Estos jóvenes artesanos plantan cara al concepto de mueble ganga

Claudia Rodríguez (con blusón azul), junto al equipo de Pepita de Oliva. Fabrican todos sus muebles con roble y castaño gallegos.
Claudia Rodríguez (con blusón azul), junto al equipo de Pepita de Oliva. Fabrican todos sus muebles con roble y castaño gallegos.

EN SOLO SEIS años, la industria española del mueble perdió más de la mitad de su valor. De producir 8.607 millones de euros en 2007 a 3.716 millones en 2013, según datos recogidos por el Observatorio Español del Mercado del Mueble elaborado por AIDIMME (Instituto Tecnológico Metalmecánico, Mueble, Madera, Embalaje y Afines). En ese periodo cerraron más de 5.000 fábricas y talleres, y con ellos desapareció la experiencia de cientos de trabajadores. Pero no toda. A partir de 2013, la producción nacional remontó alrededor del 20% hasta hoy, alcanzando un volumen de negocio de 4.483 millones de euros en 2018. “El mercado se quedó muy polarizado después de la crisis”, afirma Vicente Sales, jefe de análisis de mercados y estrategia de AIDIMME. “Solo sobrevivieron los fabricantes que hacían muebles muy baratos y muy caros. La zona media se había quedado en nada. Ahora, con la recuperación económica, esa zona se está llenando con una incipiente demanda de mueble a medida”. Y con esa nueva demanda ha surgido una generación de pequeños fabricantes de muebles hechos en España. Carpinteros con nombres y apellidos que comparten sus secretos de oficio en las redes sociales y que basan su negocio en la pasión, la calidad, la durabilidad, el diseño, la cercanía y la personalización. La mayoría de piezas que elaboran no se pueden comprar de un día para otro. Las hacen a mano y tardan varias semanas en terminarlas. Pero mientras el cliente espera, puede ir al taller, seguir el proceso de creación y decidir sobre un modelo que le va a acompañar durante años.

En Carpintería Expandida, taller madrileño formado por Alfredo Morte y Juan Caño, creen que este crecimiento se debe a que cada vez hay una mayor conciencia ética de consumo. “Hay quien tiene que comprar un mueble cada dos años porque se le rompe y descubre que está relleno de cartón y que genera una cantidad importante de residuos. Entonces empieza a entender que, si gasta un poco más, tiene un mueble para toda la vida. O que, como sucede en el resto de Europa, cuando se cansa de él, lo puede vender porque está como nuevo. Y al final es más barato y sostenible”, explica Morte. El modelo de consumidor está cambiando. “Hace años, el cliente listo presumía de haber encontrado un chollo. Ahora ya no basta con lo barato, sino que se buscan otros factores como calidad, durabilidad y sostenibilidad”, dice Vicente Sales.

La invasión tecnológica a la que hemos sometido a nuestras casas también desempeña un papel importante en el auge de esta tendencia. “En respuesta a la hiperdigitalización del mobiliario surge una contratendencia que hace que recuperemos el valor de volver a sentir los objetos con sus texturas naturales”, reflexiona Sales. “Que queramos ver las tramas de la madera y que no nos estresen con tantos datos, sensores y conectividad constante”.

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