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El pragmatismo sella el romance entre China y Suiza

El recibimiento de Xi Jinping en Zúrich confirma las buenas relaciones de los dos países

El presidente de China, Xi Jinping participando en  World Economic Forum in Davos, Suiza AP PhotoMichel Euler
El presidente de China, Xi Jinping participando en World Economic Forum in Davos, Suiza AP Photo/Michel Euler

Puede afirmarse que la visita de Estado de Xi Jinping a Suiza ha sido un hito que ha implicado un despliegue sin precedentes. El presidente chino fue recibido en Zúrich por la presidenta de la Confederación, Doris Leuthard, y el Consejo Federal (el Ejecutivo) en pleno. Tras su muy comentado paso por el Foro de Davos, donde Xi hizo una encendida defensa del liberalismo y la globalización, la visita continuó en Berna, Lausana y Ginebra.

No hay que olvidar que la pequeña Suiza y la inmensa China firmaron en 2014 un Tratado de Libre Comercio del que esta visita es una clara celebración. Pero si algo ha llamado la atención de los medios de comunicación suizos han sido las medidas de seguridad, juzgadas como “vergonzosas” en un país democrático.

Como ejemplo, baste apuntar que el Palacio de las Naciones, sede europea de la ONU, debió vaciarse de diplomáticos y personal antes de la visita del presidente chino por exigencia de sus servicios de seguridad. Sin mencionar los arrestos de manifestantes protibetanos, o la imposibilidad para los periodistas de acercarse o entrevistar al líder chino.

Suiza se ha mostrado complaciente, pues nada parece ser bastante para satisfacer al invitado que piensa abrir nuevos bancos en Ginebra o que ha firmado acuerdos comerciales y de cooperación científica.

De hecho, la presencia china crece cada día, y sus turistas pueden ser vistos día y noche recorriendo en grandes grupos las calles de Lucerna, Berna o Interlaken comprando relojes, ropa o las famosas navajitas suizas.

De todas maneras, a pesar de los parabienes formales, la prensa suiza ha valorado la visita como “agridulce” e incluso el ministro de Asuntos Exteriores, Didier Burkhalter, lamentó que Xi “no accediera a responder a las preguntas de la prensa suiza”. Pero es evidente que en el actual romance entre los dos países se impuso el pragmatismo helvético.

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