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El valor de una imagen

De ser cierto este dicho popular, las imágenes de prensa del pequeño Omran, y las que aparecen día a día en todos los medios, gritan ¡paz! A los cadáveres mínimos de los bebés se suman cadáveres de adultos calcinados entre la chatarra informe de los vehículos y los cascotes de edificios que ya no lo son. Destrozados por misiles lanzados con absoluta precisión desde asombrosas máquinas de guerra que son un alarde de la técnica y la ciencia, o con menor precisión desde el refugio subterráneo de las guerrillas locales. Son de Siria, pero son las mismas imágenes que ya vimos en Afganistán, en Irak, en Bosnia, en Ruanda, en el Congo, en Eritrea, en Sudán y en tantos otros lugares y épocas. Mil imágenes idénticas que han anestesiado nuestra capacidad para rechazar el horror, han silenciado nuestras palabras, nos aterran. A nosotros, a los ciudadanos del civilizado Occidente, los muertos nos parecen lejanos, enterramos a nuestros soldados con todos los honores, pero sin imágenes de sus cadáveres. Pese a las imágenes que dicen tanto, el silencio cómplice nos delata.— Luis Fernando Crespo Zorita. Alcalá de Henares (Madrid).

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