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La Guardia Civil no es un cuerpo paramilitar, aunque la prensa extranjera lo diga

El término tiene una connotación negativa que alude a grupos armados ilegales al margen de la ley

Guardias civiles, en una sede de la Generalitat durante un registro el 20 de septiembre.
Guardias civiles, en una sede de la Generalitat durante un registro el 20 de septiembre.

La Guardia Civil no es un cuerpo paramilitar. Podría parecer absurdo tener que desmentir que el instituto armado sea un grupo armado irregular que opera al margen de la ley si no fuera porque la prensa internacional —prensa seria, The Guardian, Financial Times o The Washington Post, por ejemplo— se empeña en utilizar el adjetivo “paramilitar”, con las funestas connotaciones dictatoriales y violentas que conlleva, para aclarar qué es la Guardia Civil cuando la cita en alguna de sus informaciones sobre el desafío independentista de Cataluña.

El término inglés “paramilitary” no es el más correcto para explicar a los lectores anglosajones la idiosincrasia de la Guardia Civil, tal y como ha señalado Eduardo Mendoza en El descarrilamiento del 'procés'. La Guardia Civil es un cuerpo de seguridad pública de naturaleza militar y ámbito nacional —su actuación está reglada también en Cataluña—, que forma parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y que se somete, por tanto, a la legislación española e internacional. “Ni está compuesta por mercenarios ni se comportan sus miembros como paramilitares”, protestan desde la Unión de Guardias Civiles, una de las dos organizaciones del instituto armado.

Cierto es que el diccionario de Oxford se limita a traducir la palabra como “organización similar a una fuerza militar”, lo que podría aludir a la naturaleza ciertamente militar de la Guardia Civil. Sin embargo, el diccionario de Cambridge especifica que “un grupo paramilitar está organizado como un Ejército pero no es oficial y a menudo no es legal”.

La primera acepción es la que parecen usar Financial Times o The Washington Post cuando aluden a la “policía nacional paramilitar de España”. Sin embargo, la palabra “paramilitar” tiene también en inglés una connotación negativa y es el adjetivo que la prensa británica ha usado para describir a los grupos armados ilegales de Irlanda del Norte como el Ejército Republicano Irlandés (IRA) o la Fuerza de Voluntarios del Ulster (UVF). En Colombia, por ejemplo, se consideran grupos paramilitares a los cuerpos armados ilegales de extrema derecha que desde la década de los setenta combatían a los grupos guerrilleros con el objetivo de apoyar al Ejército regular.

Este significado, de grupo paralelo armado que actúa al margen de la ley, es el que han interpretado, al menos, parte de los lectores anglosajones, tal y como han dejado constancia en Twitter. Y desde luego es el que emplean los tuiteros independentistas en sus mensajes en inglés para hablar de la llegada de la Guardia Civil a “ocupar” Cataluña.

The Guardian, por ejemplo, subraya la supuesta connotación negativa de la Guardia Civil al asegurar que es un cuerpo “paramilitar, fuertemente asociado por algunas personas a la dictadura fascista”. No hace mención alguna, sin embargo, a que el instituto armado es una de las instituciones más valoradas por los españoles, según el CIS. Tampoco al general José Aranguren, al frente del instituto armado en Barcelona en 1936 y uno de los artífices de que fracasara el golpe de Estado del 19 de julio en la capital catalana. El general, al que Lorenzo Silva ha dedicado el Libro Recordaré tu nombre (Editorial Destino) para reivindicar su figura, fue fusilado en 1939 por las tropas franquistas por mantenerse fiel a la República.