Columna
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La nave de Sánchez

Solo hay un aspecto de los políticos peor valorado por los votantes que la fuerte carga ideológica: que sus partidos estén divididos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, preside el Consejo de Ministros del nuevo Ejecutivo, que se celebra en el Complejo de La Moncloa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, preside el Consejo de Ministros del nuevo Ejecutivo, que se celebra en el Complejo de La Moncloa. ULY MARTIN (EL PAÍS)

Sánchez ha logrado lo más difícil: cruzar el estrecho de una crispada investidura en un barco diminuto. Con una coalición mínima. Para nuestro Ulises, atrás quedan los ensordecedores aullidos de la derecha y los seductores cantos de sirena de las mayorías alternativas. Ahora, el héroe respira tranquilo. Nadie le arrebatará el timón del Gobierno en muchas lunas. Pero ¿adónde pondrá rumbo una nave tan frágil y con una tripulación tan variopinta? Sánchez cuenta con marineros y marineras leales, que le siguieron en su intrépido exilio por los siete mares de las Españas, pero también con antiguos bucaneros, que hicieron fortuna pirateando precisamente contra la casta socialista. ¿Podrá este Gobierno seguir una hoja de ruta progresista o vagará a la deriva?

Sánchez quiere evitar que los abrazos públicos con Iglesias se conviertan en puñaladas por la espalda en privado entre dos partidos con políticas tan parecidas y modales tan distintos como PSOE y Unidas Podemos. Los estudios indican que los socios minoritarios pagan un precio muy alto en las siguientes elecciones. Los votantes prefieren al pez grande de la coalición que al chico. Y ese sesgo se agrava cuando los dos partidos son programáticamente similares, como es el caso. Las experiencias previas de los gobiernos del cambio, como los de Manuela Carmena o Ada Colau, indican que socialistas y podemistas proponen políticas casi sinónimas. Pero sus estilos políticos son antónimos. En un Ejecutivo central, esto puede conducir a continuos encontronazos, fuera y dentro de los focos.

Y este Gobierno afronta otro problema importante: ¿puede ser competente un ministro muy de izquierdas? No. Al menos, no para el común de los votantes. Expertos en elecciones, como los investigadores Robert Johns y Ann-Kristin Kölln, señalan que los políticos muy de izquierdas (o muy derechas; da igual) son sistemáticamente vistos como poco competentes. Independientemente de su valía real, los políticos con una ideología marcada son percibidos como poco capaces. Esto es un hándicap para los ministros de Podemos.

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Sólo hay un aspecto de los políticos peor valorado por los votantes que la fuerte carga ideológica: que sus partidos estén divididos. Y esa es la gran amenaza para este Gobierno de coalición: que cunda la sensación de que no todos reman en la misma dirección. Más trabajo para el timonel Sánchez. @VictorLapuente

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