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Arquitectura

Los hospitales donde la arquitectura y el diseño también luchan contra el cáncer

Los Maggie's Centre son espacios de apoyo psicológico a enfermos oncológicos diseñados por nombres como Norman Foster, Rem Koolhaas, Frank Gehry o Zaha Hadid. En 2019 abre el primer centro en Barcelona, con interiorismo de Patricia Urquiola

En la localidad de Dundee, en Escocia, el arquitecto Frank Gehry diseñó, en 2003, su hospital Maggie's Centre.
En la localidad de Dundee, en Escocia, el arquitecto Frank Gehry diseñó, en 2003, su hospital Maggie's Centre.

Quien ha padecido cáncer lo sabe: al recibir la noticia, imagina un túnel largo, negro, sin salida. La paisajista escocesa Maggie Keswick Jencks lo sabía, y tiró del poder sanador de la arquitectura para arrojar luz a raudales sobre las vidas de quienes padecían la enfermedad. Durante dos años, hasta su fallecimiento, en 1995, promovió la construcción de centros de atención para afectados por procesos oncológicos (pacientes, familiares y amigos) en los que la arquitectura influyera en su bienestar, porque “las personas no deberían perder la alegría de vivir con el temor de morir”, decía. Hoy, 21 hospitales Maggie’s Centres se reparten por Tokio, Hong Kong y, sobre todo, Reino Unido. Y están firmados por arquitectos de prestigio, como Norman Foster, Rem Koolhaas, Frank Gehry y Zaha Hadid, entre otros.

La única medicina que se sirve en estos centros es una taza de té. No hay curas alternativas a las institucionalizadas. En los centros Maggie's, psicólogos, nutricionistas y terapeutas complementan los tratamientos médicos que reciben los enfermos; de hecho, todos sus edificios se hallan a pocos metros de los servicios de oncología de hospitales de referencia en terapias contra el cáncer. Son un complemento a la medicina convencional pero, además, es gratuito.

En Aberdeen, en Gales, está el centro diseñado por el estudio Snøhetta, un edificio ligero sin techo en su interior.
En Aberdeen, en Gales, está el centro diseñado por el estudio Snøhetta, un edificio ligero sin techo en su interior.
El arquitecto Richard Murphy realizó el primer centro Maggie's en Edimburgo, diseñado como una casa de campo.
El arquitecto Richard Murphy realizó el primer centro Maggie's en Edimburgo, diseñado como una casa de campo.

Lo que Maggie Keswick Jencks buscaba era que los pacientes estuvieran en tratamiento médico, pero que, de forma paralela, se les ofrecieran sin coste estrategias para reducir el estrés, apoyo psicológico, consejos para una buena alimentación y la oportunidad de conocer a otras personas en circunstancias similares en un ambiente relajado.

“El entorno sanitario no es el más adecuado para pensar en positivo cuando recibes el diagnóstico del cáncer. Por ello, crear un lugar sin batas blancas, donde la arquitectura y el diseño formen parte del tratamiento, es un elemento clave del programa de soporte psicosocial que se despliega en los centros”, dice el doctor Agustí Barnadas, director del Servicio de Oncología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona y miembro del consejo profesional de Maggie’s.

Interiores de madera y luz natural en la propuesta del estudio Reiach and Hall para la localidad de Lanarkshire (Escocia).
Interiores de madera y luz natural en la propuesta del estudio Reiach and Hall para la localidad de Lanarkshire (Escocia).

Para los responsables de estos centros, un entorno edificante puede reducir la ansiedad, una idea que Norman Foster aplicó al centro que erigió en Manchester. “Nuestro objetivo en la ciudad de mi juventud era crear un edificio que fuera acogedor, amigable y sin ninguna de las referencias institucionales de un hospital o centro de salud: un espacio hogareño lleno de luz donde la gente puede reunirse, hablar o simplemente reflexionar”, explicó en 2016, cuando se inauguró el centro.

En Swansea, también en el país de Gales (Reino Unido), se encuentra la creación del arquitecto japonés Kisho Kurokawa.
En Swansea, también en el país de Gales (Reino Unido), se encuentra la creación del arquitecto japonés Kisho Kurokawa.

En todos los Maggie’s la arquitectura está abierta. “La cocina y su mesa son el centro neurálgico del espacio, y requieren de un paisajismo cuidado que se integre perfectamente con el edificio. Sin embargo, no todos son iguales, ya que deben adaptarse al contexto local en el que se levantan. No es lo mismo construirlos en el norte de Europa que en Tokio, o que se ubiquen en un espacio singular”, dice Joan Reventós, director de la Fundación Kālida, una entidad que nació en 2016 en Barcelona a imagen y semejanza de Maggie's y que forma parte de su red internacional.

Solo el año pasado visitaron los centros unas 230.000 personas, a las que brindaron más de 100.000 horas de ayuda. El primer Maggie's abrió sus puertas en Edimburgo (Escocia) en 1996, y actualmente hay nueve en proceso de construcción, uno de ellos en Barcelona, el Kālida Sant Pau, que verá la luz en el primer trimestre de 2019. Se encuentra al lado del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1997 y concebido por el arquitecto modernista Lluis Domènech i Montaner, quien parece que compartía la reflexión de que para atender de manera adecuada a personas enfermas era necesario habilitar espacios para generar bienestar físico, emocional y/o espiritual.

El interiorismo del nuevo centro Maggie's en Barcelona correrá a cargo de Patricia Urquiola.
El interiorismo del nuevo centro Maggie's en Barcelona correrá a cargo de Patricia Urquiola.

El primer centro Maggie's de España está proyectado por la italiana Benedetta Tagliabue, y los interiores corren a cargo de Patricia Urquiola. Los arquitectos que realizan los Maggie's son elegidos por el patronato de la fundación tras analizar su currículum y vinculación personal con la organización y su capacidad de ajustarse al presupuesto disponible.

El primer Maggie's de España está proyectado por Benedetta Tagliabue, junto al hospital de la Santa Creu i Sant Pau.
El primer Maggie's de España está proyectado por Benedetta Tagliabue, junto al hospital de la Santa Creu i Sant Pau.

Los centros se financian y se mantienen gracias a la aportación de donantes privados. El importe del de Barcelona asciende a 1,6 millones de euros, “incluido el valor de mercado de los donativos en especies”, dice el director de la Fundación Kālida. Dentro de pocos meses dará la bienvenida con una taza de té a todo aquel que necesite atención y consuelo.

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