Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Diálogo, no monólogo

Puigdemont debe reconsiderar su rechazo a comparecer en el Senado

El presidente catalan, Carles Puigdemont.
El presidente catalan, Carles Puigdemont.Albert Garcia (EL PAÍS)

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pidió al Senado usar su sala de plenos para dar una conferencia en favor del referéndum secesionista. Los grandes grupos parlamentarios, popular y socialista, le ofrecieron una alternativa más institucional, una comparecencia oficial ante la Comisión General de las Comunidades Autónomas.

Es una idea oportuna, que Puigdemont calificó ayer de “ocurrencia”, lo que se entendió como un rechazo de entrada. Sería bueno que el PP y el PSOE le cursaran una invitación formal para que compareciera, así quedaría en evidencia si realmente prefiere el diálogo o el monólogo.

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La que dio en Bruselas se amplificó desde la Generalitat como comparecencia “desde el Parlamento Europeo”, cuando solo era desde una sala prestada, no desde el hemiciclo. ¿Acaso se quiere solo vender al exterior la cerrazón del Estado ante una petición pacífica de Cataluña, acumular negativas que pudiesen legitimar ante Europa la posterior ruptura unilateral?

Si esa no es la intención, comparezca en buena hora Puigdemont en la Cámara alta, con todas las garantías reglamentarias, como un gobernante y no como un mero conferenciante. Juegue en el campo central, no en un rincón.

Además, ese primer debate podría generar una dinámica benéfica para todos: un libro blanco, una auditoria política, una subcomisión que estudie a fondo la cuestión catalana, con aportaciones de todos. Institucionalizar el diálogo es mejor que enquistarse en monólogos.

Quizá eso sea hoy ilusorio. Los secesionistas desafiaron ayer en el Parlament, de nuevo, toda legalidad. Votaron los presupuestos sin eliminar la partida atribuida a la convocatoria de un referéndum (legal o unilateral), lo que el Tribunal Constitucional había desautorizado. Desafiaron el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias y a los juristas de la Cámara.

Mientras proclaman el diálogo, practican el desacato al Estatut. No es la salida óptima a la presión social contraria que afrontan, también en Cataluña. Lo demostró también la sentencia del Supremo contra el exconsejero Quico Homs por desobedecer al Constitucional el 9-N. Dialoguen.

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