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Irresponsabilidad

La izquierda alternativa catalana debe aclararse sobre el referéndum

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, y Xavier Domènech, portavoz de En Comú Podem (al fondo), se reunieron en marzo en el Congreso con el presidente del Pacto Nacional para el Referéndum.
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, y Xavier Domènech, portavoz de En Comú Podem (al fondo), se reunieron en marzo en el Congreso con el presidente del Pacto Nacional para el Referéndum.

La escalada de tensión entre la marca catalana de Podemos y la dirección nacional en vísperas del referéndum anunciado para el 1 de octubre ha vuelto a poner en evidencia la debilidad argumental de la formación de Pablo Iglesias sobre la cuestión catalana. Y lo hace tanto en el terreno del discurso político como en el de la propia organización interna. El partido que hace bandera de su defensa del referéndum catalán a nivel nacional quiere cortar las alas a su líder en Cataluña, Albano Dante Fachín, porque llama a participar precisamente en esa votación.

Al mismo tiempo, la formación que más presume de su organización de corte federal y que más lecciones sobre democracia interna se permite dar a otros partidos quiere echar a la brava a un dirigente territorial que ganó unas primarias hace apenas un año. No son estas las mejores cartas de presentación para un partido que dijo venir para renovar la manera de hacer política de España.

La cuestión de fondo que debe plantearse Podemos es si tiene o no un discurso y un plan para Cataluña. No es lo mismo defender un referéndum acordado que llamar a participar en una votación convocada unilateralmente y sin ningún tipo de garantías como la que propone hoy el presidente catalán, Carles Puigdemont.

Hasta ahora la dirección de Podem-Catalunya ha evitado o no ha querido coger el debate por los cuernos y ha emprendido una huida hacia adelante dejando cualquier posicionamiento en manos de las bases. Con esta actuación, su dirección territorial ha querido evitar el desgaste propio buscando el entendimiento con una militancia que se encuentra totalmente dividida sobre la independencia. Las bases pueden decidir, pero es deber de cualquier dirección política encauzar los debates, darles forma y avisar sobre la razonabilidad o no de los mismos.

Es sorprendente que Podemos y su marca catalana no entiendan que las divisiones que afloran en su seno por la cuestión soberanista no son más que un gol de campeonato por parte de sus rivales políticos, que en Cataluña, no lo olvidemos, son los independentistas. Desde el entorno secesionista se bombardea por tierra mar y aire tanto a Podem como al flamante partido de Ada Colau, Catalunya en Comú, por su supuesta tibieza a la hora de defender el referéndum. Los independentistas no aceptan otro discurso que no sea la rendición sin condiciones ante la idea del referéndum ilegal que propone Puigdemont.

Y Podemos debe saber que la actitud perdonavidas del independentismo hacia ellos no aflojará por el simple hecho de no oponerse radicalmente a la votación como hacen los otros partidos nacionales en Cataluña. Resulta urgente que el espacio de la izquierda alternativa catalana, especialmente la que tiene responsabilidades en instituciones clave como el Ayuntamiento de Barcelona, aclare sus ideas sobre qué piensa hacer ante el escenario que se abre en otoño. Si no lo hace habrá cometido una irresponsabilidad histórica.

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