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SERIE | Análisis COOPERACIÓN (4)

Innovar para comer

No hay futuro para la seguridad alimentaria del planeta sin una revolución de la creatividad

Semillas de cebolla.rn
Semillas de cebolla.

Hablar de innovación en políticas agrarias y de abastecimiento de agua puede parecer un oxímoron. Pocos sectores tan fundamentales para el desarrollo humano son percibidos como un asunto tan atávico e imposible de transformar, sobre todo si nos referimos a las zonas rurales de los países pobres. Sin embargo, son muchos los ámbitos en los que hay cabida para la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i). De hecho, no hay futuro para la seguridad alimentaria del planeta sin una revolución de la creatividad.

El potencial para desarrollar nuevas herramientas es enorme: en la producción agraria y el procesamiento de alimentos, con semillas mejoradas, técnicas de manejo de cultivos, maquinaria, riego, productos fitosanitarios o fertilizantes. En los nuevos modelos de producción y distribución relacionados con el acceso a mercados, la información y la transparencia. En la gestión del riesgo, dotándose de reservas de grano, seguros agrarios, fuentes de ingresos diversificadas y esquemas de protección social. En la gobernabilidad de los sistemas de alimentos, desde las experiencias de economía circular y producción y consumo local a las reservas virtuales de grano y la regulación de los mercados internacionales de alimentos. En el caso del acceso al agua y al saneamiento, las innovaciones pueden venir tanto del desarrollo tecnológico como de los modelos de gestión a todos los niveles.

En el mundo, 795 millones de personas pasan hambre, casi 150 millones de menores de cinco años tienen un peso peligrosamente bajo y el 40% de la población padece escasez de agua

Es difícil exagerar la relevancia de este esfuerzo. A pesar de los importantísimos avances que se han logrado desde la década de los 90 en la lucha contra el hambre y el abastecimiento de agua potable, todavía 795 millones de personas sufren desnutrición crónica, casi 155 millones de niños menores de cinco años tienen un peso peligrosamente bajo y una de cada cuatro personas pasa hambre en África, mientras que el 40% de la población mundial sigue padeciendo escasez de agua.

El siglo XXI plantea, además, enormes retos para la seguridad alimentaria y la provisión de agua y saneamiento en el mundo: por un lado, el crecimiento de la población mundial, que se estima alcanzará los 9.000 millones de personas en 2050. Por otro, los hábitos de consumo que acompañan a los procesos de urbanización van a aumentar considerablemente la demanda de productos procesados (sobre todo carne y lácteos) y de agua potable. Todo ello se produce en un contexto de recursos naturales finitos que ya están sobreexplotados, bajo los impactos del cambio climático que alteran las condiciones de producción y los ecosistemas en su conjunto, aumentando la incidencia de sequías y procesos de desertificación, y ante una desigualdad creciente que supone una amenaza para las necesidades e intereses de las poblaciones más vulnerables del mundo.

Las respuestas a estos retos no son fáciles, pues deben garantizar la sostenibilidad de los sistemas de producción agraria y de gestión de los recursos naturales, así como la resiliencia de las familias más vulnerables que dependen de la agricultura para su subsistencia. Se trata de problemas enmarañados, donde es primordial desarrollar ideas nuevas para resolverlos y aglutinar una coalición de actores dispuestos a llevarlas a escala.

La cooperación (española y de otros donantes) puede desempeñar un papel muy importante en la generación de Círculos virtuosos que hagan frente a estos problemas enmarañados. Un buen ejemplo de ello es la puesta en marcha de un ambicioso programa regional de reservas de alimentos para los países de África del Oeste que está liderando la CEDEAO (la Comunidad Económica de Estados de África Occidental, a la que pertenecen 15 países de la región). Este programa combina centros de acopio gestionados a nivel local y apoyados por ONG como Oxfam, con reservas de grano nacionales y un sistema de coordinación y seguimiento regional. De hecho, aglutina el trabajo de las instituciones regionales, nacionales e internacionales (CEDEAO, CILSS, AECID, Programa Mundial de Alimentos, FAO, Comisión Europea, y Ministerios de Comercio, Economía, Agricultura y Seguridad Alimentaria), así como de universidades y numerosas organizaciones de la sociedad civil local.

El siglo XXI plantea enormes retos: el crecimiento de la población mundial, el aumento de la demanda de productos procesados y agua potable. Todo ello, en un contexto de recursos naturales finitos ya sobreexplotados

Este esfuerzo llega tres décadas después del ajuste que desmanteló los sistemas nacionales de compra, almacenamiento y distribución de grano en los países de África Subsahariana, y después de que la crisis de los precios de los alimentos en 2008 pusiera de manifiesto la enorme vulnerabilidad a la que habían quedado expuestos los productores y consumidores más pobres del mundo. Y se abrió así una ventana de oportunidad para un cambio de paradigma sobre el papel de las reservas de grano que puede significar un paso muy importante en la vida de miles de campesinos africanos. La acción coordinada de estas instituciones –que se reparten las tareas, incluida la financiación– es un ejemplo de lo que puede ser un círculo virtuoso en la cooperación.

Abordar la seguridad alimentaria y el abastecimiento de agua potable en las zonas más pobres del planeta puede resultar en excelentes oportunidades que desencadenen el tipo de Círculos Virtuosos para la cooperación que planteamos desde ISGlobal y el Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid (itd-UPM). Solo se logrará cumplir con el objetivo de la Agenda 2030 de “no dejar a nadie atrás” si se enfrentan estos retos con respuestas que combinen la innovación, la investigación, el desarrollo focalizado en las comunidades más vulnerables y nuevos sistemas de gobierno que conecten lo local con lo global. El nuevo Plan Director para la Cooperación Española que está definiéndose en estos días debería dar una apuesta clara para incorporar mecanismos que integren estos elementos.

Teresa Cavero es investigadora asociada al CIECODE.

Este es el cuarto artículo de una serie de cinco piezas que analizan el concepto de los Círculos virtuosos de la cooperación y su relevancia para el futuro de la ayuda al desarrollo española. Utilizando ejemplos de los sectores de la energía, la salud global y la seguridad alimentaria, la serie ilustra la importancia del conocimiento y la innovación en la resolución de problemas complejos del desarrollo. Los Círculos virtuosos es una idea concebida conjuntamente por el Centro de Innovación y Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid y el Instituto de Salud Global de Barcelona.

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