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ANÁLISIS

“Yo he visto géiseres en Encélado, lagos de metano en Titán”

La sonda Cassini se suicida contra Saturno tras 13 años de éxito en la investigación del espacio

FOTO: Rutger Hauer intrepreta al jefe de los robots replicantes en la película 'Blade Runner'. / VÍDEO: Fin de la sonda Cassini.

Sí, el titular es un homenaje a mi línea favorita de Blade Runner, cuando el jefe de los replicantes, interpretado por Rutger Hauer, se larga un sermón sobre el valor de la biografía de un robot como él, y sobre la injusticia de verse condenado a una muerte inminente, programada y cruel. “Yo he visto naves ardiendo más allá de Orión, rayos C brillando en la oscuridad junto a la puerta de Tannhäuser”, decía Rutger en el clímax de su monólogo. “Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia; es hora de morir”. A la sonda Cassini de la NASA y de la ESA le tocó morir ayer al estilo de Rutger Hauer, y si pudiera hablar habría dicho: “Yo he visto géiseres en Encélado, lagos de metano en Titán”. Léelo a fondo en Materia (1, 2, imágenes en 3).

La doble nave Cassini-Huygens ha sido la gran estudiosa de Saturno, culminando así una noble empresa científica que inició el mismísimo Galileo. Este padre de la ciencia descubrió en 1610 los anillos de Saturno, aunque su telescopio de fabricación propia no llegó a identificarlos como tales. Galileo los describió como las “orejas de Saturno”. Hubo que esperar 45 años a que Christiaan Huygens diseñara un telescopio con la potencia suficiente para descartar las orejas y percibir que eran en realidad un sistema de anillos, con los juegos de luces y sombras que confundieron a Galileo.

Fue también Huygens quien descubrió la primera luna de Saturno, Titán, y Giovanni Domenico Cassini quien se apuntó nada menos que otras cuatro: Tetis, Dion, Rhea e Iapetus; luego llegaron Mimas y Encélado, Hiperión y más y más a medida que avanzaba la tecnología óptica. Hoy sabemos que Saturno tiene 62 lunas. Algunas, como Titán, son mayores que algunos planetas, pero solo 13 superan los 50 kilómetros de diámetro. De ahí se puede bajar hasta las lunetas (moonlets) con menos de un kilómetro de diámetro y al resto de los trocitos de hielo y roca que forman los anillos. El conocimiento sobre dos de los satélites mayores, Titán y Encélado, ha crecido en órdenes de magnitud gracias a la sonda doble Cassini-Huygens, unos datos que, de hecho, obligarán a los científicos a planear nuevas misiones allí. Las condiciones de Encélado, con sus géiseres o fumarolas de una química similar a la que, según muchos expertos, vio nacer la vida en la Tierra hace 4.000 millones de años, convierte ese satélite de Saturno en un objetivo irresistible.

Es precisamente por esa razón, para evitar contaminar con bacterias terrestres a Encélado u otros satélites de gran interés para los astrobiólogos, por la que la pobre Cassini ha sido condenada a morir penetrando en el infierno de Saturno. Si la sonda pudiera pensar, habría hecho algo parecido al discurso de Rutger Hauer. “Yo he visto géiseres en Encélado, lagos de metano en Titán”.

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