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Un futuro en el espacio

Tres misiones espaciales llegarán en los primeros días del nuevo año a tres destinos novedosos y fascinantes

Recreación artística de la sonda 'New Horizons' en su camino hacia Ultima Thule.

Prospección, lo llaman los expertos. Profecía, dicen los críticos, que saben que los verdaderos descubrimientos son justo los que no ha predicho nadie. Un clásico tan navideño como la glosa de los descubrimientos del año que acaba es la predicción de los del año que viene, salvo que éste suele ser un ejercicio de riesgo. Decir “el año que viene emergerá la computación cuántica” es una de las formas más fiables de hacer un ridículo histórico. Sin embargo, hay predicciones para el año que viene que son tan seguras como que amanecerá mañana, como los tres hitos de la exploración espacial que puedes leer en Materia. Por la naturaleza de este sector de la ciencia, las tres naves ya se dirigen a su destino. Las misiones han ido a la perfección hasta ahora y, miel sobre hojuelas, alguna estará mandando imágenes poco después de que nos comamos las uvas. O de que se las coman ustedes, porque yo soy incapaz de deglutir esa sobredosis de biomasa en un lapso tan exiguo, y hace años que ni lo intento.

Por una ironía del destino, las tres misiones cubren simultáneamente la escala casi entera de nuestro sistema solar, y en cierto modo recapitulan la historia de su exploración. La que salió antes y ha llegado más lejos es la sonda New Horizons de la NASA, que está ya en el cinturón de Kuiper, el enjambre de piedras de diversos tamaños que orbita alrededor del Sol más allá de Plutón, y de donde vienen los cometas. Esos “objetos transneptunianos” tienen entre diez y mil kilómetros de diámetro, y el objetivo de New Horizons es uno de los más pequeños (30 kilómetros), Ultima Thule. Cuando la sonda llegue a su proximidad, Ultima se convertirá en el objeto más lejano que haya visitado nunca un artefacto humano. Y también en el más primitivo. Puesto que se piensa que los cometas pudieron sembrar en la Tierra primordial los componentes químicos de la vida, como los aminoácidos que forman nuestras proteínas, esta expedición podrá aclarar algunos puntos sobre esa enorme región del espacio donde se originan los cometas, y por tanto sobre nuestros ancestros moleculares.

A otra escala mucho menor de distancia, la sonda Osiris-Rex, también de la NASA, empezará el día de año nuevo a orbitar un asteroide llamado Bennu. Si del cinturón de Kuiper vienen los cometas, del cinturón de asteroides, situado entre las órbitas de Marte y Júpiter, vienen los asteroides, como es natural. Uno de estos objetos que se salió de su órbita fue el protagonista de la extinción de los dinosaurios, y de la mayor parte de la vida marina en nuestro planeta hace unos 68 millones de años. Bennu es un testigo de los orígenes del sistema solar, y también puede contener componentes químicos básicos para la vida. En la tercera misión, quizá la más romántica de las tres, la sonda china Chang’e-4 se posará por primera vez en la cara oculta de la Luna.

Tres regalos de año nuevo para el lector que lea Materia.

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