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El congelador que guarda un millar de muestras de sepsis

Vall d’Hebron crea un banco con sangre de pacientes que han sufrido una respuesta descontrolada del sistema inmune ante una infección, que causa 17.000 muertes al año

Un sanitario sostiene una caja con varias muestras del banco de sepsis
Un sanitario sostiene una caja con varias muestras del banco de sepsis

A 80 grados bajo cero, en diminutos tubitos sellados con un código bidimensional para diferenciarlos, el hospital Vall d’Hebron de Barcelona guarda un millar de muestras sanguíneas de pacientes que han sufrido una sepsis. Esta patología, que causa 17.000 muertes al año en España, se produce cuando el sistema inmune responde de forma descontrolada ante una infección. Lo habitual es que, cuando un virus, un hongo o una bacteria generan una infección en alguna parte del cuerpo, el organismo reaccione generando una respuesta inflamatoria para protegernos. Sin embargo, cuando ese mismo mecanismo de defensa se aplica de forma desproporcionada, acaba dañando los órganos vitales. Pero de la sepsis, no obstante, todavía se sabe poco. Se desconoce la causa de esa respuesta inflamatoria descontrolada y tampoco se puede predecir cuándo aparecerá. Por ello, para avanzar en el estudio de esta patología, Vall d’Hebron ha puesto en marcha un banco de sepsis, con muestras de pacientes que la han sufrido para estudiar qué sucede en el organismo a nivel molecular cuando se produce esa respuesta hiperinflamatoria.

Conocer los perfiles de riesgo y desarrollar biomarcadores de detección precoz son los objetivos capitales de este biobanco. “La sepsis es una patología con prevalencia alta y mortalidad alta y es la gran desconocida para la sociedad. Resulta difícil que una persona pueda pensar que alguien se puede morir por una infección”, explica el doctor Juan Carlos Ruiz, médico adjunto de la UCI de Vall d’Hebron y codirector del banco de sepsis. España registra cada año unos 50.000 casos de esta patología.

Algunos hospitales disponen del llamado Código Sepsis, un circuito de diagnóstico e intervención multidisciplinar para detectar y atajar esta patología lo antes posible. El tiempo es crucial en este escenario: mientras los equipos de microbiología descifran, contrarreloj, el microorganismo causante de la infección, los médicos controlan, con soporte multiorgánico, la función de todos los órganos afectados y administran al paciente antibióticos de amplio espectro para frenar el patógeno y rebajar la respuesta inflamatoria. Cuando encuentran el nombre y apellidos del agente infeccioso, los facultativos pueden afinar el tratamiento. “Cuanto más nos retrasamos en instaurar el tratamiento antibiótico adecuado, más aumenta la mortalidad del paciente: cada hora aumenta un 7% el riesgo de shock séptico [una de las formas de presentación de la sepsis más graves, con afectación en el sistema cardiorcirculatorio]”, señala Juan José González, microbiólogo y codirector del banco de sepsis.

Los profesionales apuntan la necesidad de avanzar en la investigación sobre esta patología para reducir la mortalidad y mejorar el pronóstico de los pacientes. “El problema es que no hay un signo que sea específico y su presentación clínica puede ser muy variada y añade dificultad al diagnóstico”, agrega Ruiz. El banco de sepsis, del que solo hay dos similares en el mundo —en la Clínica Mayo de Rochester (Minnesota, Estados Unidos) y en la Universidad de Jena (Alemania)—, nació precisamente con ese propósito: usar las muestras de sangre donadas por los pacientes afectados para investigar qué pasa en el organismo cuando un individuo sufre una sepsis.

Conocer los perfiles de riesgo y desarrollar biomarcadores de detección precoz son los objetivos capitales de este banco de sepsis

El biobanco de Vall d’Hebron recoge muestras de pacientes diagnosticados en cuanto se activa el código sepsis hasta 24 o 48 horas y una semana después. Además, dispone de muestras preclínicas: “Una de las peculiaridades de esta colección es que, además de la muestra que se recoge cuando los médicos detectan que el paciente está séptico, podemos tener muestras de sangre que se hayan enviado al laboratorio 24 o 48 horas antes porque los pacientes han estado hospitalizados en nuestro centro”, explica González. Esta variedad, sobre todo de muestras preclínicas, es útil, dicen los expertos, para buscar biomarcadores tempranos, biomoléculas que informen precozmente de que ese paciente, en un período breve de tiempo, entrará en un fallo multiorgánico.

El banco de sepsis de Vall d’Hebron dispone actualmente de un millar de muestras de pacientes con sepsis. Los profesionales recogen y preservan en grandes congeladores a menos 80 grados centígrados las muestras de sangre total, de plasma y de suero de pacientes antes, durante y después de la sepsis. Si bien las muestras previas a desarrollar la patología sirven para buscar marcadores precoces, las extracciones de sangre que se realizan cuando el paciente va superando la sepsis, ayudarán a los investigadores “a saber qué pasa en estos pacientes a medida que van siendo tratados y para predecir cómo va a ser la evolución en función de su tratamiento”, añade González.

El biobanco cuenta además con muestras de pacientes sanos, que sirven como grupo de control para las investigaciones que están en marcha.

Proyectos en marcha

El banco de sepsis de Vall d’Hebron, que empezó a recoger muestras en 2015, ya se está utilizando para varias investigaciones científicas. Por un lado, Vall d’Hebron participa en el proyecto europeo Rais para desarrollar un dispositivo de diagnóstico rápido de sepsis. Actualmente, la detección del microorganismo que ha provocado la infección y ha desencadenado la respuesta inflamatoria requiere de un cultivo de la sangre que puede retrasarse varios días. “El cultivo de la sangre con las técnicas que tenemos puede demorarse entre 24 y 72 horas en tener el resultado del estudio del microorganismo y el estudio de sensibilidad antibiótica. Esto puede suponer mucho tiempo, sobre todo si es un microorganismo multirresistente”, explica González. El proyecto europeo quiere acortar este tiempo a los 30 minutos.

Por otra parte, como la sepsis carece de biomarcadores específicos para detectar la patología, los investigadores también trabajan con el Eurecat, el Centro Tecnológico de Cataluña, para buscar huellas de tipo proteómico o metabolímico que posean los pacientes con sepsis. “Hay una serie de sustancias que utilizamos en la clínica para detectar una sepsis pero son marcadores pero que también puede aparecer elevados en otras patologías. Por eso estamos llevando a cabo estudios para estratificar a los pacientes con sepsis en función del estudio de las proteínas y los metabolitos que poseen los pacientes con sepsis, a través de potentes herramientas de análisis de Big Data”, señala Ruiz.

El biobanco cuenta además con muestras de pacientes sanos, que sirven como grupo de control para las investigaciones que están en marcha

Aparte de las muestras sanguíneas, el banco de sepsis también cuenta con una importante base de datos con la información —previamente anonimizada— y las características de los pacientes que han sufrido una sepsis. “Esto es muy importante para todos los estudios de big data donde podamos cruzar todos los datos y crear algoritmos que sean capaces, en un futuro, de predecir el riesgo de sufrir una sepsis”, explica Ruiz.

El banco de sepsis de Vall d’Hebron no terminará en estas 1.000 muestras de sepsis, sino que seguirá creciendo con las donaciones de más pacientes. Los grandes congeladores donde se cobijan las muestras permanecerán completamente abiertos a la comunidad científica para ampliar la investigación de esta patología.

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