infatigables trabajadores argelinos que construyeron la Europa de la posguerra, y a París volvió, en 2003, para componer e interpretar música. Desde entonces, rueda y rueda, al frente de bandas muy afinadas, que suenan como relojes en cualquier estilo.

La encontramos en Rabat, Marruecos, en el marco de un encuentro de mujeres de la industria musical, y asistimos a la presentación de su single Mama, que forma parte de Awa, su nuevo trabajo discográfico, producido por TV5Monde y que se publica en estos días: “Es un disco con canciones tradicionales, como el raï que siempre habían cantado los hombres y ahora canto yo, que tengo ganas de hablar de amor, de sexo o de alcohol, porque todo eso existe entre las mujeres, incluidas las musulmanas, claro… Porque soy libre de vivir cualquier experiencia… Awa es un álbum en el que hablo, justamente, de la condición femenina. Y lo que quiero transmitirle a mi hijo y a los chicos y chicas de esta generación es el valor de las madres de los inmigrantes, en especial, las que conozco de la diáspora francesa, que no pudieron elegir por sí mismas, y que están en un país que les resulta extraño porque así lo decidieron sus maridos o sus hijos. Hay que rendirles homenaje. La letra del single Mama pertenece a Magyd Cherfi”, nos explica Brahmia.

Sin embargo, esta cantante que ha tocado de todo, desde bandas sonoras de cine, a jingles publicitarios, pasando por ser destacada participante en el reality televisivo La voz, en la edición de 2015 de su versión francesa, quiere aclarar que ningún tipo de libertad debería ser privilegio de las mujeres exitosas, o rebeldes, del mundo del espectáculo: “La mujer tiene el derecho de estar loca, enamorada, ser empresaria y tener sueños, e ir adonde quiera. No quiero encerrarme en el rol de la cantante bandida o la misteriosa; esto es lo que cualquier mujer tiene derecho a hacer”.

A Brahmia, que ha colaborado con Cheb Khaled, Rachid Taha, Gnawa Diffusion y la Orquesta National de Barbès, suelen asociarla con el fraseo de Ella Fitzgerald. No obstante, su fuerza nos recuerda al swing de Miriam Makeba, la sudafricana contemporánea de Nelson Mandela, que vivió treinta años en el exilio; quizá, también, por lo mucho que significó Argelia para Makeba, que fue la estrella del race pride (orgullo de la negritud) en femenino, y que llegó a aquel mítico Festival Panafricano de Alger, de 1969, junto a los Panteras Negras, que cruzaban el Atlántico para darle entidad global a la lucha contra la segregación racial (recordemos que el líder Black Panther Stokely Carmichael estuvo casado con Mama África).

¿Se siente heredera de Miriam Makeba? “Yo no puedo decir tanto, pero la admiro y la adoro —reconoce Samira, tengo mucho respeto por lo que ella hizo. Y en este momento resulta un poco agobiante ver a cantantes que no van a ningún lado. Ella tenía un propósito, un contenido, se batió por lo que creía y pagó las consecuencias de su compromiso. África es mi continente y necesito redescubrir mi africanidad. Mi próximo proyecto estará basado en ese descubrimiento. Nuestras hijas en Argelia se identifican con Makeba. Porque la mujer africana no es una mujer de cuentos de hadas”.

Nuestras hijas en Argelia se identifican con Makeba. Porque la mujer africana no es una mujer de cuentos de hadas

Tan ligada se siente Samira Brahmia a aquel viaje fundacional del panafricanismo que emprendió Makeba y que tuvo un momento culminante en el Festival de su ciudad, Alger, que ella se propone hacer el trayecto inverso, “desde el Norte descender a Sudáfrica”. Está dispuesta a intentarlo: “Quiero que los norafricanos tomen consciencia de su africanidad y ayudar a borrar esas trazas de racismo que aún persisten en el Magreb. También quiero decirle ‘gracias’ a Nelson Mandela. Para mí, ir hacia el Sur sería volver a la madre patria, por lo que mi proyecto sería llegar hasta Mama África, a Miriam Makeba”.

No nos cabe duda de su empuje para lograrlo, le decimos, teniendo en cuenta la fortaleza que siguen demostrando las mujeres argelinas, desde la Guerra de la Independencia hasta su papel insustituible en las recientes manifestaciones públicas: “Yo estoy muy orgullosa de ellas. Sabes que, en estos meses, con todo lo que pasa en Argelia, la mujer argelina ha tomado posesión de la calle y de su cuerpo. Se asumen, salen. Los hombres han cambiado de actitud frente a ellas; no todos los hombres, por supuesto, pero, ¿no es una utopía bella? A ellas las arrestan y siguen batallando junto a los hombres por la justicia. Le rindo homenaje, especialmente, a una luchadora que está en prisión, que ha ido a juicio, hace unos meses, por llevar la bandera bereber en alto. Es increíble. Y ella le dijo al juez que, en cuanto saliera de prisión, volvía a la calle con la bandera de su pueblo. Las argelinas tienen, además, un gran sentido del humor, y combaten hasta las tragedias con humor”.

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