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Las partes íntimas

En España desaparecieron los limpiabotas con la democracia, pero han vuelto con la crisis

Vivian Maier (© Vivian Maier / Maloof Collection. Cortesía: Howard Greenberg, NY / Bernal Espacio, Madrid.)

No sé si este oficio, el de limpiabotas, debería estar prohibido, pero se debería multar a los clientes o gravarles el capricho con un impuesto especial, como ya se hace con la cultura, que es una peste. Lo jodido de este trabajo es lo que simboliza. De entrada, exige que alguien se arrodille públicamente ante un igual al tiempo que inclina la cabeza sobre sus pies, lo que, querámoslo o no, parece una muestra de subordinación excesiva. Los papas venían haciéndolo en Viernes Santo, creo, para hacerse perdonar la buena vida que llevaban el resto del año. Se trata también de una práctica de burdel, cuando el cliente juega a dominar o a ser dominado. El beso en los pies, incluso si están limpios, representa una entrega humillante que quizá perviva todavía en organizaciones sociales primitivas.

En España desaparecieron los limpiabotas con la democracia, pero la crisis política los ha vuelto a traer. Si te fijas no es mucha la gente que se atreve a utilizar sus servicios. Por vergüenza, cabe pensar. Pocos espectáculos tan groseros como el del tipo gordo (o delgado) que se fuma un puro mientras sacan brillo a sus botas. Hay algo de perversión sexual en esa escena. La fotografía en blanco y negro está tomada en Nueva York en 1954. Anteayer, como el que dice. He ahí un blanquito ejercitándose en labores venéreas. No tenemos ni idea de qué ha sido de él, pero con esa educación pudo llegar a cualquier sitio. Tampoco tenemos ni idea de qué fue del negrito, pero a quién le importa. En fin, que los zapatos, como las partes íntimas del cuerpo, se las debe limpiar uno mismo.

elpaissemanal@elpais.es

Sobre la firma

Escritor y periodista (1946). Su obra, traducida a 25 idiomas, ha obtenido, entre otros, el Premio Nadal, el Planeta y el Nacional de Narrativa, además del Miguel Delibes de periodismo. Destacan sus novelas El desorden de tu nombre, El mundo o Que nadie duerma. Colaborador de diversos medios escritos y del programa A vivir, de la Cadena SER.

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