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La manipulación del verbo “vencer”

El independentismo fue derrotado una vez más en el cómputo que se aplicaría en un referéndum

Elecciones generales 2019
El 'número dos' de ERC, Gabriel Rufián, tras las elecciones del pasado 28 de abril.

El deporte suele ofrecer con claridad vencedores y vencidos. El Barcelona ganó la Liga y el Rayo Vallecano venció al Real Madrid. En cambio, las elecciones políticas permiten presentar a ganadores como perdedores y a derrotados como victoriosos. A veces hasta ganan todos y nadie pierde.

Marta Vilalta, portavoz de ERC, declaró el lunes 29, tras las elecciones: “El independentismo ha vencido por primera vez en unos comicios generales y no pueden hacer caso omiso a ello”.

Pasemos por alto lo inesperado de la preposición a para fijarnos en el uso de “vencer” y en el sujeto al que se premia con ese verbo. Porque se da en esta frase la típica manipulación mediante hiperonimia: “árbol” es hiperónimo de “roble”, y de igual forma “independentismo” es hiperónimo de “ERC”, el partido más votado. Y así como todos los robles son árboles, pero no todos los árboles son robles, la victoria de ERC no es la victoria del independentismo.

La situación se puede equiparar con el triunfo de Ciudadanos en los comicios autonómicos de 2017 (en los que sumó casi 100.000 votos más que ERC ahora), pero ningún portavoz de ERC declaró entonces “ha ganado el constitucionalismo”.

Sí que habría resultado válida esta semana la afirmación “ERC ha vencido en Cataluña”. Pero “el independentismo ha vencido”, que es lo que Vilalta dijo, constituye una aseveración falsa.

Para demostrarlo, basta revisar los datos facilitados el domingo:

Los independentistas sumaron 1.626.001 votos (contando ERC, Junts per Catalunya y Front Republicà). Los no independentistas alcanzaron por su parte una suma de 1.748.129 sufragios (con las aportaciones de PSC, PP, Ciudadanos y Vox). Es decir, unos 122.000 votos más. Si uniéramos a este segundo bloque las papeletas obtenidas por En Comú Podem (Podemos), la diferencia superaría los 700.000 votos.

Este último grupo político ha mostrado connivencias con el independentismo en sus estrategias, por ejemplo defendiendo un referéndum de autodeterminación; pero, si nos atenemos a las afirmaciones de sus líderes, en esa consulta propugnarían la permanencia en el sistema constitucional español. Así que se deja a gusto del lector si los incluye o no.

Pero con todo, el independentismo fue derrotado una vez más en las urnas en el cómputo de votos populares (el que se aplicaría en un referéndum), y conviene repetirlo ante las mentiras que sueltan una y otra vez los secesionistas por esos mundos, aprovechándose de que no todos sus interlocutores tienen los datos en la cabeza.

Es más: en estas elecciones el bloque independentista ha perdido peso respecto a los comicios autonómicos. Las candidaturas que defienden nítidamente la independencia sumaron el 28 de abril un 39,38% de los sufragios; mientras que en las votaciones de 2017 llegaron hasta un 47,8%.

Ahora ese 39,38% de los votos independentistas se confronta con el 43,2% de los grupos opuestos. El 17,4% restante corresponde a En Comú Podem (Podemos) y a candidaturas minoritarias (como el partido animalista PACMA o Recortes Cero) que no se han significado en la división entre secesionistas y constitucionalistas.

En política, los vencidos pueden presentarse como ganadores; pero eso sólo sucede en el terreno de las palabras manipuladas. Con los números claros y completos, las mentiras se desactivan de inmediato. Y no se puede hacer caso omiso de ello.

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