Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Sí pero no, no pero sí

Unos han frenado su loca carrera y otros comienzan a ponerse en marcha

Carles Puigdemont firma el documento de la declaración de independencia.
Carles Puigdemont firma el documento de la declaración de independencia. EFE

Después de la sorpresiva decisión de Puigdemont de declarar y suspender la independencia en un mismo acto, el alivio se mezcló con la perplejidad. La otra noche algunos tertulianos tuvimos que improvisar una hermenéutica de ocasión. En definitiva, lo chocante fue el reconocimiento de que se había satisfecho el famoso derecho a decidir para segundos después tomarse el derecho de no decidir. Sí pero no. Aquello a lo que tanto nos había acostumbrado Rajoy cambiaba de campo.

Ahora ya no tiene mucho sentido llorar por la leche derramada, pero quizá sea ilustrativo sacar a la luz los muchos errores en los que se cayó en uno u otro bando. El principal, que unos fueron demasiado deprisa y otros demasiado despacio. Ninguno supo estar a la altura del tempo del otro. Falló el manejo de los tiempos, eso que siempre se admira en los grandes políticos. Aunque por parte del soberanismo el mayor error seguramente fuera el haber apostado todo al mismo número: la búsqueda de la independencia por la vía plebiscitaria. Esto se consiguió subsumiendo a los partidos del bloque soberanista en un movimiento social de tema único. Al final, la política menos épica, la de la administración y la representación y vertebración de intereses, se tomó su venganza. Se vio en la emigración de las sedes de empresas, pero también al salir a la calle quienes habían sido silenciados. Si en unos predominó la aceleración, el exceso de activismo y la sobrecarga emocional, en Rajoy nos encontramos justo lo contrario, con el dolce far niente, la gestión burocrática y el parapetarse detrás de la ley. Arrollado por el impulso de su adversario, y cuando ya no le queda más remedio, es ahora cuando comienza a ponerse en marcha. Lo siempre negado, la reforma constitucional, ya es factible. No pero sí. En gran medida, claro, por la propia presión del PSOE.

Ante el vértigo por la inminencia de la aplicación del 155, es preciso desentrañar el significado del sí pero no de los unos y del no pero sí de los otros. Unos han frenado su loca carrera y otros han comenzado a ponerse en marcha. ¿Es posible un punto de encuentro? Soy escéptico, pero tengo para mí que podría conseguirse volviendo al famoso derecho a decidir, el enmarque imbatible. Solo que en el sentido de concretarlo en algo distinto a la elección binaria entre el sí o el no a la independencia. En definitiva, siempre será más plena la elección cuantas más opciones se ofrezcan a la voluntad popular. ¿Por qué elegir entre el blanco y el negro cuando la realidad es una ilimitada gama de grises? Nos lo acaban de demostrar las dos partes en conflicto: no hay sí sin no, ni no sin sí. Sobre todo en política, el reino de lo posible.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.