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Por qué ‘MasterChef Junior’ no es un programa para niños

La última edición del ‘talent show’ triunfa en la audiencia pero suspende en mandar mensajes positivos al público infantil

Masterchef Junior
Jordi Cruz, Pepe Rodriguez Rey, Samantha Vallejo-Nagera y Eva con varios niños del programa.

Una niña de 10 años cocina a toda máquina mientras se seca las lágrimas y llora desconsoladamente. “Es que estoy muy agobiada”. Es Esther Requena, última ganadora de MasterChef Junior, y una de las favoritas de un concurso que acierta en lo que a la cocina se refiere, pero pincha en los mensajes que manda al público al que está destinado.

Quizá el problema resida en que el formato, creado originalmente para adultos, no está bien adaptado para los más pequeños. “El objetivo del programa debe ser que los niños aprendan y se diviertan, pero si al final solo se premia el sabor, y no otros aprendizajes como el compañerismo, el atrevimiento o la imaginación, los están tratando como adultos y eso es un error” asegura Cristina Barrau, psicóloga infantil.

Que MasterChef Junior es un programa diseñado para el público infantil está fuera de toda duda. De otro modo no se entendería los machacones anuncios con los campamentos de verano del programa (a razón de 800 euros la semana), o la manía de hablar cada cinco minutos de su escuela online. Los niños son un gran mercado, y los padres aún más. Pero la máquina de hacer euros no siempre tiene en cuenta algunas cuestiones que se deberían respetar cuando hablamos de dinero público y de infancia.

Aquí van algunas ideas.

La primera crítica al concurso creado por la productora Shine Iberia es, por supuesto, el horario en el que lo programa TVE. Es ilógico que un programa para niños se emita en prime time, con capítulos que se extienden hasta bien entrada la madrugada. Incluso la final, que se adelantó en la parrilla, terminó pasadas la 1.00 de la noche, con la consiguiente falta de descanso de los menores que la quisieran ver.

Esta edición ha dejado, además, varios ejemplos de lo que no se debería hacer en un show infantil, no solo por los niños que participan en él, sino también por el mensaje que manda a los que lo ven.

La falta de espacio para que los niños expresen sus emociones (obligados a recuperarse en un tiempo récord de un disgusto), la dificultad de algunas pruebas (que incluían matar a animales), o la costumbre de consolar a los perdedores con regalos materiales, y que nada tienen que ver con la cocina, son solo algunos de los errores que hemos visto en el programa.

La dureza de los jueces, que sólo se ve compensada por los comentarios del robot del show, es otro de los puntos que molesta a los expertos. “Tú eliges tu destino” le suelta el chef Jordi Cruz a uno de los concursantes que acaba de abandonar una prueba de la que era el capitán del equipo.

Es evidente que un niño de 10 años tiene una capacidad limitada sobre su destino. “Además poner toda la responsabilidad en él, en vez de pedir al equipo que lo vaya a ayudar, es algo demasiado estresante para un niño tan pequeño” continúa Barrau, quien cree que “decirle a un niño que llora que está disgustado por una tontería es no entender la psicología infantil porque para ellos la raíz de su problema es importante”.

Desde la productora aseguran que todos los presentadores y redactores reciben asesoramiento y que en el plató hay siempre una persona para atenderlos en cualquier momento, aunque el programa no cuenta con una persona especializada en plantilla.

"Deja de llorar y toma un regalo"

Otro de los puntos polémicos del programa es su costumbre de agasajar a los niños con regalos caros mientras todavía se secan las lágrimas por haber sido expulsados. “Ya tienes la bici ¿a que ya no estás triste?” le preguntaba la presentadora Eva González a uno de los concursantes que se había hartado a llorar tras perder.

“Los regalos los eligen los propios niños, que nos hacen una lista, y después nuestro patrocinador selecciona el que desea” nos aclaran desde la productora, además de asegurarnos que todo es consultado con los padres.

Tablas de snow, cámaras de fotos y móviles, muchos móviles es lo que han recibido los concursantes de esta edición. Mientras muchos expertos debaten todavía cuál es la edad adecuada para dar un terminal a un niño, nuestra televisión pública regala móviles como caramelos a niños de 10 años. “Ya tengo la huella”, gritaba entusiasmada una de las participantes tras desenvolver el regalo del patrocinador.

Por último el sistema de puntos con el que se califica a los concursantes es también, en opinión de Barrau, un concepto demasiado ambiguo. “Que un niño lo haya hecho muy bien no significa que el niño que reciba un solo punto lo haya fatal. En la vida no solo hay premio para el que gana porque hay muchas formas de ser feliz”.

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