Periodismo comunitario: la voz de los silenciados

El reporterismo ciudadano resiste en las favelas de Río de Janeiro pese a las detenciones arbitrarias y agresiones de la Policía Militar

Alumnos del Curso de Comunicación Comunitaria, "O Cidadão" 2016.
Alumnos del Curso de Comunicación Comunitaria, "O Cidadão" 2016. Valdirene Militão
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Periodismo a pie de favela. En las de Río de Janeiro existen medios de comunicación alternativos dirigidos por periodistas ciudadanos, jóvenes que han descubierto una herramienta única de supervivencia, de denuncia y de expresión de su identidad y cultura. Internet y las nuevas tecnologías son sus mejores aliados y, gracias a ellos, llegan a informar en vivo de aquellas realidades que los medios tradicionales a menudo callan.

Los temas que abarcan estos medios son diversos e intentan ir más allá de cualquier estereotipo: “La cobertura de los medios comerciales de Brasil es sensacionalista. Lo importante para ellos es vender la noticia más chocante y sorprendente. No importa si se trata de noticias racistas o que nos criminalizan”, asegura Thaís Cavalcante, del periódico 'O Cidadão', fundado en el Complexo favelado da Maré en 1999. “Siempre hemos sido mucho más que violencia, solo que ellos no quieren verlo”, asegura la comunicadora de 22 años.

Luchar contra los prejuicios del favelado es también un objetivo compartido por la primera Agência de Notícias da Favela (ANF) del mundo, fundada por el periodista André Fernandes en 2001, y que hoy cuenta con más de 300 colaboradores en diferentes barriadas de Brasil. “Se piensa que lo que los medios convencionales relatan sobre criminalidad es extensible para todos dentro de la favela cuando, por el contrario, no llegan al uno por ciento los involucrados en algún tipo de actividad delictiva”, aclara Fernandes.

Así, si bien estos periodistas también hablan de balas perdidas y de violencia; en otras noticias abordan temas relacionados con el medio ambiente, la cultura popular, la memoria colectiva, y sobre todo, la violación de derechos humanos a manos del Estado: “Es difícil asegurar que las violaciones proceden solo por parte de la policía. También están ahí la falta de plaza en las guarderías y colegios; la ausencia de hospitales; de alcantarillado, etc. solo que las violaciones policiales son las que más gritan”, se lamenta Fernandes, también fundador del periódico A Voz da Favela, con una tirada de cincuenta mil ejemplares.

Ojos que incomodan

“Por la libertad de expresión e información: intentaron silenciarnos, pero nuestra voz también está en la punta de los dedos que escriben cada post. Intentaron silenciarnos, pero nuestra voz está en la lente del móvil o de la cámara que graba y comunica. Intentaron silenciarnos, pero nuestra voz está en la colectividad de cuidarnos unos a otros. [...]” escribieron, el pasado 2 de octubre, miembros del colectivo independiente Papo Reto en su página de Facebook.

Con esta declaración querían mostrar todo su apoyo a los periodistas favelados Rene Silva y Renato Moura, ambos integrantes del medio independiente Voz das Comunidades, detenidos por la Policía Militar a principios de octubre acusados de desacato a la autoridad. ¿Su delito? Transmitir en vivo a través de un teléfono móvil el desalojo forzoso de la favela de Skol, complexo do Alemão, zona norte de RJ. El dispositivo fue requisado y ambos pasaron varias horas en comisaría. Los policías también dispararon pelotas de goma y gas pimienta contra otro periodista.

“Es extremadamente grave que la Policía Militar de Río de Janeiro haya atentado contra la libertad de prensa y violentado el derecho a la información. El equipo de un periodista nunca puede ser requisado, bajo ninguna hipótesis. La vida de un profesional de la comunicación no puede ser puesta en riesgo. Son prácticas inaceptables en un Estado democrático”, denunció en un comunicado la Associação Brasileira de Jornalismo Investigativo (ABRAJI).

No obstante, convivir con la intimidación y la represión policial es algo rutinario para estos profesionales. De acuerdo con esta misma asociación, desde el año 2013 se han producido más de 300 ataques a periodistas que cubrían manifestaciones en Brasil, principalmente, por parte de la policía (balas de goma, gas pimienta, agresiones, etc.). Un dato que verifica el alto riesgo que supone ejercer este oficio en Brasil, uno de los países más peligrosos del mundo también para ambientalistas y activistas sociales.

Comunicación de guerrilla

Además de denunciar situaciones de vulnerabilidad, estos periodistas comunitarios también se apegan al oficio de comunicadores como eficaz salvoconducto hacia la supervivencia. “Las violaciones de derechos humanos son diarias. Pero cuando un policía tiene una cámara delante, las posibilidades de que no cometa una violación contra los vecinos aumentan”, reconoce consciente de los riesgos Thainã de Medeiros, co-fundador del Colectivo Papo Reto.

Thainã, vecino del complexo favelado do Alemão, no concibe su labor como informante alejada de la de activista: “Cuando nadie está contando que una operación policial va a suceder, el favelado está ahí con el móvil en la mano avisando a amigos y familiares para que no pasen por ese lugar”. Es lo que desde el Colectivo Papo Reto entienden como “comunicación de guerrilla”: aquella que obedece a la importancia del momento, y uno de sus principales ejes de acción.

La vida de un profesional de la comunicación no puede ser puesta en riesgo. Son prácticas inaceptables en un Estado democrático

Associação Brasileira de Jornalismo Investigativo 

Otra forma de activismo es la instrucción de nuevos periodistas populares. O Cidadão imparte desde hace años un curso gratuito de comunicación comunitaria, y la Agência de Notícias da Favela (ANF) está formando, a fecha de hoy, a 25 jóvenes procedentes de 25 favelas de Río. “Al final del curso recibirán un diploma y, en asociación con la Facultad Hélio Alonso, el mejor alumno obtendrá una beca para estudiar periodismo en la universidad”, matiza Fernandes.

Cuanto más numerosas sean las voces, y más diversas las narrativas que abarquen, más fácil será romper con el estereotipo que, en palabras de Thaís Cavalcante, encasilla al favelado como “pobre, sucio, ignorante y violento”. “El mayor prejuicio es tratarnos como si no fuéramos parte de la ciudad. Una excepción. Pero lo cierto es que esta ciudad no funcionaría sin favela: somos quien hace Río de Janeiro existir”, afirma con orgullo Thainã de Medeiros.

En la cinematográfica favela de Ciudad de Dios destaca el medio online Cidade de Deus Acontece (CCD); en Rocinha existen el Jornal Fala Roça y Viva Rocinha; en Maré el Observatório de Favelas, O Cidadão y Maré Vive; la favela do Alemão cuenta con el periódico la Voz das Comunidades, Gato Mídia y el Colectivo Papo Reto... entre otros; y la lista podría continuar hasta alcanzar casi cualquiera de las favelas más populosas de Río de Janeiro. Tiempo atrás silenciados, ahora son los propios favelados quienes narran su Historia. Depende de nosotros el querer o no escucharlos.

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