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Columna
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#CiudadesDemocráticas

Un verdadero laboratorio político está en marcha, liderado desde Madrid

Inteligencia Colectiva para la Democracia 2017.
Inteligencia Colectiva para la Democracia 2017.Medialab Prado

Madrid se ha convertido en la capital de la innovación democrática. La ciudad reúne este mes a hackers, activistas, políticos, programadores y diseñadores en torno a Ciudades Democráticas, un proyecto sobre nuevas tecnologías orientadas a la participación ciudadana. Se trata de una red que ha puesto en marcha a más de 100 ciudades del mundo en defensa de los Smart Citizens frente a la ya vieja idea de las Smart Cities: una vindicación de transparencia para lo público, no para comercializar con datos privados de los ciudadanos. Se adopta así una ética hackerde colaboración en red para construir un modelo de ciudad alejado de la concepción del ciudadano como cliente consumidor.

En realidad, todo esto es lo que nos trajo el 15-M. La democracia reducida a su dimensión representativa hacía aguas y era necesario incluir otros dos pilares: la deliberación y la participación en la toma de decisiones. Fue el tiempo en el que el gobierno de especialistas, la autoridad de los funcionarios sobre hospitales, escuelas o universidades y, en general, la fórmula de una organización burocrática de la sociedad, estallaron por los aires. Frente a la tecnocracia, había que volver a la política.

No se trata de recurrir a las bases para legitimar decisiones que a veces ya están tomadas en petit comité y se refrendan por plebiscitos. Lo que proponen es activar la imaginación política para una nueva concepción y creación de lo público: pensar y deliberar sobre el significado que otorgamos a los bienes que son de todos. Las ciudades democráticas, anticipándose como siempre a la innovación de los Estados, han dejado de dar por supuestas algunas lógicas burocráticas demasiado alejadas de la vida cotidiana de las personas. Y no sólo se refieren a quién toma las decisiones, sino a la transparencia de los procedimientos con que las asumimos.

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Una de esas propuestas en código abierto salió del propio Ayuntamiento de Madrid: Consul, el software que alberga Decide Madrid y que han adoptado hasta 60 ciudades del mundo, ha cambiado la filosofía del copyright por el copyleft sobre los bienes públicos. Un verdadero laboratorio político está en marcha, liderado desde Madrid. @MariamMartinezB

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