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Portugal prohíbe por ley la eutanasia de animales sanos

Las perreras municipales, 102 en todo el país, matan a un gato o un perro cada hora

Un perro en un centro de protección animal.
Un perro en un centro de protección animal.

Cada hora se mata a un gato o un perro en Portugal. Hasta septiembre se podrá seguir con el exterminio. A partir de octubre ya no, tras la aprobación de una ley que acaba con esa práctica de las perreras municipales con animales errantes, principalmente gatos y canes, en perfecto estado de salud.

La cuestión se arrastra desde hace dos años, tiempo dado a los municipios para construir instalaciones adecuadas y desarrollar campañas de esterilización y de adopción que tendrían como objetivo final establecer perreras con espacio suficiente para acoger animales callejeros y que, por tanto, no tuvieran que ejecutarlos por falta de espacio o de dinero. La eutanasia queda limitada a animales enfermos o peligrosos.

Pero después de esos dos años del plazo de adaptación, aún existen 31 municipios que no cuentan con perreras. El dinero público destinado a la esterilización, medio millón de euros, tampoco se ha gastado en su totalidad por falta de demanda. El Gobierno destina 15 euros por gato esterilizado, que suben a 35 por gata, a 30 por perro y a 55 por perra.

Las adopciones personales tampoco asumen todos los animales que siguen en perreras y que van a más cada día. El 35% de los animales dejados en una perrera durante las vacaciones no vuelven a ser recogidos por sus dueños.

Muchas de las perreras están al límite —102 en todo el país— y el buenismo generalizado choca con la realidad: nadie quiere junto a su casa una de estas instalaciones. En 2016 las perreras recogieron 28.600 animales y se quedaron sin acogida, por falta de espacio, 8.200, según la Dirección General de Veterinaria. El pasado año, las recogidas subieron a 40.674, pero las adopciones solo llegaron a 16.144.

La ley del fin de la eutanasia no va a resolver el problema de la superpoblación animal. La pregunta que flota en el aire y que no responden ni los legisladores ni los veterinarios es: ¿qué es más inhumano, ser eutanasiado o vivir enjaulado a perpetuidad?

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