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El país de la interminable espera

Miles de personas llevan más de un año en Serbia porque sus solicitudes de asilo para la Unión Europea no reciben respuesta. Acnur, Unicef y el Ministerio de Educación preparan un plan para escolarizar a los niños

Un grupo de madres kurdas refugiadas en Belgrado, Serbia, en verano de 2015.
Un grupo de madres kurdas refugiadas en Belgrado, Serbia, en verano de 2015. Acnur

Sabereh tiene 17 años, aunque habla con tanta seguridad, firmeza y seriedad que parece mucho mayor. Su infancia ya se ha escapado en algún momento de esa vida en la que ella siempre fue refugiada. Primero, como afgana en Pakistán. Pero la inocencia se pudo haber esfumado en los meses de travesía entre Pakistán y Serbia, con su destino y el de su familia en manos de traficantes para sortear a las autoridades de todos los países que cruzó. Pudo haberse perdido entre las decisiones que los Estados europeos iban tomando durante sus meses de viaje. Cuando llegó a Serbia, Hungría acababa de levantar una valla gigante y se había reforzado la frontera con Croacia. Su viaje paró ahí.

La joven habla muy bien inglés. Sonríe poco. Lleva un año viviendo en un campo de refugiados situado a una hora de distancia de Belgrado. Está junto a sus padres y su hermana, dos años menor, a la espera de una respuesta de asilo de Europa. Una respuesta que no llega y que no le ha llegado a nadie que ella conozca. Y en las que las organizaciones internacionales no tienen mucha fe.

Ya está de vacaciones escolares, pero en los dos últimos meses del curso pudo acogerse a un proyecto mediante el que organizaciones internacionales, como el programa de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y Unicef, buscan que se pueda ofrecer una educación a los miles de menores atrapados en Serbia. Sus clases eran en serbio y no se les facilitó libros, "pero por lo menos tuve la oportunidad de escuchar el idioma, aprender durante las clases de inglés y las de matemáticas, y no sentí que estuviera perdiendo el tiempo en el campo sin hacer nada", explica Sabereh.

Mirjana Ivanovic-Milenkovski, que ejerce como coordinadora de comunicación en las instalaciones que ACNUR tiene en Belgrado, aclara que cuando Serbia era un país de paso para refugiados, había que centrarse en dar asistencia médica y alimento. "Pero ahora contamos con una población que ha llegado a ser fija en el país. Además de la necesidad de ofrecer servicios sanitarios, alojamiento y comida a diario, también hay que ofrecer educación a los menores".

Educación para todos los menores

Recuerda la representante de ACNUR que de acuerdo con la legislación serbia, todos los menores que pasen más de un mes en el territorio deben recibir educación. "Y esto no se está cumpliendo", asegura. Los cálculos de la organización apuntan a que, de las casi 7.000 personas registradas en Serbia, casi la mitad son menores de edad y la mitad de estos están solos en el país.

De las casi 7.000 personas registradas en Serbia, casi la mitad son menores de edad

"Quiero ser neuróloga, y mi hermana dice que quiere ser piloto de avión", dice Sabereh. Su rostro se muestra preocupado: "Siempre he querido estudiar Medicina, pero ya no sé si podré, ya he perdido dos años de educación y quién sabe cuántos más perderé", explica, para luego preguntar:"¿Se sabe algo sobre si Europa está aceptando las demandas de asilo?".

Por el momento, durante el verano, las dos hermanas asisten a cursos que imparten asociaciones locales como Psychosocial Innovation Network o Refugee Aid Serbia, que disponen de programas especializados para la integración social de los llamados refugiados. “Voy a clases de inglés e informática, y a los talleres que me parecen interesantes”, explica.

Hay una larga lista de organizaciones que se han ido creando en torno a los refugiados durante este último año, en muchos casos por personas llegadas de otros países que trabajan sin ánimo alguno de lucro y que no quisieron cerrar los ojos ante lo que está sucediendo a un paso de Europa. Sobre ellas recae la responsabilidad de que esta crisis humanitaria no haya llegado a más. Trabajan por cubrir las necesidades básicas de los refugiados y por ofrecer alternativas de ocio. Y normalmente viven del dinero que consiguen a través de campañas de captación de fondos en internet.

Ampliar el cupo de los centros escolares

"La idea es que más niños comiencen al colegio el próximo año escolar, que arranca en septiembre", aclara Mirjana Ivanovic-Milenkovski desde ACNUR. Unicef y el Ministerio de Educación están trabajando para incrementar la capacidad de las escuelas locales, según las informaciones de esta agencia de refugiados, aunque los planes todavía no se han concretado. Gracias a esta clase de iniciativas, el pasado curso 90 menores de este colectivo pudieron volver a las aulas durante los últimos meses. De todos modos, hay una traba: la burocracia en Serbia funciona muy lenta y ni siquiera todos los menores están en campos de refugiados. Muchos incluso viven en la calle.

El pasado curso 90 menores refugiados pudieron volver a las aulas durante los últimos meses

Explica Milenkovski que se ha contemplado que hay "una barrera lingüística” pero las asociaciones confían en la idea de que los niños aprenden más rápido. “Es muy positivo que puedan socializar, trabajar con otros niños, para conseguir una mayor inclusión social y un intercambio cultural en este nuevo país en que los refugiados están apartados. Para los padres es bueno tener unas horas para sus cosas, en un ambiente tan estresante como el que están viviendo”, concluye.

Puertas cerradas y mucha incertidumbre

La familia de la joven Sabereh, como tantas otras personas, ha solicitado asilo a Hungría por recomendación de las autoridades. El objetivo es moverse después hacia el país al que quieren llegar, Alemania, donde ya tiene parientes. Sin embargo, en la práctica Hungría no es país para refugiados. Sus gobernantes han dicho que no aceptarán a nadie más aunque esto suponga asumir una multa millonaria desde la Unión Europea. Polonia y República Checa han adoptado la misma postura. En general, las cifras no muestran muchas más esperanzas: en 2015 los países del territorio se comprometieron a acoger a 160.000 personas y, a dos meses de que se acabe el plazo, las promesas no se han cumplido.

En el caso de España, como va informando a tiempo real la iniciativa Venid Ya, queda un mes para reubicar a más de 15.000 personas, cerca del 90% de lo prometido hace casi dos años en el acuerdo de Bruselas.

La competencia que estos miles de afganos encerrados en Serbia tienen es grande: en caso de acogida, las personas sirias en Turquía y Grecia parecen ser la prioridad para los países europeos. Afganistán es un conflicto que ya se ha alargado demasiado en el tiempo como para ser considerado de urgencia.

"No sabemos qué va a pasar"

Las asociaciones humanitarias necesitan fondos a largo plazo, mientras que el Gobierno de Serbia quiere que la Unión Europea apoye más planes educacionales y de salud. "No sabemos qué va a pasar en el futuro", explica la portavoz de ACNUR. Se ha creado un plan de respuesta a migrantes y refugiados que se centra en seis aspectos como la nutrición, la educación y los servicios sanitarios, además de una mejora de los campos y del transporte para moverse fuera de ellos en caso de emergencia.

Sabereh, su hermana y algunas amigas en un festival por la integración en Belgrado. ampliar foto
Sabereh, su hermana y algunas amigas en un festival por la integración en Belgrado.

Ante la falta de respuesta a las demandas de asilo, muchos jóvenes, sobre todo aquellos hombres o niños que han llegado solos, tratan de llegar a la Unión Europea de forma ilegal. "El juego", como llaman a esta práctica, consiste en pasar varios días y noches en el bosque que separa Serbia de Croacia hasta conseguir llegar a este país, que desde 2013 forma parte de la UE. Son jornadas de dormir de día a la intemperie y de caminar de noche sin luz para no ser descubiertos. Las organizaciones locales presentes en la región ya han denunciado en varias ocasiones que la policía croata se muestra violenta con aquellos jóvenes a los que pilla en el camino, que les roban lo que llevan encima y que los devuelven a Serbia aunque los encuentre ya en Croacia y lejos de la frontera, todas ellas prácticas ilegales.

Las familias no pueden permitirse participar en este arriesgado juego. Es peligroso y cansado, por lo que solo les queda esperar. Desde que las fronteras fueron reforzadas, el precio de los traficantes se ha duplicado hasta unos 3.000 euros para cruzar, según informan los propios refugiados, que se quejan de que ni siquiera con ellos se consigue el objetivo en muchos de los casos. Hay quienes ya se han gastado alrededor de 4.000 euros por persona para llegar desde Afganistán hasta Europa. En el caso de las familias, esto supone una inversión millonaria. Y los ahorros se van agotando ya que los refugiados, al ser considerados migrantes ilegales, no tienen permitido trabajar en Serbia.

“Las autoridades serbias deberían mejorar su sistema de asilo para distinguir entre migrantes económicos y refugiados. Sucede que los afganos, iraquíes y pakistaníes (mayoría de los que se encuentran en Serbia) consiguen poco el asilo, no es como el caso de las personas de Siria. Pero eso no quiere decir que no sean refugiados y que no sean víctimas de la violencia en sus países. Hay que contar con profesionales que analicen cada caso de forma individual. De hecho, calculamos que en Serbia el 85% cumple requisitos para pedir asilo”, rezan las recomendaciones que ha presentado ACNUR a las autoridades.

En Serbia el 85% cumple requisitos para pedir asilo

Pedir asilo en Serbia

También han planteado la opción de que presenten solicitudes oficiales para quedarse en Serbia y vivir de forma legal en el país, abunda Milenkovski. "Cuando lo propusimos, más de 2.500 personas expresaron su interés, pero finalmente solo 94 lo hicieron. Incluso muchos de quienes lo han pedido también tratan de irse”.

Suena bien, pero en la práctica, de nuevo, la lentitud de la burocracia choca con la propuesta. Noor es uno de los que ha pedido asilo en el país. Lleva tiempo aprendiendo serbio y ya es capaz de tener conversaciones cotidianas en el idioma local. Ha conocido nuevos amigos gracias a las asociaciones creadas para la integración social y le gusta el país. Lleva ocho meses esperando una respuesta a su solicitud. “Aquí las leyes cambian tanto como el clima” y lo dice apuntando a un cielo que se muestra tan versátil que no permite adivinar si va a caer una tormenta o si va a volver el sol.

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