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UNA MIRADA EXTERIOR ANÁLISIS i

Segunda línea

Probablemente sean estas las últimas generales en las que los candidatos a la presidencia del Gobierno de los principales partidos sean todos varones

Las periodistas de El Confidencial Isabel Morillo (i) y Paloma Esteban (d), junto con María Jesús Montero (PSOE), Edurne Uriarte (PP), Irene Montero (Unidas Podemos), Inés Arrimadas (Ciudadanos) y Rocío Monasterio (Vox).
Las periodistas de El Confidencial Isabel Morillo (i) y Paloma Esteban (d), junto con María Jesús Montero (PSOE), Edurne Uriarte (PP), Irene Montero (Unidas Podemos), Inés Arrimadas (Ciudadanos) y Rocío Monasterio (Vox). EFE

Muy probablemente sean estas las últimas elecciones generales en las que los candidatos a la presidencia del Gobierno de los principales partidos sean todos varones. Se puede afirmar con bastante seguridad que alguna o incluso algunas de las mujeres que ahora figuran en segunda línea serán candidatas a la Moncloa en los siguientes comicios.

La sociedad está preparada para una presidenta del Gobierno, pero los partidos no, sostienen algunos analistas. Resulta cuanto menos curioso que, en un país en donde el movimiento de las mujeres ha resonado con excepcional fuerza en los últimos años, los partidos y sus militancias no hayan recogido el guante. Si bien es cierto que, con frecuencia, las candidatas con puestos clave en las listas han jugado, y juegan, un papel en el debate electoral prácticamente equiparable al de los candidatos a la presidencia; el esquema tradicional se mantiene: cuales doncellas escuderas en la época vikinga, luchan mano a mano junto al líder, cuyo nombre es el que pasa a la historia.

Así, todo indica que Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas ocuparán un espacio similar al de Pablo Casado y Albert Rivera durante la campaña en términos de apariciones y atención mediática. Irene Montero tuvo oportunidad de ensayar un mayor protagonismo durante la baja por paternidad de Pablo Iglesias, pero la ceremoniosa vuelta de este el pasado 23 de marzo remacha el culto a su liderazgo que sigue transmitiendo Podemos. Quizá por ello, el propio Iglesias ha dejado caer que la próxima secretaria general del partido será una mujer. El PSOE también coloca a figuras femeninas de peso como Carmen Calvo, Meritxell Batet o María Jesús Montero en puestos electorales relevantes. El gesto de Sánchez, formando el Ejecutivo con más mujeres de todo el mundo, pudo generar la sensación de un liderazgo masculino más diluido, pero no altera, en esencia, el esquema apuntado: Sánchez sigue siendo el presidenciable. Vox no cuenta con ninguna cara femenina inmediatamente reconocible en sus listas al Congreso, pero la continuada presencia mediática de la candidata a la alcaldía de Madrid, Rocío Monasterio, permite al partido comunicar, entre otros, su radical cuestionamiento del feminismo a través de una mujer joven, profesional independiente y madre.

En debates como el organizado el pasado lunes por El Confidencial con cinco representantes políticas —Montero por el PSOE, Uriarte por el PP, Montero por Unidas Podemos, Arrimadas por Ciudadanos y Monasterio por Vox—, podemos anticipar la escenografía de un futuro intercambio entre candidatas a la presidencia del Gobierno. Habrá quien busque resaltar las diferencias con un debate equivalente entre hombres, tanto en las formas como el contenido. Pero más allá de la indumentaria y el tono de voz, conviene subrayar que las diferencias son pocas. En todo caso, nuestra legítima aspiración debería ser un debate entre un número más o menos igual de candidatos y candidatas a ocupar la Moncloa.

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