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Un acuerdo suficiente

El pacto entre el PP y Ciudadanos debe servir para abrir paso a la investidura

Mariano Rajoy y Albert Rivera, ayer durante la reunión para alcanzar el acuerdo entre el Partido Popular y Ciudadanos.

El acuerdo firmado ayer entre PP y Ciudadanos debería ser suficiente para permitir la formación de Gobierno, pues ese es su objetivo y eso es lo que necesita España en este momento. El pacto, aunque positivo en sus medidas fiscales, sociales y anticorrupción, es muy limitado, prueba de la desconfianza y la falta de sintonía política que todavía preside la relación entre las dos formaciones. Ciertamente, hubiera sido deseable que el acuerdo fuera más extenso, permitiendo dotar al próximo Gobierno de una estabilidad esencial para afrontar la elaboración de unos presupuestos generales especialmente delicados, e incluso abriendo el paso a un posible Gobierno de coalición.

Que estemos ante un acuerdo de mínimos, no de gobierno, no desmerece el esfuerzo realizado por los negociadores. Su razón de ser es desbloquear la insoportable situación de interinidad en la que se encuentra España desde que Mariano Rajoy disolviera las Cortes en octubre de 2015 y convocara elecciones, que posteriormente hubo que repetir. Por sentido de Estado y por responsabilidad, lo apoyamos, al igual que hicimos en su momento con el acuerdo PSOE-Ciudadanos, que también consideramos suficiente para abrir la legislatura.

Es un hecho que los 170 diputados que suma este acuerdo no son suficientes para formar Gobierno: se requieren seis síes en la primera votación o 11 abstenciones en la segunda. Pero teniendo en cuenta que ninguna otra fuerza política ha abierto negociaciones paralelas ni manifestado su intención de liderar un proceso similar, y ante el horizonte de una nueva repetición de elecciones, que serían un desastre sin paliativos para España, consideramos que la investidura debe salir adelante.

Toca pues mover ficha al PSOE, en cuyas manos está permitir que este acuerdo salga adelante o hacerlo fracasar y, en menor medida, sobre el PNV  cuyos síes también ayudarían a decantar la investidura. Los dos partidos firmantes han dejado atrás la retórica gruesa de las campañas electorales, puesto a un lado las supuestas incompatibilidades entre programas y personas y cejado en el empeño de plantear líneas rojas insuperables, algo de lo que deberían tomar nota el resto de las fuerzas políticas.

Es hora de que la dirección del PSOE, que con 85 escaños en las pasadas elecciones de julio obtuvo el peor resultado de su historia y en modo alguno se encuentra en condiciones de liderar la formación de un Gobierno alternativo, abandone el absurdo encastillamiento en el que se ha situado. Como ha demostrado Ciudadanos, ante una situación de bloqueo como la actual, es posible, actuando desde el pragmatismo y el sentido de Estado, obtener cesiones apreciables en materia fiscal y social que, a falta de una alternativa, mejoren la vida de la gente y contribuyan a regenerar el sistema político.

Solo la debilidad y falta de perspectiva de los actuales líderes del PSOE puede explicar la incoherencia de negarse simultáneamente a abstenerse para evitar unas terceras elecciones y, a la vez, descartar abrir negociaciones para un pacto con Podemos y los nacionalistas, algo por lo demás tan imposible como inconveniente. Plantear, como ha hecho esta semana pasada el PSOE, una modificación de la ley electoral para facilitar, evitando la coincidencia de la fecha con la Navidad y reduciendo la duración de la campaña a una semana, que unas terceras elecciones fueran menos costosas, retrata fidedignamente a una dirigencia más empeñada en desentenderse de sus responsabilidades que en asumirlas.

 

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