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Rectificar sin que se note

“Reconsiderar” es un eufemismo de “rectificar”. Pero se puede reconsiderar algo y dejarlo como estaba

Elecciones generales 2019
Debate electoral en RTVE.

Hilario Pino le preguntó el viernes 19 en La Sexta al ministro José Luis Ábalos acerca de la “rectificación” del PSOE al aceptar la fecha del 22 de abril para el primer debate electoral entre los principales candidatos. Y el dirigente socialista respondió: “Bueno, la rectificación tiene que ver, si se llama así, que es más bien una reconsideración, porque tiene que ver con el problema que tuvimos con la resolución de la Junta Electoral, que estableció que lo que estaba programado para Atresmedia con la presencia de Vox pues no procedía”.

No repare el lector en las incongruencias sintácticas, porque eso le sucede a cualquiera que improvise oralmente un argumento; y aun a quien lo escriba. Fíjese, eso sí, en cómo se huye de la idea de “rectificar”, acción que sin embargo parece impepinable para los próximos días de negociaciones y pactos.

El desprestigio de ese verbo y del sustantivo “rectificación” es el origen de grandes males de la Humanidad: la aversión a ponerlos en práctica conduce a equivocarse dos veces en lugar de una.

Todos tenemos derecho a equivocarnos, porque cuando nos equivocamos no sabemos que nos estamos equivocando. Pero una vez que caemos en la cuenta, ya no tenemos derecho a equivocarnos por segunda vez y mantener el error, pues en ese momento sí sabemos que nos estamos equivocando.

Ahora bien, cuando el sujeto admite el fallo y se ofrece a arreglar el desaguisado, no se le debe machacar, porque estas respuestas despiadadas desincentivan las actitudes nobles de quienes desearían corregirse.

“Rectificar” significa etimológicamente “hacer recto” (del latín rectus, recto, y ficare, que equivale a “hacer” o “convertir”). Por tanto, comunica la idea de recuperar la línea recta que se había perdido a causa de algún despiste o desorientación. En cambio, “reconsiderar” se queda en “volver a considerar algo”, sin que se incluya ahí ninguna idea del error. Es más: se puede reconsiderar algo para dejarlo como estaba (opción que no abarca el significado de “rectificar”). Así pues, “reconsiderar” funciona como un eufemismo de “rectificar”,

La aseveración “solo acierta cuando rectifica”, arrojada en su día por Fraga a Felipe González y ahora por Casado contra Sánchez, muestra la visión deformada que se ha extendido al respecto. Si rectificar constituye un acierto alguna vez, ¡ay del que nunca rectifica! Puede que jamás dé en el clavo.

Merece más consideración quien yerra pero lo admite, y procura mejorar, que quien aparenta ser infalible. Y eso vale para los políticos, para los medios informativos y para los caraduras como Ramón Rodríguez Correa, que en el siglo XIX acusó de borracho al ministro Santiago González Negrete y lo mortificaba con chistes al respecto (70 Años de periodismo. Marqués de Valdeiglesias. Biblioteca Nueva, 1950. Pág. 202). Una vez, con motivo de la llegada a Madrid del general Dulce, escribió Correa: “Vino Dulce. Contento estará Negrete”. Al hacerle ver lo injusto de sus acusaciones, lanzó este argumento: “Yo no acostumbro a rectificar. Si procede que alguien rectifique, ése es Negrete. Que beba”.

Y tampoco sirven trucos como aquel que se contaba de un diario burgalés ante el que se presentó un lector para protestar porque su nombre había salido dos días atrás en la lista de los difuntos y porque, pese a sus reclamaciones, el periódico no había rectificado. El redactor jefe le contestó: “¡Cómo que no hemos rectificado! Mire aquí, en los natalicios”.

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