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La eficacia de la vacuna de la gripe pincha esta temporada

La efectividad ronda el 25% este año, cuando lo habitual es que oscile entre el 40% y el 60%

Una enfermera inyecta una vacuna en el brazo de un paciente
Una enfermera inyecta una vacuna en el brazo de un paciente

La epidemia de gripe continúa al alza —se llegará al pico de incidencia en las próximas semanas— y la receta que hay para combatirla, la vacuna trivalente recomendada especialmente a varios grupos de riesgo, no termina de alcanzar la eficacia deseada. La vacuna, que se diseña a partir de las cepas que circularon la temporada anterior, suele tener una efectividad que oscila entre el 40% y el 60% pero, este año, en lo que va de curso gripal —arranca en octubre y se prolonga hasta abril— apenas llega al 25% de eficacia.

La tradicional vacuna de la gripe se diseña cada año a partir de tres cepas del virus. Al administrarse la vacuna con los virus, el sistema inmunitario genera anticuerpos que protegen contra esos microorganismos incluidos en el preparado biológico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) es la encargada de determinar, a través de una gran red mundial de laboratorios de vigilancia de la gripe, qué cepas del virus son las que más circulan y decidir con cuáles de ellas se fabricará la vacuna, que se renueva en cada temporada. Como el proceso de elaboración de la vacuna lleva unos meses, la OMS decide los microorganismos que incluirá en la inmunización según los virus que más hayan circulado la temporada anterior.

El problema es que el virus de la gripe es rebelde y tiene una alta capacidad de mutación, una habilidad que complica la eficacia de la vacuna porque puede ocurrir —y, de hecho, ocurre— que los virus con los que se hizo el preparado biológico seis meses atrás ya no sean exactamente los mismos que circulan ahora.

El origen de la baja eficacia de la vacuna este año radica, según los expertos consultados, en dos elementos: las dos cepas que más circulan responden poco o nada a la inmunización porque una de ellas ha sufrido una mutación y la otra ni está en la vacuna.

La OMS determinó que esta temporada, para el hemisferio norte, la vacuna se fabricaría con dos cepas del virus A —la A(H1N1) y la A(H3N2)— y otra del virus B, en concreto la B-Victoria. “El problema es que la A(H1N1) circula muy poco y de la B-Victoria solo hay casos esporádicos. La A(H3N2) va segunda en el podio pero no responde bien a la vacuna; y luego, el 75% de los casos son por el virus B-Yamagata, que no está en la vacuna”, resume el doctor Toni Trilla, jefe de epidemiología del hospital Clínic de Barcelona.

Existe otra vacuna, la tetravalente, que incorpora la cepa B-Yamagata junto a los otros tres virus de la trivalente. “Pero está indicada en pacientes con factores de riesgo importantes, como grandes inmunodeprimidos y trasplantados”, explica el doctor Ferran Moraga-Llop, pediatra y vicepresidente de la Asociación Española de Vacunología. Cataluña y Murcia, sostiene el médico, fueron las primeras comunidades en administrarla a estos colectivos. “En Cataluña, por ejemplo, de la tetravalente se ponen unas 1.500”, agrega Trilla.

Pero aparte de la ausencia en la vacuna de la B-Yamagata —la cepa que más circula en el ambiente—, los expertos se han topado con que el virus A(H3N2), el segundo con más presencia, no acaba de responder a la vacuna. Y no es la primera vez. “Hace un año, después de acabar la temporada, se vio que la vacuna no había funcionado bien con este virus”, explica el epidemiólogo del Clínic. Las causas que manejan los investigadores tras realizar estudios científicos sobre el caso son dos: o bien el virus del ambiente ha mutado y lo que circula es una especie de subcepa distinta, o bien la mutación se produce en el proceso de fabricación. Esta segunda es, a juicio de Trilla y Moraga-LLop, la más plausible.

La culpa es del huevo

En ese caso, la culpa sería de un huevo. La forma más común de fabricar la vacuna es cultivando las cepas del virus elegidas por la OMS en un huevo, donde se replican. “Hay un estudio que expone que el virus no crece bien en el huevo y él mismo se adapta con una mutación para crecer en él. El problema es que esta mutación puede ser la responsable de que el anticuerpo que genera la vacuna no funcione”, explica Trilla.

En cualquier caso, pese a la baja eficacia de la vacuna esta temporada, los expertos insisten en que esta es la mejor receta para combatir la gripe, sobre todo los grupos de riesgo (mayores de 65 años, embarazadas y personas con enfermedades crónicas, como cardiopatías, procesos de inmunodeficiencia…). De hecho, según un estudio realizado por investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y publicado en la revista Canadian Medical Association Journal (CMAJ), la vacunación durante varias temporadas en personas mayores tiene un alto efecto protector frente a las formas graves de gripe (ingresos en UCI y fallecimientos). Los mayores de 65 años vacunados en la temporada de estudio y en años anteriores tuvieron una protección del 31% para prevenir ingresos hospitalarios por gripe leve, del 74% para evitar ingresos en la UCI y un 70% para prevenir fallecimientos asociados.

“La vacuna tiene limitaciones pero es lo mejor que tenemos”, valora Moraga-Llop. Según el último informe de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, se han notificado 86 defunciones desde el inicio de la temporada. Todos presentaban factores de riesgo. El 64% de los que tenían indicada la vacunación (67 personas), no estaban inmunizados.

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