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Todos hablan de las neumonías del coronavirus, pero ¿qué hay de las que matan a 2.000 niños cada día?

La humanidad puede ganarle la batalla al mayor asesino invisible de menores de cinco años

El Coronavirus ha proporcionado un doloroso pero oportuno recordatorio de que somos miembros de una sola comunidad humana, pero la batalla es contra el mayor asesino de niños.
El Coronavirus ha proporcionado un doloroso pero oportuno recordatorio de que somos miembros de una sola comunidad humana, pero la batalla es contra el mayor asesino de niños. From poverty to power

El mundo está en medio de una emergencia provocada por la neumonía. Y no, no solo hablo del brote de coronavirus que comenzó en Wuhan, China. Mientras las autoridades sanitarias públicas luchan por contener el peligroso agente viral del tipo SARS –nCoV2019, como es conocido–, la neumonía infantil es hoy en día el mayor asesino infeccioso de niños, cobrándose una vida cada 39 segundos. Pese a ello, la comunidad internacional ha respondido a esa emergencia con poco más que un encogimiento de hombros colectivo.

Tal vez esto es porque la mayoría de la gente piensa que la neumonía es ante todo una amenaza para los ancianos, lo cual es cierto. El coronavirus, que mata a través de una infección respiratoria grave y aguda, ha reforzado esta percepción. La mayoría de las víctimas han sido ancianos con condiciones de salud preexistentes. Sin embargo, la neumonía es hoy en día la mayor causa de muerte infecciosa en los niños y se cobra más de 800.000 vidas al año. La mayoría de las víctimas son menores de 2 años. Casi todas las muertes ocurren en los países más pobres del mundo.

No hay estadísticas que puedan captar la tragedia humana que está en el centro de esa emergencia. Causada por bacterias, agentes virales u hongos, esta es una enfermedad que ataca los sacos de aire de los pulmones, causando que se inflamen y se llenen de pus. Los niños quedan –literalmente– luchando por respirar.

La buena noticia es que la neumonía infantil puede ser vencida. Las vacunas neumocócicas eficaces (PCVs) pueden prevenir los casos no virales, y Gavi (la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización) ha financiado la vacunación de más de 120 millones de niños. Con un diagnóstico temprano y preciso por parte de un trabajador de salud, la mayoría de los casos pueden tratarse con éxito con antibióticos básicos que cuestan menos de 45 céntimos de euro. Incluso los casos más graves pueden tratarse con antibióticos de nivel más alto y oxígeno médico. En investigaciones recientes realizadas en hospitales de Nigeria se ha encontrado que una combinación de oxígeno médico y un instrumento de diagnóstico denominado oxímetro de pulso, que mide los niveles de oxígeno en la sangre, puede reducir la tasa de mortalidad a la mitad.

Ahora las malas noticias. Aunque las muertes por neumonía infantil están disminuyendo, lo hacen más lentamente que las de otros grandes asesinos como el paludismo y el sarampión. Hace cinco años, los gobiernos firmaron el compromiso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de "poner fin a las muertes infantiles prevenibles" para el año 2030. Si se mantienen las tendencias actuales, la neumonía convertirá esa promesa en (otra) promesa incumplida, lo que debilitará aún más la credibilidad, ya de por sí frágil, de los gobiernos, donantes y organismos internacionales encargados de cumplir los ODS.

Entonces, ¿por qué el mayor asesino de niños del mundo genera tan poca acción y cooperación internacional? Como he discutido en otro espacio con Devi Sridhar –profesora de salud pública global de la Universidad de Edimburgo–, el perfil de la víctima es parte de la explicación.

Con la desnutrición como principal factor de riesgo, la neumonía es la enfermedad definitiva de la pobreza. Los que se enfrentan a los mayores riesgos -los pobres de las zonas rurales y los habitantes de los barrios marginales urbanos- carecen de voz en las prioridades de la agenda sanitaria. Y aunque los niños más pobres se enfrentan a los mayores riesgos, son los que menos probabilidades tienen de ser inmunizados, los últimos en la lista de tratamiento y los que más riesgo tienen de recibir un diagnóstico inexacto.

La neumonía permite comprobar la (in)equidad de los sistemas de salud. Cuando aparecen los síntomas de la enfermedad, los hogares más pobres a menudo retrasan el tratamiento porque les preocupa su coste, o porque la clínica más cercana está lejos. En muchos casos, las clínicas carecen del personal capacitado y del equipo de diagnóstico que necesitan para proporcionar un tratamiento eficaz.

Hay algunos signos alentadores que sugieren que la inercia está dando paso a la acción. Esta semana gobiernos, donantes, investigadores, agencias de la ONU y organizaciones de la sociedad civil se reúnen en Barcelona en el primer Foro Mundial sobre Neumonía Infantil. El objetivo es compartir evidencias y, lo que es más importante, dar impulso a las estrategias de control de la neumonía y a planes de acción destinados a convertir esas evidencias en políticas que salven vidas. Están surgiendo nuevas alianzas para el cambio, comandadas por la coalición Every Breath Counts (Cada Aliento Cuenta).

Una de las barreras para una acción eficaz contra la neumonía ha sido el debate cada vez más anacrónico entre los defensores de las intervenciones "verticales" o específicas para la enfermedad, y los enfoques "horizontales" destinados a fortalecer los sistemas de salud. Las cuestiones sustantivas que están en juego son reales. Con demasiada frecuencia, los donantes pronuncian el discurso horizontal, haciendo hincapié en su compromiso con el fortalecimiento de los sistemas de salud, pero luego cargan los recursos en intervenciones específicas para la enfermedad que distorsionan las prioridades de salud. Mientras que el Banco Mundial exalta las virtudes del fortalecimiento de los sistemas de salud, sus fondos desvían en gran medida los recursos hacia intervenciones verticales.

Del mismo modo, los sistemas de salud deben responder a las enfermedades que ponen en peligro a los pobres. La idea de que los países pueden avanzar hacia el santo grial de la Cobertura Sanitaria Universal sin abordar enfermedades como la neumonía, y sin romper el vínculo entre la malnutrición y los riesgos sanitarios más amplios, es una ficción. El punto de entrada para una acción eficaz es la atención primaria de salud y el apoyo a los trabajadores comunitarios de la salud. Los sistemas de salud que desvían los recursos hacia instalaciones de nivel superior, fuera del alcance de los pobres, nunca harán más que limitarse a un efecto goteo.

El coronavirus ha proporcionado un doloroso pero oportuno recordatorio de que somos miembros de una sola comunidad humana. En nuestro mundo interconectado, una epidemia de salud que comienza en Wuhan puede, en pocas semanas, plantear amenazas a la salud desde Bombay hasta Nueva York. El multilateralismo y la cooperación internacional son nuestra única defensa.

Pero el argumento a favor de la acción multilateral no se detiene con las epidemias que cruzan las fronteras y afectan al público de los países ricos. El día de hoy, la neumonía matará a más de 2.000 niños. Esa es una emergencia sanitaria, y es una que podemos detener.

Hasta 9 millones de vidas salvadas en la próxima década

Todos hablan de las neumonías del coronavirus, pero ¿qué hay de las que matan a 2.000 niños cada día?

Una nueva investigación de la Escuela de Medicina de la universidad Johns Hopkins (JHMS) para Save the Children ha proporcionado pruebas convincentes para una campaña concertada contra la neumonía. Esta ONG internacional pidió al JHMS que realizara una proyección sobre las vidas que se podrían salvar hasta 2030 en el caso de contar con una cobertura completa de siete intervenciones anti-neumónicas de alto impacto, que van desde la inmunización y la mejora de la nutrición hasta los antibióticos y la lactancia materna exclusiva.

Los resultados son sorprendentes. El modelo del gráfico adjunto proyecta alrededor de 3,2 millones de vidas salvadas de la neumonía en la década hasta 2030. Pero otros 5,7 millones podrían salvarse con las mismas intervenciones de otras importantes enfermedades mortales, como la diarrea y la sepsis. Si quieren un argumento empírico y basado en pruebas para invertir en la atención primaria de salud, aquí lo tienen.

Para cualquiera que todavía esté interesado en impulsar la acción para el ODS 2030 sobre la supervivencia infantil, la evidencia de Johns Hopkins también sugiere que estas intervenciones comunitarias contra la neumonía cerrarán la brecha entre las tendencias actuales y el objetivo de 2030. Una acción decisiva en la neumonía podría traducir la polémica sobre "no dejar a nadie atrás" que desfiguran los debates del ODS en políticas que reduzcan las disparidades sociales en la supervivencia infantil.

Kevin Watkins es Director General de Save the Children Reino Unido. Este texto fue publicado originalmente en inglés, en el blog From Poverty to Power de Duncan Green.

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