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Precuela y secuela siempre siguen

Se ha establecido una falsa partición de la palabra al separar 'se' y 'cuela'

Los actores Tom Berenger y William Katt en la película 'Los primeros golpes de Butch Cassidy y Sundance'
Los actores Tom Berenger y William Katt en la película 'Los primeros golpes de Butch Cassidy y Sundance'

La palabra “secuela” tiene miles de años porque ya se hallaba en el latín (sequela), idioma en el que significaba lo mismo que ahora: “Consecuencia o resulta de algo”. En su interior se aprecia el verbo base sequi (pronunciado secui) del que derivan “secuencia”, “consecuente”, “séquito” o “secuaz”, entre otras muchas voces en las cuales sequ (o secu) ejerce como raíz relacionada con “seguir”.

Determinadas obras de éxito en el cine, en la televisión o en la literatura han animado a sus productores y a sus autores a trazar nuevos capítulos con los mismos personajes, a fin de extender en el tiempo sus aventuras. Y se han llamado “secuelas”, a menudo relacionadas entre sí con números romanos: El Padrino II, El Padrino III… La una sigue a la otra.

Esa habilidad de los guionistas y los escritores para explotar los éxitos de algún relato, teleserie o película ha dado ahora con el procedimiento de llevar la acción a tiempos precedentes. Y han llamado a esas obras “precuelas”.

Con ello, se puede dar la sensación de que la raíz de la palabra original es cue, pues se le pone por delante un prefijo (-pre) que funcionaría para significar “por delante” o “anterior” como sucede en “previsible”, “premamá” o “preselección”. De tal modo, se deducirían un prefijo se- (se-cuela) y un prefijo pre- (pre-cuela). Pero ya hemos visto que la base de aquella primera palabra es sequ o secu, destinada a significar que algo “sigue”; y no cue.

Como explica el lexicógrafo Manuel Alvar Ezquerra en su libro Lo que callan las palabras (2014), con “precuela” se ha establecido “una falsa segmentación” del vocablo, al separar se y cuela y sustituir el primer elemento por pre-.

Quizás haya tenido influencia en esto que el término “precuela” no se formase con los genes de nuestra lengua, sino que lo hayamos traído mediante clonación del inglés prequel (que se creó a partir de sequel, también con esa falsa segmentación, y que empezó a prosperar en 1980). De no mediar esa influencia, quizás habríamos nombrado una obra de ese tipo como “antecedente” (pues encaja en la definición de “que sirve para comprender o valorar hechos posteriores”), o como “previa” (“que sucede primero”), o tal vez como “anterrelato” (relato anterior): “Esta película es un antecedente de la otra”, “esta novela de la gran autora española relata un acción previa a su gran éxito”, “la nueva serie es un prerrelato”.

“Precuela” empezó a abundar allá por 1992 con el significado aquí referido, si bien se documentan casos anteriores. Por ejemplo, la revista argentina La Opinión lo usó en 1978 para referirse a la película Butch and Sundance: the Early Years, que se estaba rodando entonces para contar las andanzas de los personajes de Paul Newman y Robert Redford anteriores a la famosísima Dos hombres y un destino.

Las Academias incorporaron “precuela” al Diccionario en 2014, así que se puede considerar que hoy en día forma parte del lenguaje general. Y la definen de este modo: “Obra literaria o cinematográfica que cuenta hechos que preceden a los de otra obra ya existente”.

Quienes tengan una cierta conciencia sobre la formación de las palabras (quienes sepan mirar dentro de ellas y observar su raíz y sus afijos) sentirán extraño el vocablo “precuela”. Sobre todo, porque la precuela no deja de ser una secuela: la secuela de un éxito. Aunque su acción se sitúe por delante, se elabora siempre después. 

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