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“No puede haber razones políticas que estén por encima de las humanitarias”

Gustavo Suárez Pertierra, presidente del comité español de Unicef, defiende la importancia de crear cauces para que las organizaciones y las instituciones escuchen la voz de la infancia

Gustavo Suárez Pertierra, presidente de Unicef Comité Español.
Gustavo Suárez Pertierra, presidente de Unicef Comité Español.

Movilizar a todos los sectores de la sociedad a favor de los derechos de la infancia, aumentar la contribución del Comité Español a los programas de Unicef en todo el mundo, apostar por la innovación para disminuir la pobreza y avanzar en una organización interna más ágil y transparente. Estos son los cuatro objetivos que Gustavo Suárez Pertierra se propuso al asumir el cargo de presidente de la sección española del Fondo de las Naciones Unidas el pasado mes de febrero.

Suárez insiste en la importancia de la sensibilización para avanzar hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pese a confiar en la solidaridad de los españoles, y aplaude los recientes pasos adelantes marcados por el Gobierno de España, como la creación de un Alto Comisionado de Lucha contra la Pobreza Infantil. Sin embargo, alerta de que es necesario acelerar el ritmo de trabajo con la mirada puesta en las metas de 2030 y de la urgencia de crear cauces para que organizaciones e instituciones escuchen la voz de los más jóvenes.

Pregunta. Entre los retos que se planteó al asumir la presidencia está avanzar en la transparencia. ¿Cómo ha repercutido en la confianza de los ciudadanos el escándalo de Oxfam en Haití (varios cooperantes de la organización contrataron prostitutas tras el terremoto) y la dimisión del número dos de Unicef, acusado de “comportamiento inapropiado” con mujeres?

Respuesta. En el caso de una organización de solidaridad, que sea una ONG o un Fondo de las Naciones Unidas, una quiebra en la confianza como estas genera un impacto importante. Nosotros lo hemos sentido poco como organización, pero hemos percibido inquietud entre nuestros socios y hemos hecho campañas para tranquilizarlos. Ahora las cosas están ya bien entendidas como lo graves que son, pero también asumidas en términos de la reacción positiva que las organizaciones han tenido frente a actitudes que exigen tolerancia cero.

En el Comité Español estamos aprovechando para generar un plan de buen gobierno que presentaremos en el próximo patronato, que incluye una parte sobre acoso sexual y otras prácticas que son absolutamente incompatibles con la confianza, que es la base de nuestro trabajo.

P. ¿Cómo se consigue movilizar una sociedad cada vez más apática, entre esta desconfianza y unas crisis que son cada vez más prolongadas?

R. Con la mirada puesta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por Naciones Unidas, hay que sensibilizar mucho más a la población. Nuestra base son las campañas generales para la captación de socios. Tenemos más de 380.000, lo que pone bien de manifiesto que la sociedad española es solidaria. También llevamos a cabo acciones dirigidas a determinados sectores en los que tenemos que avanzar, como por ejemplo la juventud. Queremos acercarnos más a ella para incorporar su sensibilidad a nuestra actividad. Otras campañas se centran en problemas coyunturales o que queremos acercar a la ciudadanía, como el drama de los niños rohingya o el trabajo infantil.

Esta mañana estaba escuchando la radio y el tema del barco Aquarius machacaba tanto que el debate volvía ahí una y otra vez. ¿Esto quiere decir que estamos más concienciados con estos temas? No lo sé, pero me gustaría pensarlo. Ya no podemos creer que estos problemas no nos afectan. Hay 123 niños solos en el barco. Cuando aparece negro sobre blanco en un periódico, tiene que acercar forzosamente. El número de los menores de edad que viajan solos se ha multiplicado en los últimos años. Es imposible que esto no genere un impacto social y que no llegue a la conciencia de los gobernantes y de quienes generan opinión pública sobre la necesidad de incrementar el peso de la inversión.

Cuando un Gobierno, da igual el que sea, no encuentra razones para resolver un problema de esta índole, que es un asunto humanitario de primera magnitud, es que ahí está pasando algo. No puede haber razones políticas que estén por encima de las razones humanitarias.

La educación es casi lo único que puede romper la trampa de la pobreza en nuestra región y evitar que los pobres acaben siendo más pobres todavía

P. Uno de cada cuatro niños en el mundo vive en un país en emergencia. Sin embargo, algunos de los 10 llamamientos para financiación de Unicef más importantes del año pasado recibieron menos de la mitad de los fondos necesarios. ¿Hemos perdido la capacidad de indignarnos ante estas catástrofes?

R. Es verdad que hay muchos problemas y que todas las organizaciones estamos llamando a las mismas puertas y esto puede dar una sensación de que hay saturación. Aunque la sociedad española es tolerante y solidaria, nuestras campañas son ambiciosas y no siempre pueden alcanzar los mejores resultados.

La pobreza infantil es un problema que tenemos aquí. Son niños que pasan hambre, aunque seguramente no van a morir por inanición. Van a la escuela, pero hay muchos que no pueden comprar los libros o que van con traje raído. Con nuestras campañas hemos conseguido que el nuevo Gobierno tome conciencia del asunto, no solo llevando el tema de igualdad a la vicepresidencia, sino proponiendo la creación de un Alto Comisionado de Lucha contra la Pobreza Infantil. Las perspectivas son buenas, sin ninguna duda.

P. ¿Cuáles deberían ser las medidas prioritarias del Alto Comisionado?

R. Disponemos de diagnósticos sólidos en esta materia, pero todavía hay que avanzar más, sin pausas. No me atrevería a decir ahora medidas muy concretas, pero hay que impregnar el trabajo sobre la pobreza infantil de criterios de equidad. Hay que empezar por los colectivos más vulnerables, incorporándolos a la toma de decisiones. Hay que invertir mayores recursos, sobre todo en los ámbitos prioritarios, como la educación, que es casi lo único que puede romper la trampa de la pobreza en nuestra región y evitar que los pobres acaben siendo más pobres todavía.

P. Usted sostiene que el Gobierno debe escuchar a los niños, niñas y adolescentes, y a sus familias. ¿Cómo?

R. No es fácil. Hace poco hemos reunido a una representación de cerca de un centenar de consejos infantiles y juveniles en Oviedo para tratar sobre su participación en la adopción de medidas en el ámbito de los municipios, las escuelas, etcétera, que tengan que ver con la infancia. Trabajar en esto con niños, niñas y jóvenes nos enfrenta con una realidad que conocemos poco. El problema es que tengan herramientas para poder hacer llegar sus propuestas e inquietudes a los poderes públicos, a los responsables escolares, a sus familias. Si hay cauces, la voz de la infancia es una voz que conviene escuchar y que hay que oír.

P. ¿En qué punto estamos con la elaboración del Pacto Nacional por la Infancia?

R. Es muy trabajoso. Hace unas semanas hemos firmado el Pacto Autonómico por la iInfancia con Asturias, el último que quedaba entre las comunidades, con excepción de Madrid, para reforzar el compromiso de los partidos políticos y los Gobiernos con los derechos de la infancia. Pero aún no hemos conseguido un pacto nacional. Creo que optar por el camino de la capilaridad, empezando primero con los pactos autonómicos, nos va a facilitar el trabajo. Me gustaría que, al finalizar mi encargo aquí, pueda llevarme en la cartera el Pacto nacional por la infancia hecho.

Hay que ponerse a trabajar ya, porque si llevamos el mismo ritmo que venimos adoptando hasta ahora no llegaremos a cumplir los objetivos de 2030

El Pacto por la Infancia son palabras, pero también compromisos. Hemos visto lo que ha pasado con el Pacto de Educación hace poco: cuando llega el momento en el que hay que asignar un presupuesto a determinadas medidas, entonces se rompe todo porque hay otras prioridades.

Aun con una prioridad importante, no tenemos recursos que nos sobren, por tanto, hay que repartir lo poco que tenemos entre las necesidades básicas de la sociedad. Nosotros aspiramos a que se considere que la pobreza infantil, los derechos de los niños y la educación de cero a tres años se vean como cruciales y que se responda a eso, pero el camino no es fácil.

P. A punto de celebrar el tercer aniversario de la aprobación de la Agenda 2030, ¿Cuáles son los logros que puede celebrar España en relación con la infancia?

R. En el próximo Foro político de Alto nivel de Naciones Unidas, el Gobierno presentará un plan de acción al que nosotros hemos contribuido junto con otras organizaciones. Es una buena ocasión para poner sobre la mesa una hoja de ruta. El reto está en no quedarnos ahí y avanzar en una estrategia nacional de acción para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Tenemos una hoja de ruta, pero hay que ponerse a trabajar ya, porque si llevamos el mismo ritmo que venimos adoptando hasta ahora no llegaremos a cumplir los objetivos de 2030. Hay que trabajar mucho más en serio, no se puede esperar.

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