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OPINIÓN i

Una oportunidad de liderazgo en diplomacia humanitaria

España asume la presidencia del Grupo de Donantes de Ayuda Humanitaria de las Naciones Unidas. Es el momento de hacer valer asuntos de interés internacional

Miembros de la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo visitan el campamento de Tabareybarey (Níger), poblado por más de 6.000 personas, de los cuales el 26% son niños menores de 11 años. La AECID inició en 2012 un programa de financiación para mejorar sus condiciones de vida.
Miembros de la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo visitan el campamento de Tabareybarey (Níger), poblado por más de 6.000 personas, de los cuales el 26% son niños menores de 11 años. La AECID inició en 2012 un programa de financiación para mejorar sus condiciones de vida. AECID

Aunque la acción humanitaria está necesariamente guiada por los principios de neutralidad, imparcialidad e independencia, en muchas ocasiones la esfera humanitaria y la diplomática se encuentran y retroalimentan. Es en ese espacio donde surge la llamada diplomacia humanitaria, un concepto que lleva décadas siendo utilizado por los actores humanitarios, pero que está alcanzando actualmente una nueva dimensión.

Las sociedades abiertas y democráticas, como la española, exigen a sus Gobiernos que la perspectiva humanitaria forme parte de su acción exterior y, para ello, el diplomático necesita contar, entre otros, con el agente humanitario. Asimismo, no pocas veces, el humanitario necesita la palanca diplomática para resolver dificultades de acceso, de difusión y aplicación del Derecho Internacional Humanitario o para hacer avanzar su agenda en los foros estratégicos internacionales. En definitiva, no son pocas las dificultades de la acción humanitaria que se acaban resolviendo con gestiones diplomáticas y/o políticas.

En unos años en los que la política de cooperación no estaba visiblemente en el núcleo duro de la acción del Gobierno, nuestra diplomacia humanitaria ha logrado conquistar espacios en los que no estaba, en un terreno tradicionalmente dominado por países nórdicos y anglosajones.

El nuevo Gobierno tiene ante sí una oportunidad tangible de liderazgo ético global

La presencia de España en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en los años 2015 y 2016 estuvo marcada por un proactivismo inusitado en lo humanitario que llevó a nuestro país a liderar las agendas Mujeres, Paz y Seguridad, de trata de seres humanos o protección de la misión médica, en las que se sigue trabajando activamente. Recientemente nuestro país ha dinamizado la agenda de protección de las escuelas e infancia en conflicto, organizando el pasado mes de mayo en Palma de Mallorca una Conferencia Internacional sobre Escuelas Seguras en la que estuvieron presentes más de 90 países.

En esta misma línea, España presidirá desde este 1 de julio y hasta el 30 de junio de 2020 el grupo de donantes de la agencia humanitaria de Naciones Unidas (OCHA), principal foro de coordinación de los treinta principales donantes humanitarios a nivel global, en el que se buscará, entre otras cosas, reforzar el trabajo en género de la acción humanitaria o visibilizar las llamadas crisis olvidadas o menos visibles como la de los campamentos de refugiados saharauis, el Sahel o las otras situaciones de violencia en Centroamérica.

Así, no sorprende que la nueva Estrategia humanitaria de la Cooperación Española 2019-2026, fruto del consenso entre Administración, cooperación descentralizada y sociedad civil, fije como el primero de sus compromisos la elaboración de un “plan nacional de diplomacia humanitaria” con el objetivo de priorizar las actuaciones humanitarias en la acción gubernamental y haciendo de España un país pionero e innovador en la materia.

España tiene organizaciones humanitarias con presencia en todo el mundo y un servicio diplomático comprometido, dispuestos a remar en esta misma dirección. Asimismo, existe un mandato claro de la clase política, que reiteradamente y con unanimidad, ha expresado estos años en el Congreso de los Diputados la necesidad de seguir reforzando la agenda humanitaria.

Todo ello, que sin duda también es “imagen país”, contribuye a dotar a nuestra acción exterior de un sello crecientemente humanitario y solidario. El nuevo Gobierno que se forme en los próximos meses tiene ante sí una oportunidad tangible de liderazgo ético global.

Javier Gassó Matoses es diplomático y subdirector general para Naciones Unidas del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (MAUC).

Jaime Iglesias Sánchez-Cervera es diplomático y jefe de la Unidad Prevención y Evaluación de la Oficina de Acción Humanitaria en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

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