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De una aldea de 10 casas a líder de innovación del Banco Mundial

El español Bruno Sánchez-Andrade utiliza las nuevas tecnologías para luchar contra la pobreza

El astrofísico español Bruno Sanchez-Andrade Nuño en el Foro de Davos, en enero.

A comienzos de este año, un chaval sonriente apareció vestido con el traje tradicional asturiano en el Foro de Davos, la reunión anual de ricos empresarios, políticos e intelectuales en el paraje de los Alpes suizos que inspiró La montaña mágica, de Thomas Mann. Por los pasillos del Foro Económico Mundial caminaban la elegante reina Rania de Jordania y, encorbatados, Joe Biden, vicepresidente de EEUU, y Enrique Peña Nieto, presidente de México. Y, a su lado, el astrofísico español Bruno Sánchez-Andrade Nuño (Oviedo, 1981), vestido de asturiano, con la típica montera picona en la cabeza. “La gente me preguntaba si iba disfrazado de un personaje de El Señor de los Anillos”, recuerda entre risas.

Sánchez-Andrade Nuño pide siempre que aparezcan sus dos apellidos porque está “orgulloso” de sus padres y de sus esfuerzos por darle una educación. Cuando nació, su madre era limpiadora y su padre era el percusionista de Nuberu, un grupo musical ligado al comunismo que surgió en 1976 para reivindicar la cultura y la lengua asturianas. Hoy, aquel niño nacido y crecido “en la Asturias rural de pueblo de 10 casas, de verbenas de prao, de paisajes verdes y de cielos estrellados” es responsable de Big Data en el Laboratorio de Innovación del Banco Mundial, en Washington (EE UU).

Sánchez-Andrade se doctoró en Astrofísica en la Sociedad Max Planck y trabajó con la NASA antes de abandonar la investigación

Sánchez-Andrade cuenta que aquel cielo nocturno asturiano despertó su vocación desde niño. “No sabía leer y ya quería ser astrónomo”, recuerda. Así que en 2005 se licenció en Física en la universidad tinerfeña de La Laguna, con acceso a los observatorios astronómicos canarios; en 2008 se doctoró en Astrofísica en el Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, en Gotinga (Alemania); y se mudó a EE UU para estudiar la superficie del Sol en proyectos de la NASA. Hasta que en 2011 abandonó la investigación académica.

“Dejé la investigación porque me encanta la ciencia”, sostiene. Este viernes, intentará explicar este aparente sinsentido en la jornada TEDxGracia, en Barcelona. “Hay muchas cosas que son ciencia y no son investigación”, adelanta. En 2011, Sánchez-Andrade fue fichado como director científico del polémico Global Adaptation Institute, una organización apadrinada por el conservador José María Aznar y acusada por Ecologistas en Acción de intentar sacar “tajada económica” del calentamiento global. La multinacional estadounidense NGP Energy Capital Management, especializada en inversiones en petróleo y gas, ponía millones de dólares en la entidad.

Bruno Sánchez-Andrade, en un acto del Banco Mundial.
Bruno Sánchez-Andrade, en un acto del Banco Mundial.

Pero el astrofísico español defiende el trabajo que realizó allí: un índice para mostrar la vulnerabilidad de cada país al cambio climático, con el fin de orientar las inversiones de las empresas para responder a ese desafío mundial. “En aquella época, hablar de adaptación al calentamiento global era conceder la derrota. Nosotros decíamos que los países más afectados —que en una doble desigualdad son los que menos CO2 emiten— debían prepararse para los cambios”, explica.

Sánchez-Andrade se ríe de su capacidad para cruzarse en el camino de líderes del Partido Popular. En enero de 2014, cuando era jefe científico de la empresa estadounidense de mapas Mapbox, el astrofísico se encontró con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una recepción que se celebraba en la residencia del embajador español en Washington. El astrofísico llevaba encima unas Google Glass, un dispositivo de realidad aumentada que todavía no estaba en el mercado. Rajoy las vio y se acercó para probarlas. La foto de ambos dio titulares en España.

Bruno Sánchez-Andrade coloca las Google Glass a Rajoy, en 2014.
Bruno Sánchez-Andrade coloca las Google Glass a Rajoy, en 2014.

El asturiano trabaja desde enero de 2015 en el departamento de big data del Banco Mundial. “Mi función es pensar en cómo utilizar estas nuevas tecnologías para perseguir los dos objetivos del Banco Mundial: poner fin a la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida”, afirma.

El denominado big data es el proceso de recolección de inmensas cantidades de datos y su análisis para encontrar información valiosa. “Las herramientas para estudiar imágenes de satélite de personas desplazadas en Sudán son las mismas que yo utilizaba para investigar el Sol”, señala el asturiano.

El astrofísico detalla uno de sus proyectos más recientes: Nightlights.io, una plataforma de código abierto para rastrear la luz nocturna en zonas rurales de países con limitado acceso a la electricidad. La herramienta ha conseguido analizar la huella luminosa de las 600.000 poblaciones de India a lo largo de los últimos 20 años, gracias a los 1.300 satélites que tienen en órbita los organismos espaciales de todo el planeta.

"Hay un valor en tener a científicos en gobiernos, en empresas, en ONG, porque hemos desarrollado herramientas para absorber la complejidad”

“La electrificación es muy importante para la seguridad. India ha hecho un montón de esfuerzos. La cuestión es que a veces no hay luz, aunque haya cables, porque hay problemas de mantenimiento. Nightlights.io nos permite ver cómo de efectivos son los esfuerzos de electrificación”, celebra Sánchez-Andrade.

El astrofísico habla con pasión de otro proyecto. En 1999, la Policía serbia sacó a los hombres y a los niños de la aldea Krusha e Madhe, en Kosovo, y los asesinó de un disparo en la cabeza. Las mujeres huyeron y, tras la guerra, decidieron regresar a su pueblo y organizarse en cooperativas para, por ejemplo, cultivar pimientos y venderlos en la región. “Los títulos de propiedad desaparecieron en la guerra”, apunta Sánchez-Andrade. El Banco Mundial calcula que casi el 70% de la población del planeta tiene problemas de acceso a sistemas de derechos sobre la tierra, sobre todo las mujeres.

El organismo de Naciones Unidas colabora con el Gobierno de Kosovo para crear un catastro nacional e impedir que muchas mujeres se queden sin créditos porque no tienen documentos de propiedad de sus tierras. “Hemos ido a Krusha e Madhe y hemos volado un dron durante tres días, para obtener mapas de muy alta resolución. Hemos logrado acelerar el proceso de regulación de las tierras, que podría haberse alargado un año más”, aplaude el astrofísico.

Sánchez-Andrade hace un llamamiento a favor de la ciencia en todos los niveles. “Hay un valor en tener a científicos en gobiernos, en empresas, en ONG, porque hemos desarrollado herramientas para absorber la complejidad”, proclama. Los científicos, opina, pueden aportar otros puntos de vista. Como cuando acudió al Foro de Davos con el traje tradicional asturiano. "En la invitación de la gala decía que se podía ir con pajarita o con traje tradicional, como hacían los mongoles y algunos africanos. ¿Por qué no ir con el traje de protocolo asturiano?".

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