Por qué la sobremedicación con antibióticos hace vulnerable a tu hijo

Los pediatras alertan del abuso de antimicrobianos y la amenaza de las superbacterias resistentes a todo medicamento conocido

La escena se repite en las consultas de pediatría y urgencias casi cada día: padres que acuden con sus hijos acatarrados y enseguida piden antibióticos. La respuesta de los facultativos se repite también: “Los catarros no se curan con antibióticos”. Da igual. Piden, además, que se les suministre la receta concreta del antibiótico que “cure” ese resfriado, sin darse cuenta de que la errónea sobremedicación hará más vulnerables a los niños a medio y largo plazo.

En el Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos, que se celebra hoy, los médicos advierten que la lucha antimicrobiana continúa y, de momento, vamos perdiendo la batalla. La comunidad científica y las instituciones -a través del Plan Nacional Resistencia Antibióticos, PRAN- ya no saben cómo explicar a las familias la diferencia entre virus y bacterias. También hacen un esfuerzo para advertir sobre la amenaza invisible de las próximas décadas: las superbacterias, resistentes a todo medicamento conocido.

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“Por suerte, en la infancia podríamos decir sin miedo a equivocarnos que el 90% de todas las infecciones son víricas, no bacterianas. Por tanto, lo más probable cuando los niños tengan fiebre, tos o congestión es que sea un virus. Los antibióticos no sirven para que se curen antes, ni tampoco para prevenir una posible sobreinfección bacteriana. En un catarro, solo recomendamos aliviar el malestar general con un analgésico. Si un pediatra receta alegremente antibióticos “por si acaso” debemos desconfiar”, explica Roi Piñeiro, miembro del Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y jefe asociado del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba.

“Normalmente, un catarro no se complica y en menos de una semana se cura solo. Un caso distinto son los menores de tres meses con fiebre, que deben ser revisados por un pediatra porque son más vulnerables a las bacterias. Una infección de vías altas puede complicarse posteriormente en una otitis o una neumonía: eso son sobreinfecciones bacterianas. Y eso sí requiere antibiótico: hay que administrarlo solo cuando aparece la bacteria. Porque habrá catarros que deriven en neumonías y catarros que no. Todos queremos soluciones rápidas y eso no es aplicable a la medicina”, reflexiona el doctor. “A veces me llegan a consulta niños con un catarro de seis horas de evolución… y cuando le veo ya tiene puesto por sus padres un antitusivo, un mucolítico, un antitérmico y un antibiótico. Esto es bastante absurdo. Por favor: cuando se acabe un antibiótico debemos deshacernos del medicamento; no acumularlo en el botiquín de casa y echar mano cuando nos parezca o recetárselo a un familiar porque nos vino bien en su momento”.

Superbacterias resistentes a todo

Según datos del Eurobarómetro 2016, la población española sigue confundiendo términos. Un 48% de los encuestados cree erróneamente que los antibióticos matan virus. Esto es falso: solo matan bacterias. Uno de cada dos españoles también cree que los antibióticos curan resfriados y gripes. Esto también es falso. Para un dolor de garganta, un catarro, gripe, fiebre, malestar general o resfriado tomar antibiótico tendría el mismo efecto que recetar piruletas, pero con graves consecuencias para la salud. Solo la vacuna contra la gripe y extremar las medidas higiénicas podría ayudar a la prevención de un proceso gripal causado por un virus.

El reciente estudio “Antibiotic Use in Children", impulsado por la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica (FISABIO ) y publicado por The Journal of Pediatrics, analizó la cantidad de antibióticos recetados a los niños durante sus primeros dos años de vida en seis países de tres continentes. Encabeza el ranking Corea del Norte, seguida de cerca por Italia y España. De hecho, en nuestro país los menores consumen 1,5 antibióticos anuales, lo que supone un 50% más que Alemania y Estados Unidos. Y esto hará que los niños españoles sean más vulnerables que la media europea en las próximas décadas.

“Aunque hay trabajos que intentan relacionar el uso de antibióticos con problemas a largo plazo, la mayoría de efectos adversos se van a presentar a corto y medio plazo. Algunos pueden relacionarse con efectos gastrointestinales, reacciones cutáneas, alergias, pero el efecto más importante es el desarrollo de resistencias bacterianas”, explica la pediatra María Rosa Albañil, Coordinadora del Grupo de Trabajo de Patología Infecciosa de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap ). Y añade: “Cuantos más antibióticos consume un paciente, mayor es el riesgo que tiene de presentar infecciones por bacterias resistentes. Y ese riesgo no afecta solo al paciente, sino que se extiende a su entorno y a la comunidad”.

En las consultas de pediatría de atención primaria, según indica la experta, se receta en base a la experiencia. Por eso es necesario seguir una guía del uso de antibióticos -que señale el tratamiento para cada infección- y realizar un diagnóstico precoz mediante test y pruebas microbiológicas, que ponen nombre y apellidos a la bacteria para su tratamiento.

En 2015, en España fallecieron 2.837 personas por infecciones hospitalarias relacionadas con el abuso de antibióticos. Los últimos informes advierten que si no se evita la barra libre de medicamentos, la mortalidad aumentará exponencialmente en las próximas décadas.

De esta forma, si el niño crece, sufre cáncer en un futuro y se complica con una infección bacteriana… quizá el antibiótico ya no funcione cuando realmente lo necesite. Y morirá no por el cáncer, sino por una infección que no tendrá cura. Lo mismo sucederá cuando tenga que someterse a una operación aparentemente sencilla, un parto, un trasplante, una simple neumonía. Los científicos señalan que el abuso de los antibióticos nos podría llevar a la Edad de Piedra de la Medicina si quedamos expuestos a las superbacterias porque las hemos hecho resistentes.

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