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Esta es la diferencia de que una foto de una niña sea científica o sexual

Cómo los médicos usamos o no este tipo de instantáneas infantiles y qué se considera normal y qué no

Caso Nadia
Un médico hace foto a un paciente.

El pasado viernes me llamaron de un programa de televisión de ámbito nacional para dar mi opinión en el caso Nadia Nerea sobre unas fotos de la niña aparecidas en un soporte informático del padre supuestamente para control dermatológico y que el juez acusa como exhibicionismo sexual. Aparte de lo truculento del caso, en el que no voy a entrar, lo que pude comentar iba en la dirección de cómo los médicos usamos o no ese tipo de fotos infantiles y qué se considera normal y qué no.

Los libros de dermatología, y no digamos ya de venereología, podrían catalogarse abiertamente como pornográficos, si no tuvieran algún determinante que los diferencie de las revistas eróticas. En general, estos libros son difíciles de seguir después de comer y son bastante desagradables por muchos órganos sexuales que salgan. ¿Dónde está la diferencia y qué hace a una foto científica y no sexual?

Primero, la pose suele ser neutra, no sugerente. Si es de cuerpo entero será anatómica con las piernas mínimamente separadas y los brazos alineados a lo largo del cuerpo con los pulgares hacia afuera. Y si es de parte la foto se circunscribirá a lo mínimo posible, enmarcando de cerca la lesión a describir fotográficamente y en el caso que en el encuadre aparezcan genitales o los ojos del niño, por los que se le pudiera reconocer, es costumbre editar y tapar órganos y características identificativas.

Intimidad, no debemos olvidar la intimidad, y el pudor de cada cual cuando hacemos fotos. Hay que pedir permiso al niño si es mayorcito y, por supuesto, a sus padres indicándoles para qué y qué uso se le va a dar a esa foto, enseñándoles siempre el resultado y no dudando en borrar a la menor contrariedad. Por muy interesante que sea la lesión que queremos inmortalizar, si no hay pleno consentimiento no debemos forzar la situación.

¿Y los padres? Es habitual que los niños estén constantemente filmados y fotografiados cuando llevamos en el bolsillo la tecnología suficiente para guardar para la posteridad esos momentos. Su primer baño, su llanto, sus primeros pasos, sus gestos ante la primera papilla de frutas, un vídeo de cómo se come un cocido él solo con seis meses o grabar sus trastadas con cámara oculta. Es frecuente que guardemos un archivo con todas esas fotos, antes en papel, hoy en un pendrive o disco duro. Es frecuente también que esas fotos acaben en las redes sociales porque las compartimos con familiares o amigos por WhatsApp, Facebook o Instagram y así perduren para toda la eternidad hasta el apagón final.

¿Qué opinarán los niños cuando dejen de ser niños y accedan a la red social del momento y puedan ver sus fotos con una mirada de 14 o 16 años? ¿Cómo influirán en su relación con los compañeros de clase no siempre amigos?

Llevo más de seis años dedicado a ayudar a padres y madres a través de las redes sociales. Primero fue el grupo de Facebook El médico de mi hijo y después en Mamicenter y en este tiempo hemos recibido cientos de fotos y vídeos de niños para documentar la consulta. Granos sospechosos de varicela o de urticaria, manchas de la piel y rojeces varias, placas de dermatitis, posibles hongos, deformidades, caries y dientes mal colocados, heridas de todo tipo permanecen en el archivo y algunas en la retina todavía de muchos de nosotros, vomitonas por si pudiera apreciarse sangre, cacas de todos los tipos y colores y aunque son la anécdota escatológica no dejan de ser habituales.

Mucho más nos ha preocupado otro tipo de fotos que se reciben y se publican en abierto y que inmediatamente se borran, como “mira mi niña que graciosa y que guapa está” con “el disfraz de carnaval de fulanito” y sobre todo las más explicitas donde se puede identificar al niño o directamente preguntan por la fimosis del peque o la irritación vulvar de la nena.

Las redes están llenas de gente enferma que puede rastrear y detectar este tipo de imágenes a saber con qué fines, ninguno bueno. No es un miedo irracional a un medio desconocido, no, creo que después de este tiempo y con un grupo de 37.000 personas hemos podido aprender cómo manejarnos y hemos visto de todo, no son bulos, hay gente delirante mirando, la exposición innecesaria de los niños no es una buena práctica en las redes y no lo tenemos todavía debidamente asimilado.

Si nosotros ya adultos no lo tenemos claro y seguimos subiendo fotos y vídeos, ¿qué enseñanza damos a nuestros adolescentes? ¿Cómo conseguir que sean conscientes del riesgo de colgar un vídeo atrevido, una foto sugerente, o directamente de un delito como una agresión, un robo o unos destrozos? El ejemplo es la mejor enseñanza que podemos dar a nuestros hijos. Si están instruidos en buenas prácticas podrán pronto incorporarse al mundo digital con seguridad, el retrasarles el móvil o la Tablet o el acceso a internet en general no genera más seguridad, no favorece el buen uso, sino un uso a escondidas y que atrae el gusto por lo prohibido.

Si fueras a poner una foto tamaño cartel en la plaza del pueblo de tu hija te pensarías mucho si hacerlo porque lo verían todos los vecinos y, sin embargo, cuando lo puede ver todo el mundo en una plaza pública como es una red social, ¿no os lo planteáis?

No entro a dilucidar si una foto es o no adecuada, si respeta la intimidad del menor o si es abusiva, será el uso que hagamos de ella lo que la transforma en pornografía o en una simple agresión a la intimidad o el pudor del menor. En ambos casos deberíamos pensarlo antes de disparar la foto.

Mirad a la cámara….”pa..ta..ta…”. Click o no click, esa es la cuestión.

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