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La penalización del abstemio

Desde que estoy embarazada, tomar algo me sale mucho más caro. Es como si a los bares les molestara tener que comprar cervezas sin alcohol y me cobraran un sobreprecio por ello. Pese a que en los supermercados no se encuentra una diferencia de precio sustancial entre las cervezas estándar y las sin alcohol, a la hora de pedirla en un bar, el palo es frecuente. Resulta paradójico que, en una sociedad en la que se enfatizan los efectos nocivos del alcohol y se ejecuta un control estricto para evitar la conducción tras su ingesta, ser abstemio te pase factura. ¿Cuáles pueden ser las causas? Uno podría pensar que es un bien de lujo, que se tiene que importar, y de ahí el precio. Negativo. Quizás el dueño del bar ha de someter la cerveza a un proceso de pseudoalquimia manual (trabajoso y artesano) para extraer el alcohol. Ciencia ficción improbable. A lo mejor es que nadie lo consume y para afrontar la posible pérdida de las bebidas caducas, los clientes deben “pagar el pato”. Pues no lo sé. Lo cierto es que debería existir una congruencia entre lo que se promulga como “sano y recomendable” y su accesibilidad y bajo precio. Vamos a ponérselo más fácil a los abstemios.

Sara Lapeña Majan. Madrid

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