Bernardo Quintero: “Por grande que sea el esfuerzo de una familia, no basta sin una educación pública que lo respalde”
El reciente doctor ‘honoris causa’ por la Universidad de Málaga, cuyo discurso se hizo viral en defensa del ascensor social que supone la enseñanza, es el artífice de que Google aterrizase en la ciudad andaluza


Hijo de una ama de casa y un celador del Servicio Andaluz de Salud, Bernardo Quintero (Vélez-Málaga, 51 años) era un niño especial. De extrema timidez, empezó a hablar a los tres años. El parvulario fue para él un suplicio. Tanto, que incluso a esa edad el fracaso escolar ya se atisbaba. Todo cambió en primero de EGB, cuando una profesora supo entender que él necesitaba aprender de otra manera: despertando su curiosidad. Fue la primera persona que marcó la trayectoria de este malagueño, el gran responsable de que Google aterrizase hace una década en Málaga. El pasado 20 de marzo fue investido doctor honoris causa por la universidad malagueña y en su discurso se refirió a las personas que marcaron su destino. La mayoría tenía algo en común, su relación con la educación pública. “Es el mejor ascensor social que existe. Es el mayor acto de justicia que una sociedad puede hacer por su futuro”, subrayó entonces. “Gracias a ella estoy donde estoy”, añade días después a EL PAÍS. “No podemos permitirnos, como sociedad, dejar de defender algo tan importante”, remacha.
Quintero fue uno de los seis ingenieros que fundó la empresa VirusTotal en el año 2004. Era un servicio online al que cualquiera podía enviar un archivo sospechoso de estar infectado. Tenía tanta confianza en aquel modelo que apostó con su equipo una botella de whisky a que algún día acabarían en Google. En 2012, efectivamente, el gigante norteamericano se interesó por su trabajo y adquirió la empresa. Quisieron trasladarla a Silicon Valley (San Francisco, California), pero aquellos jóvenes se negaron y consiguieron que se quedara en Málaga.
Una década después, el gigante norteamericano recorrió el camino inverso para abrir un gran centro de ciberseguridad en la ciudad andaluza. La influencia de este veleño en la comunidad tecnológica ha sido indudable antes y después de este hito. Ahora anda sorprendido por la viralidad que ha alcanzado un resumen de un minuto de su discurso tras ser investigo doctor honoris causa en la Universidad de Málaga. “Nunca pensé que se quedaría grabado y mucho menos que tuviera tal repercusión”, relata. Y cuenta que centrar gran parte de los 25 minutos que duraron sus palabras en educación pública tiene un motivo claro: “Si quienes hemos llegado lejos gracias a ese sistema no lo decimos alto y claro, corremos el riesgo de olvidar su valor”.

El máximo responsable del centro de ciberseguridad de Google en Málaga recordó en sus palabras sus orígenes humildes. De sus inicios en el colegio Zona Sur de Vélez-Málaga —ciudad en la que sigue residiendo y que ha anunciado estos días que le nombrará Hijo Predilecto— a la beca que consiguió para llegar a la universidad. También del esfuerzo de su padre, que además de ejercer de celador montó una academia de mecanografía en el salón de su casa para sacar adelante a su gente.
“Por grande que sea el esfuerzo de una familia, no basta si no existe un sistema que lo respalde. En mi caso, ese sistema fue la educación pública, el ascensor social que me permitió desarrollar mi talento y aprovechar las oportunidades”, asegura. ¿Hubiera llegado hasta aquí sin esa ayuda? “Sinceramente, no”, responde. “Sin la escuela y la universidad públicas, todo habría sido muchísimo más difícil, si no imposible”, subraya. Le gustaría creer que con esfuerzo y talento cualquiera puede lograr sus metas, pero que sabe que también influye el punto de partida de cada una y las circunstancias que le rodean. “El talento está en todas partes, pero las oportunidades no llegan por igual a todo el mundo”, dijo en su discurso. “Esa frase resume que no todos partimos en igualdad de condiciones”, aclara.
Quintero señala que el ascensor social funcionó para él. Y que también lo ha hecho para otras muchas personas. “Aun así, siento que somos más una excepción que la norma: sería muy ingenuo decir que siempre funciona igual de bien”, lamenta. “Tenemos que reforzar la educación pública para asegurarnos de que ese mecanismo pueda seguir funcionando para las nuevas generaciones”, recalca y dice que le preocupa que todo ello quede fuera en segundo plano en el debate público: “Invito a recordar entre todos la importancia de este bien común por encima de ideologías o ciclos electorales”.
“Debemos ser cuidadosos”
Hasta el reciente desembarco de Google a lo grande junto al Puerto de Málaga, sus oficinas se encontraban en el edificio de investigación Ada Byron de la Universidad de Málaga. No es casualidad, porque a Quintero le gusta predicar con hechos. Fue la forma que encontró de estar más cerca de la institución, de colaborar y, también, captar talento. Codirige el Diploma de Experto Universitario en Ingeniería Inversa e Inteligencia del Malware —que va ya por su séptima edición— y ha sido uno de los grandes impulsores del visionario Grado de Ciberseguridad e Inteligencia Artificial. Su compañía financia con 270.000 euros la Cátedra de Ciberseguridad y con un millón de dólares en el programa Cibersecurity Seminars que se celebra en la Escuela de Informática.
También ofrecen cada año diez becas para mujeres con la idea de fomentar las vocaciones femeninas en tecnología e informática y, este año, 20 más adicionales para la primera promoción del doble grado de Matemáticas e Informática. “La UMA lleva décadas formando talento y generando igualdad de oportunidades y esa misión no puede descuidarse”, sostiene. Eso sí, reconoce que titulaciones como Ingeniería Informática lleva años con el número de plazas estancadas a pesar de que las grandes empresas tecnológicas han apostado por la ciudad.
“Málaga se está convirtiendo en un ‘hub’ tecnológico y necesitamos que la oferta educativa pública crezca en la misma medida. He encontrado buena receptividad en el discurso, pero necesitamos que se traduzca en hechos y más inversión”, añade. Es consciente de las dificultades económicas que pasa la institución, con una deuda millonaria y desde la que denuncian que el peso de la financiación desde la Junta de Andalucía ha caído en la última década un casi un 2%.
Por eso, justo cuando el Gobierno endurece los requisitos para abrir una universidad privada, le preocupa el desembarco de tres de estos centros en Málaga. Todos tienen previsto empezar su actividad docente el próximo curso escolar, es decir, a partir de septiembre. Son la Universidad Alfonso X El Sabio y la Universidad Europea de Madrid, para quienes el ayuntamiento de Málaga ha cedido unos 50.000 metros cuadrados de suelo público de manera gratuita; además de Utamed, que será ‘online‘.
“Debemos ser cuidadosos”, advierte Quinero. “Lo ideal es que lo privado complemente, no que compita deslealmente con lo público. Si Málaga atrae nuevas instituciones educativas, que sea sumando y no restando. Asegurándonos de que la universidad pública siga teniendo los recursos y el apoyo necesarios para cumplir su función social”, advierte Quintero quien recuerda que en la Málaga actual —con el precio de la vivienda disparado, entre otros muchos aspectos— no todo el mundo prospera a la misma velocidad.
“Málaga debe crecer con cohesión, combatiendo la desigualdad. El éxito de una ciudad no debería medirse sólo por sus indicadores macroeconómicos o su atractivo para invertir, sino también por cómo mejora la vida de todos sus habitantes, especialmente de quienes empiezan con menos ventajas”, concluye.
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