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“Es necesario que los jóvenes nos desprendamos del miedo a emprender”

El laureado Charles Batte combate el desempleo juvenil y el cambio climático con una iniciativa pionera en Uganda

Charles Batte el pasado diciembre en Bonn.
Charles Batte el pasado diciembre en Bonn.

A sus 30 años, el ugandés Charles Batte se ha codeado con jefes de Estado, monarcas y líderes de la ONU, y acumula becas y premios en diversos continentes. Sin embargo, este emprendedor social volcado en el desarrollo sostenible no lo ha tenido fácil: se crió en Kamwokya, un barrio de chabolas de Kampala (Uganda), que él mismo describe como asolado por la “pobreza, el crimen, las drogas y los pésimos servicios de salud”.

Hace una década, Batte empezó a trabajar a tiempo parcial en un taller mecánico y con los ahorros fundó tres empresas sociales: una centrada en la salud, otra en la educación y, en 2012, Tree Adoption Uganda (TAU), que le ha granjeado reconocimiento internacional. El pasado diciembre, por ejemplo, participó en el Foro Mundial de Paisajes (GLF) en Bonn, impulsado por el Centro Internacional de Investigación Forestal (CIFOR), el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), Banco Mundial y el Gobierno alemán.

La originalidad del programa Tree Capital de TAU no radica solo en lo que hace —combatir el desempleo juvenil y el cambio climático a la vez—, sino en cómo lo hace. Según explica Batte, el objetivo es ayudar a jóvenes ugandeses de entornos rurales a formarse y generar capital inicial para sus start-ups. Mediante la iniciativa, los jóvenes establecen semilleros de árboles con el acompañamiento de la organización. Entonces, grandes empresas adquieren los árboles para reducir su huella de carbono como parte de sus programas de responsabilidad social corporativa. Para cerrar el círculo, los árboles se plantan en el marco de programas de reforestación en Uganda, un país que perdió un tercio de su cobertura boscosa entre 1990 y 2005.

Guardianes de los recursos

“Nunca en la historia había habido tantos jóvenes en el mundo como hoy, 1.800 millones, y nunca había habido una generación tan conectada, creativa y proactiva como esta”, ha afirmado Batte en durante el GLF. En cinco años, este programa que partía de cero ha ayudado a 1.500 jóvenes de entornos empobrecidos a iniciar sus negocios, y TAU ya está trabajando en el diseño de actividades de educación ambiental junto a socios nacionales e internacionales.

Mediante la iniciativa, los jóvenes establecen semilleros de árboles. Entonces, grandes empresas adquieren los árboles para reducir su huella de carbono como parte de su responsabilidad social corporativa

La organización también impulsa un programa similar para ayudar a los pequeños agricultores a costear la educación de sus hijos. La iniciativa, que además forma a los agricultores en técnicas de manejo sostenible de la tierra, ha beneficiado a 500 familias hasta la fecha y ha supuesto la plantación de 60.000 árboles el marco de programas comunitarios de agroforestería —un abordaje basado en la introducción de árboles en los cultivos—. Para Batte, el éxito de su movimiento en pos del desarrollo sostenible se asienta sobre dos pilares: “Información y cambio de mentalidades”.

“Siento que mi responsabilidad es ayudar a los pequeños agricultores a comprender el valor de sus paisajes y de sus recursos naturales, por ejemplo, como contribuyen a su salud”, afirma. “Cuando entienden esto, pueden convertirse en guardianes de sus recursos naturales y abogar de forma cívica por políticas que los protejan”. Así lo explica Batte, que (sorpresa) en 2012 se licenció en Medicina en la Universidad Makerere de Kampala y cuenta con un postgrado en Salud Pública.

Batte aspira al crecimiento internacional de TAU, pero no como organización, sino como modelo. Llegado el momento, su aspiración es ayudar a otros jóvenes interesados en replicar la iniciativa en sus propios países.

Sin miedo

Si emprender es un desafío, el reto se multiplica cuando se trata de innovación social y uno procede, ni más ni menos, que de un barrio de chabolas. Sin embargo, Batte ya apuntaba miras en el instituto, cuando ideó un proyecto de negocio alrededor de la noción de comunidades auto-sustentables. ¿Su consejo para los jóvenes emprendedores? “Céntrate en los recursos que tienes, financieros o humanos, por pequeños que sean. Entonces, pregúntate: ¿cómo puedo utilizarlos para lograr mi objetivo, para crear un cambio social en mi comunidad?”.

La iniciativa, que además forma a los agricultores en técnicas de manejo sostenible de la tierra, ha beneficiado a 500 familias y ha supuesto la plantación de 60.000 árboles

Uganda es uno de los países del mundo con una mayor proporción de jóvenes (78%) y en 2012, cuando Batte lanzó Tree Adoption Uganda, el paro alcazaba al 64% de la población juvenil. TAU forma a los participantes de Tree Capital para reforzar sus posibilidades de éxito en los negocios que emprendan. Durante tres años, imparte conocimientos sobre negocios, finanzas y tecnologías de la información y la comunicación. A la hora de emprender en cualquier ámbito, la formación es importante, pero según Batte, hace falta algo más.

“Cuando nos aventuramos en tierras ignotas para emprender nuestro propio camino, tenemos miedo. Debemos comprender que enfrentamos la posibilidad del éxito, pero también del fracaso, y que lo que aprendemos en ambos casos es igual de valioso. Por ello, es imperativo que los jóvenes nos desprendamos del miedo”. Él, por lo menos, ya lo ha hecho.

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