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Sikkim: el paraíso orgánico de la India

Viaje a una utopía verde hecha realidad a los pies de la Cordillera del Himalaya, donde hace una década se prohibió el uso de pesticidas para emprender una revolución ecológica

Phursa Tsuring Sherpa vive en Sikkim y trabaja su tierra sin pesticidas. Ver fotogalería
Phursa Tsuring Sherpa vive en Sikkim y trabaja su tierra sin pesticidas.

No hay aeropuerto directo para llegar al estado indio de Sikkim. Hay que aterrizar en la ciudad de Bagdogra, localizada en el colindante Bengala Occidental, y luego continuar el viaje de seis horas en coche durante las cuales parecerá alejarse de la India para entrar en otro mundo. Subir por verdes colinas, salpicadas por pequeños pueblos con casas de colores, atravesados por ríos cristalinos. Todo decorado con las variopintas banderas budistas que los lugareños cuelgan a los árboles para rezar en conexión con la naturaleza. A Sikkim le llaman la última utopía de la humanidad. Es una pequeña joya incrustada a los pies de la cordillera del Himalaya, entre Nepal, Bután, China y Tíbet. Se trata del primer estado de la India que hace ya más de una década optó por el todo orgánico, prohibiendo el uso de pesticidas y de los agroquímicos. Sustancias que habían entrado en la agricultura india en los años sesenta, durante la llamada Revolución verde, gracias a la intervención de empresas y multinacionales.

Es una transición orgánica impulsada por el Gobierno y que ha calado en la mentalidad de lugareños como Passang Karma Sherpa, campesino de 25 años que vive con su familia en Jaubari, una aldea de montaña que hospeda a un centenar de familias en el distrito Sur de Sikkim. Dista a tres horas de coche —por caminos de montaña llenos de curvas y de baches— de la capital, Gangtok, una ciudad joven y multicultural donde conviven personas procedentes de Nepal, Tíbet, India y población indígena de etnia Lepcha. Por sus calles empinadas se pueden encontrar numerosas tiendas hortícolas que venden productos orgánicos.

Passang y su mujer se acercan al campo, que se encuentra al lado de su casa, rodeado de banderas con oraciones budistas que se confunden con los colores de la ropa recién tendida. En su huerta cultivan pepinos, zanahorias moradas, jengibre y mostaza. Algunos al aire libre y otros en un pequeño invernadero que les protege en la época de los monzones. Son productos que la madre de Passang vende en una pequeña tienda familiar a pocos pasos de su hogar y al costado de la carretera. "Bienvenidos a mi aldea totalmente orgánica" saluda Passang, mostrando una planta de cardamomo de hoja larga, un cultivo típico del lugar cuyos frutos redondos y agridulces se utilizan para dar sabor a muchos platos de la comida característica de Sikkim. "Mirad: todo este verde que nos rodea ha sido reconvertido a orgánico en la última década por iniciativa del Gobierno", declara, señalándola exuberante vegetación sobre las montañas detrás de las nubes que coronan el monte Kanchenjunga, la tercera cima más alta del mundo.

En 10 años, el Gobierno de Sikkim ha convertido el 99% de la tierra para uso agrícola en cultivos orgánicos certificados

Este estado, grande como el País Vasco —que en 7.000 kilómetros cuadrados reúne a poco más de medio millón de habitantes— empezó su carrera hacía lo orgánico en 2003 con una declaración del primer ministro Pawan Kumar Chamling. La transición comenzó por cinco cultivos: trigo sarraceno, jengibre, cúrcuma, cardamomo grande y orquídea. Un proceso que aún sigue en marcha. Durante esta última década, el Gobierno de Sikkim ha logrado convertir 77.000 hectáreas, alrededor del 99% de la tierra para uso agrícola, en cultivos orgánicos certificados, sin pesticidas y sin organismos genéticamente modificados. Un trabajo que ha sido reconocido y premiado. En 2016, el primer ministro de la India, Nahendra Modi lo declaró primer estado totalmente orgánico del país. Y no solo eso. Durante ese mismo año Sikkim ha ganado el premio como destino turístico más limpio del país, otorgado por el Ministerio del Interior y ha comenzado a formar parte de los lugares patrimonio de la humanidad por UNESCO, con el parque nacional que rodea el monte Kanchenjunga.

El guardián de la biodiversidad

Phursa Tsuring Sherpa, el padre de Passang, ha sido testigo de los cambios que ha vivido su territorio. Ha transcurrido sus 65 años de vida en esta aldea, trabajando la tierra. "Nunca hemos utilizado pesticidas, pero he visto que en otras partes se utilizaban, sobre todo cuando era adolescente", recuerda. "Durante la época de la Revolución Verde se daban facilidades para su empleo y, si los utilizaban en otros lugares, las gotas llegaban también a nuestros cultivos a través del viento". Enseña con orgullo sus campos, que le permiten mantener a toda su familia. Están repletos de flores y animados por los vuelos de las abejas, que viven en unas colmenas cubiertas de donde salen para polinizar a los pepinos y a los cardamomos.

Como afirma el padre de Passang, el camino de Sikkim hacía lo orgánico había empezado antes de 2003, como confirman los datos de la organización gubernamental Sikkim Organic Mission. El consumo de pesticidas era alrededor de doce kilos por hectárea, muy escaso si es comparado con los 90 kilos por hectárea, el promedio nacional en la India. De todas formas, ha sido crucial el compromiso del Gobierno, que ha pagado 8.400 rupias (115 euros) por cada hectárea de tierra orgánica —certificada por las agencias acreditadas ante el Ministerio de Comercio e Industria— para completar el proceso en tres años. Esto ha servido para intentar suplir la posible disminución en la producción agrícola durante la transición hacía lo orgánico que los pocos campesinos que utilizaban pesticidas han sufrido, puesto que la tierra necesita años para recuperarse después de abandonar el uso de los agroquímicos. Hoy por hoy, la producción hortícola y de especias en Sikkim sigue prácticamente invariada desde 2010, según datos de Horticulture Cash & Crops Development Department. Aunque no todas las personas pueden permitirse adquirir los productos orgánicos, que son alrededor de un 20% más caros que las otras variedades.

¿Una inspiración para toda India?

Antes de ser el primer Estado orgánico del país, Sikkim tenía una historia bien marcada respecto a toda la India. Entró a formar parte del país en 1975. Era un reino aparte que decidió con un referéndum integrarse al vecino hindú antes que ceder a la seducción del tigre asiático chino. Todavía quedan tensiones entre los dos países y las fronteras siguen vigiladas por el ejército. Se necesita de un permiso especial para acceder a Sikkim que dura 15 días. Diferentes son también las leyes que regulan el cuidado del medioambiente. Sikkim ha sido el primer Estado indio en prohibir las defecaciones al aire libre y eliminar el uso de las botellas de plástico. Quienes no respetan la prohibición del uso de pesticidas, ya sea la persona que los utiliza o almacena, deberán pagar una elevada multa.

El Gobierno ha pagado unos 115 euros por cada hectárea de tierra orgánica certificada a sus propietarios para ayudarles con la transición

"Ser un estado orgánico conlleva mejorías para la salubridad de las tierras, del agua y de la calidad del aire. Es beneficioso para la salud de las familias campesinas y también para la economía, pues reciben una buena retribución e incentivos gubernamentales por su trabajo. Además, su fama internacional ha incentivado el ecoturismo y generado ingresos extras", relata el doctor Hemant Badola, científico del GB Pant National Institute of Himalayan Environment and Sustainable Development, organización gubernamental encargada de la conservación del medioambiente. "Ha cambiado también la mentalidad de las personas en toda la sociedad: desde el orgullo que anima a las autoridades por haber cumplido esta transición, hasta las familias campesinas, que han reconocido los beneficios de lo orgánico". Y concluye explicando que está llevando a cabo una investigación para cuantificar los beneficios directos e indirectos que ha podido aportar esta transición a la ciudadanía. "Queremos ser un ejemplo para nuestro país y para el mundo".

Así está siendo, sobre todo en la India. Otros nueve Estados tienen políticas sobre cultivos orgánicos o leyes que trabajan en este sentido: Karnataka, Mizoram, Kerala, Himachal Pradesh, Madhya Pradesh, Tamil Nadu, Maharastra y Gujarat. En particular, el Estado de Kerala, localizado en el sur tropical del país, ha anunciado su intención de transformarse en un territorio 100% orgánico. En la otra punta de la Cordillera del Himalaya, también el Estado de Himachal Pradesh está trabajando en el mismo sentido, para revertir la degradación del medioambiente como la desaparición de los insectos polinizadores. Durante la primavera es típico ver a los campesinos que suben las escaleras apoyadas a los árboles para polinizar una a una las flores de los manzanos, cultivo típico de este Estado, uno de los mayores productores de la India. Algo que no pasa en la aldea de Jaubari, en Sikkim. Allí abejas, abejorros y mariposas vuelan sobre las flores que adornan los cultivos de la familia Sherpa que, además de vender sus productos, ha empezado a hospedar a los turistas en su pequeña casa. Viajeros que recién han comenzado a llegar hasta su aldea de montaña, seducidos por la historia de esta utopía verde a los píes de la cordillera del Himalaya.

Realizado en Jaubari / Gangtok (Sikkim) por Monica Pelliccia y Daniela Frechero con la colaboración del Programa Journalism Grants del Centro Europeo de Periodismo, como parte del proyecto Hunger For Bees.

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