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Coordinado por Gonzalo Fanjul y Patricia Páez
opinión

Sanarse, unirse y luchar

Primero hay que quererse una misma para poder avanzar y emprender cualquier tipo de lucha

Retrato de Jineth Bedoya.
Retrato de Jineth Bedoya. Nancy Espinosa

En octubre de 2013, gracias a mi trabajo en Oxfam Intermón, tuve la oportunidad de viajar a Colombia para comprobar de primera mano el trabajo de la organización con las mujeres víctimas de violencia sexual dentro del conflicto armado. Este viaje fue una de las experiencias más importantes que he vivido. Durante dos semanas estuve conociendo y trabajando con varias decenas de mujeres valientes y luchadoras de las que aprendí cosas esenciales que han marcado forma de vivir desde entonces.

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Sanarse. La primera enseñanza fue que primero hay que quererse una misma para poder avanzar y emprender cualquier tipo de lucha. Y el quererse una misma empieza por conocerse y reconocerse como mujer en cuerpo y espíritu. Estuve con un grupo de mujeres que nos estuvieron enseñando técnicas de sanación individuales y colectivas. Las individuales son ejercicios tan sencillos como ser capaz de arreglarte para verte tú más guapa, hasta vivir una sexualidad satisfactoria por ti misma (sí, masturbarse). Las colectivas consisten en compartir y apoyarse, dar cobijo y pedir ayuda, contar y escuchar. Estas últimas muchas veces a través de las artes como la música y el canto que es un gran vector de unión, pero también el teatro y las expresiones plásticas. Y el abrazo, la terapia del abrazo sanador es maravillosa. Se siente la energía pasar cuando estas mujeres te abrazan.

Unirse. Una vez que te reconoces como mujer y te quieres como eres entonces puedes empezar a organizarte con otras mujeres como tú. Estas mujeres bravas que yo conocí se unían en grupos de trabajo dentro de sus comunidades para actuar sobre ellas y cambiarlas. Por lado trabajaban para cambiar los espacios físicos, mejorando infraestructuras y servicios. Por otro lado, se dejaban la piel para cambiar la cultura de una sociedad en la que tenían que reivindicar la propiedad de su cuerpo y de su vida. Todo en un espacio de comunión femenino con una energía tan enorme que resultaba imposible imaginar que un tiempo atrás aquellas titanas habían sido seres asustados y maltratados que no conocían sus derechos para poder exigirlos. La unión de mujeres las hace libres y fuertes.

Luchar. Y cuando ya tienes fuerza individual y fuerza colectiva entonces empiezas el proceso de reivindicación fuera. Estas mujeres llevan años luchando, en muchos casos a costa de su vida. La lucha principal acabar con la violencia contra las mujeres, conseguir que se reconozcan los derechos de las víctimas del conflicto armado y acabar con la impunidad.

Más. El último punto me lo enseño mi admirada Jineth Bedoya. Esta conocida periodista casi pierde la vida tras una brutal agresión física cuyo objetivo era acabar con la investigación de tráfico de armas que estaba haciendo. Durante años calló hasta que un día Alejandro Matos, responsable de Oxfam Intermón en Colombia en aquella época la animó a contar su historia. Las declaraciones de Jineth cambiaron su vida y fueron fundamentales en la lucha feminista en Colombia ya que abrieron la caja de Pandora y muchas otras mujeres famosas siguieron su ejemplo desestigmatizando a las víctimas. Me contaba Jineth que al principio, cuando decidió hablar, lo que necesitaba era compartir su historia. Fue muy importante poder hacerlo con otras mujeres que como ella habían sido víctimas y sentir que no estaba sola. Pero pasado el tiempo empezó a constatar que siempre eran las mismas mujeres que se encontraban en los foros públicos, y ya no las escuchaban como antes. Pensó que tenían que cambiar el modo de comunicar. Y el cambio vino incluyendo a los hombres en la lucha. Jineth empezó en 2012 con su campaña ‘no es hora de callar’ contando con el apoyo de la federación colombiana de fútbol. Este año será el quinto aniversario de una de las campañas más potentes y exitosas de derechos de la mujer en Colombia.

Sanarse, Unirse, Luchar, Más; en ese orden, el mantra que desde que estuve en Colombia aplico para poder seguir cambiando el mundo con mi grano de arena, desde mi feminidad.

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