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Por qué tienen que pasar

No son los refugiados quienes caen en la ilegalidad al querer pasar, sino nosotros al impedírselo

Una joven refugiada de 17 años.
Una joven refugiada de 17 años. Dominic Chavez

Es extraño. Ella se apareció de nuevo la semana pasada, en una mesa redonda organizada por el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR), en Madrid. Para mí no tenía cara y, de hecho, había olvidado hasta su nombre. Tuve que recurrir a la hemeroteca para releer que se llamaba Danielle. Pero se me quedó prendido el relato de su historia breve con la tozudez de una pregunta que te haces de niño y queda sin respuesta durante años.

La noche del 2 de diciembre de 1998, esa mujer, de 24 años, llegó a saltar la doble valla metálica de Ceuta, tras recorrer miles de kilómetros desde Nigeria. Por su avanzado estado de gestación (siete meses), la Guardia Civil la llevó a un hospital. El feto estaba bien. Había llovido tanto que le cambiaron la ropa mojada por un pijama y una bata de hospital. Y le dieron el alta.

Años después, como periodista y en organizaciones humanitarias, me he encontrado con otros casos, algunos dramáticos, de refugiados y migrantes. Estos sí con rostros, nombres, y en carne viva. Y siento de veras que muchos se vayan de la memoria sin más. Sin embargo, jamás se me va de la retina aquella mujer de historia breve, de la que nunca vi su cara, ni recordé su nombre. La memoria de las cosas que hacen frío tiene sus caprichos, imagino.

Según los testimonios de entonces, alguien “le chapurreó en francés” que, a causa de la tormenta, no podían llevarla a un centro para migrantes, y pasaría la noche, solo esa noche, en las dependencias (léase calabozo) de la Guardia Civil. Al amanecer la llevarían sin falta al centro de migrantes. No parecía nerviosa ni inquieta, según los testimonios.

Ella, sin cara, casi sin nombre, estuvo allí, la semana pasada, en el Teatro de la Abadía, de Madrid, en la mesa redonda de CEAR en torno a la obra teatral de Wajdi Mouawad, Incendios, protagonizada por Nuria Espert y dirigida por Mario Gas. Estrella Galán, secretaria general de CEAR, acompañada por Alicia Alonso (del equipo de la obra), el periodista Ramón Lobo y el catedrático de Derecho Javier de Lucas, presentó el vídeo de la campaña Rescatemos #NuestroMediterráneo. Para ello, contaron con la colaboración de Joan Manuel Serrat, quien alertó de que aquel mar que le inspiró su famosa canción “queda ya muy lejos, y hay que rescatarlo” de este otro que es una fosa común.

En la mesa también se debatió acerca de la Cumbre de la ONU sobre refugiados que en esos días se celebraba en Nueva York. Estrella Galán recordó que después de un año tras la muerte del niño Aylan, más de 4.000 personas han perdido la vida en el Mediterráneo, y más de 400 de ellas, niños y niñas. De 2014 a 2015 a España sólo llegaron un 1% de las peticiones de asilo de toda la Unión Europea. Aún así, Madrid, que se ha comprometido a acoger a 16.000 refugiados, ha rechazado casi un 70% de las solicitudes. Sólo se refugió oficialmente a 220 personas el año pasado.

Javier de Lucas, por su parte, dijo sentir vergüenza por el discurso del rey Felipe VI en la cumbre: “Supongo que el discurso no lo escribe él, pero hablar del ‘esfuerzo’ y ‘compromiso’ de España ante la crisis de refugiados… ¡Por favor!”.

Estrella Galán mencionó algunos casos de suicidio entre personas refugiadas en España, cuando estos ya se encuentran en un entorno aparentemente seguro. Y fue entonces cuando volví a recordarla a ella, a la mujer embarazada que llegó de madrugada hace tantos años. Al relato de cómo la encontraron al amanecer, ahorcada de una reja, con el pantalón de pijama que le habían dado en el hospital. Siempre que recuerdo su historia congelada, siento que no hay nada más traidor que el miedo, ni nada que asuste más que el frío, a veces el de la mirada del otro, o incluso el tono de su palabra.

¿Alguna alternativa al pesimismo? De entre el numeroso público que asistió al acto de CEAR en el teatro (toda una declaración de intenciones en estos tiempos), una mujer tomó el micrófono para expresar en voz alta su pesimismo e impotencia. Pedía una idea, una pista hacia donde moverse.

Canadá. Si se quiere, se puede

Los miembros de la mesa destacaron la propuesta canadiense del primer ministro Justin Trudeau. Hasta la fecha, 31.000 refugiados sirios acogidos, la mayoría en un plazo de seis meses gracias a la iniciativa público-privada de ese país. “Pero no es suficiente”, dijo el primer ministro, y anunció un aumento considerable del presupuesto para atender a víctimas de crisis humanitarias. “Eso demuestra que es algo viable, y que cuando se quiere, se puede”, advirtió Javier de Lucas.

Estrella Galán, añadió que hay soluciones que sólo necesitan de voluntad política como las de “ofrecer rutas legales y seguras que garanticen el acceso al derecho de asilo; la posibilidad de pedir asilo en embajadas y consulados de terceros países; o conceder visados humanitarios. Todo ello sin un alto coste económico” destacó entre otras propuestas de CEAR.

Desde que se creó CEAR, en el año 79, hemos visto cómo el Derecho Internacional Humanitario se ha ido ahogando cada vez más en el Mediterráneo”

Ramón Lobo alertó sobre la estrategia del miedo y de la criminalización de los migrantes y refugiados por parte de los gobiernos para justificar políticas vergonzosas que violan el Derecho Internacional Humanitario. De Lucas citó como ejemplo el acuerdo de Bruselas con Turquía: “La Unión Europea devuelve a los refugiados a una Turquía que no reconoce ninguna obligación para con ellos”. Y Lobo añadió que, de acuerdo al Derecho Internacional, “no son los migrantes y refugiados los que caen en la ilegalidad al querer pasar, sino nosotros al impedírselo”.

Estrella Galán utilizó una metáfora: “Desde que se creó CEAR, en el año 79, hemos visto cómo el Derecho Internacional Humanitario se ha ido ahogando cada vez más en el Mediterráneo”. Y Al día siguiente de la charla, aún en medio de la Cumbre de Refugiados, el Mediterráneo, como para poner a prueba cualquier capacidad de esperanza, se tragó la vida de unas 400 personas, tras el naufragio de un barco sobrecargado de migrantes en la desembocadura del Nilo.

Al final, desde aquella noche, siempre aparece ella. Esta vez entre los ahogados del Nilo. Entre los que no tienen cara ni nombre, porque todo se me va olvidando. Salvo el relato breve de sus últimas horas. Salvo el frío de todas las preguntas que quedan sin respuesta tantos años.

La obra Incendios estará hasta el 30 de octubre en el Teatro de La Abadía, de Madrid.

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