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Las últimas tribus no contactadas

Los sentineleses tienen una forma brutal de decir al mundo que no quieren ser molestados

Un indígena de Sentinel del Norte en una imagen de 2004, tomada por la marina india.
Un indígena de Sentinel del Norte en una imagen de 2004, tomada por la marina india.

Las tribus no contactadas no están aisladas, desgraciadamente para ellas, y ni siquiera está claro en muchos casos que no hayan sido contactadas de alguna forma. Lo que la mayoría de los antropólogos cree es que rechazan el contacto con el mundo exterior porque son plenamente conscientes de lo que les espera en él y de la suerte que han corrido la mayoría de los grupos indígenas del mundo. Como explicó a la BBC una experta de Survival International, “saben mucho más de lo que ocurre fuera de lo que pensamos. Conocen la selva como nadie y detectan rápidamente a los extraños”. Tampoco son civilizaciones varadas en la prehistoria: han evolucionado, se han adaptado a un mundo cambiante, pero han seguido caminos olvidados.

De todas las tribus no contactadas, la más misteriosa es la que habita la isla de Sentinel del Norte, que pertenece al archipiélago de Andamán (India). Acaba de convertirse en un fenómeno global porque asesinaron la semana pasada a un incauto e insensato predicador estadounidense, John Allen Chau, que se aventuró en su territorio (podía haber acabado con todos los indígenas con un simple catarro). Ocupan una isla cubierta de selva, del tamaño de Manhattan, y han recibido a casi todos los extraños a flechazos. De hecho, ya habían matado en 2006 a dos pescadores y asediado a la tripulación de un barco que había encallado en sus playas.

Apenas existen imágenes de ellos, y en las pocas que hay solo aparecen varones en la playa, casi siempre lanzando flechas y lanzas con gestos amenazantes. No se sabe nada sobre su lengua, ni sobre su origen, aunque se sospecha que llegaron de África hace unos 60.000 años. Serían, por lo tanto, los descendientes de una de las primeras migraciones humanas: llevan en esta isla mucho más de lo que los sapiens en Europa (nuestra especie llegó al continente hace unos 40.000 años). No quieren ni salir de ahí (sus pequeñas piraguas solo permiten la navegación costera) ni, sobre todo, que nadie entre en su territorio. Tampoco se conoce su población, aunque parecen bien alimentados y sanos. Los sentineleses tienen una forma brutal de enviar un mensaje que no puede ser más claro: quieren que les dejen en paz. Atrapados en una isla remota, son quizás uno de los últimos pueblos libres de un planeta cada vez más pequeño.

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