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No hay tiempo que perder: las pandemias no están en funciones

De poco ha servido el consenso parlamentario: el Gobierno sigue sin comprometerse a poner dinero contra el sida, la malaria y la tuberculosis

Edgar habla con Monserrat, una paciente hospitalizada, por tuberculosis multirresistente (TB-MDR) en México que se curó en 2013.
Edgar habla con Monserrat, una paciente hospitalizada, por tuberculosis multirresistente (TB-MDR) en México que se curó en 2013. THE UNION

La quinta Conferencia de Reposición de Recursos del Fondo Mundial, de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria terminó hace unos días con un compromiso mundial extraordinario para erradicar, en 2030, esas devastadoras enfermedades. No en vano, se han logrado recaudar 12.900 millones de dólares (11.500 millones de euros) para el período 2017/2019 —cerca de 1.000 millones de dólares más que en la anterior conferencia de 2013 y 100 millones menos que los que se esperaban reunir— para financiar programas de prevención y tratamiento de las tres pandemias.

Solo en 2015 estas enfermedades terminaron con la vida de 2,5 millones de personas: las más pobres, las más vulnerables, especialmente mujeres y niñas. Un ejemplo escalofriante de pandemia es que en África, cada minuto, muere un niño a causa de la malaria.

En palabras de Bill Gates: “El Fondo Mundial es una de las mejores cosas y más loables que la humanidad ha hecho nunca por sí misma. Es un vehículo fantástico para ampliar los tratamientos y los instrumentos de prevención de los que disponemos hoy en día. Una de las inversiones más inteligentes que se pueden hacer para conseguir un mundo mejor.”

No va descaminado Bill Gates con su visión del Fondo, pues, según su último informe, desde 2002, ha financiado programas que han salvado la vida a 20 millones de personas, 20 millones de sueños salvados.

Los compromisos económicos más significativos que los países socios del Fondo anunciaron en la Cumbre internacional, corresponden a Estados Unidos (4.300 millones de dólares), el Reino Unido (1.430), Francia (1.211), Alemania (897, con un aumento del 33%), Canadá (718, un incremento del 19% ) e Italia (que retorna como donante con 100 millones).

España, a partir de 2011, a pesar de ser la 14ª economía mundial por PIB y de ocupar el 26º puesto en el índice de desarrollo humano, se ha mostrado indiferente frente a las pandemias: ha recortado de forma notoria los fondos de Ayuda Oficial al Desarrollo; ha estado ausente en la Reunión de Alto Nivel de Naciones Unidas para poner fin al VIH, donde 192 países se comprometieron a financiar la respuesta al sida. Y respecto al Fondo Mundial, hasta 2011 llegó a ser uno de sus principales contribuyentes, con 650 millones; a partir de aquella fecha y, amparándose en la crisis económica, ha dejado de financiar a este organismo.

Además de razones éticas, existen razones prácticas para haber retornado al Fondo Mundial: las enfermedades no entienden de fronteras

En la Conferencia Mundial, el Gobierno español decidió atender a una de las peticiones unánimes de los grupos parlamentarios, de los representantes de la sociedad civil y del Fondo Mundial, que España estuviera representada de alto nivel en la cumbre de Montreal, pero resolvió desoír al resto de las mismas, que España volviese a ser donante y que anunciase una aportación económica, en consonancia con las necesidades del Fondo, la capacidad económica de España y al nivel de los países de su entorno .

Y, efectivamente, el secretario de Estado de Cooperación, en un ejercicio de gatopardismo (“cambiar algo para que nada cambie”) acudió a la cita y aludiendo al consenso parlamentario  —omitió su parte fundamental— anunció que España volverá a ser socio cuando el Gobierno deje de estar en funciones; no comprometiéndose a realizar aportación financiera alguna, con el argumento de que si no hay gobierno, no hay presupuesto, y si no hay presupuesto no hay donación.

Sin embargo, podía haber sido posible. El Gobierno en funciones está capacitado para anunciar una cantidad concreta —nosotros señalamos la ponderada de 100 millones de euros— pues cuenta con el consenso parlamentario que respaldaría esa decisión. Y, además, porque al tratarse de un compromiso trianual, permite a España programar sus aportaciones de manera progresiva en los próximos tres presupuestos generales del Estado. “El Fondo es muy sensible en la forma en que los gobiernos pagan sus compromisos. Se puede destinar una cantidad y no pagar nada en 2017, fraccionándola entre los dos siguientes años. Es posible, incluso, comprometerse a cierta aportación condicionándola a la situación económica del país, según explicó a los grupos parlamentarios la representante del Fondo Mundial.

Y cambiando para no cambiar, el secretario de Estado también anunció en la Conferencia de Montreal un canje de deuda por salud de unos 17 millones de dólares con Camerún, Etiopía y República Democrática del Congo. Pero es que ese canje, aparte de ser solo 17 millones, no parece ser el mejor instrumento de cooperación con el Fondo.

De poco ha servido el consenso parlamentario. Un jarro de agua fría ha caído sobre nuestras cabezas, y seguro que también sobre las de muchas buenas gentes de nuestro país. Después, la indignación por unas políticas que no dan la mano al enfermo y que desprecian el derecho fundamental a la salud; de unas políticas que impiden a los ciudadanos colaborar, a través de sus impuestos, en la mejora de la salud de los más vulnerables; de unas políticas que les trae sin cuidado el objetivo 3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2016; de unas políticas que se mantienen, a pesar de que acarrean falta de credibilidad de España ante las instituciones internacionales de la salud; de unas políticas que causan perjuicios irreparables a los que fueron nuestros socios de desarrollo, que han visto como las mejoras en salud se van destruyendo a una velocidad de vértigo.

Pero no solo es esto. Además de razones éticas, existen razones prácticas para haber retornado al Fondo. Una de ellas es que a España le interesa invertir en la erradicación de las enfermedades, pues cuanta más protección y más control, habrá menos pandemias mundiales. Y es que las enfermedades no tienen fronteras.

La salud es un bien público global, para todos. Es un bien que no se circunscribe a nuestro país, sino que, también por propio egoísmo, ha de ser salud pública mundial.

Hemos perdido una oportunidad en la Conferencia, pero tenemos otras. Aún estamos a tiempo de que España vuelva a ser donante por estar permitido hacerlo en cualquier momento hasta 2019. El mejor será el próximo 17 de noviembre, cuando la Junta Directiva del Fondo, en función de los presupuestos conseguidos, decida los programas que puede financiar.

Somos optimistas al respecto porque sabemos que se puede derrotar al VIH, la tuberculosis y la malaria y porque pensamos que la sociedad española estaría dispuesta a asumir con orgullo la corresponsabilidad de salvar y mejorar vidas de millones de personas afectados estas enfermedades; y que, en consecuencia, apoyaría que nuestro país asumiera el compromiso de ayudar económicamente al Fondo Mundial para que mantenga y haga progresar sus resultados, ya demostrados, en la reducción de fallecidos por estas tres grandes pandemias.

Lola Galovart, diputada socialista por Pontevedra, es portavoz adjunta del PSOE de la Comisión de Cooperación Internacional.

Jesús María Fernández Díaz, diputado socialista por Navarra, es portavoz de Sanidad en la Comisión de Sanidad y Servicios Sociales.

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