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¿Y si curar la malaria costara un euro?

La 'artemisia annua' es el componente básico para los fármacos contra el paludismo

En los laboratorios creen que hay razones para investigarla más

Mientras, muchos tratan a los enfermos con el té que se hace con la planta

Lawrence Tusiime, encargado de la conservación del Jardín Botánico de Tooro, es un experto en la artemisia. Ampliar foto
Lawrence Tusiime, encargado de la conservación del Jardín Botánico de Tooro, es un experto en la artemisia.

En el centro hospitalario Vision for Africa, en la aldea rural de Mukono, a unos 35 kilómetros de Kampala, el doctor ugandés Cleophas Turyahabwe se lamenta de la cantidad de enfermos de malaria que llegan a su consulta. “El 80% de los pacientes sufren de la enfermedad. Casi todos ellos son mujeres y niños”, afirma el facultativo de 32 años. En los últimos dos meses, un brote en algunas partes de Uganda ha provocado de 8.000 a 10.000 nuevos casos a la semana según medios locales. “Estamos desbordados”, se lamenta Cleophas.

El Informe Mundial sobre Malaria de abril de 2015, publicado por la Organización Mundial de la Salud, estima que en 2014 cerca de 198 millones de personas en el mundo sufrieron de paludismo, una enfermedad que afecta mayoritariamente a los habitantes de los países más pobres del planeta. El 90% del total de las muertes suceden en África y afectan especialmente a niños menores de cinco años.

En la clínica de Mukono, Cleophas y Albert Schorer, un auxiliar sanitario alemán que vive y trabaja en la aldea, llevan años probando otras opciones para combatir esta amenaza: tratan a los enfermos con té de artemisia. Y lo explican, sin dudar: “Son personas de zonas rurales. Llegan a nuestras manos cuando tienen fiebres muy altas y no tienen dinero para pagar medicinas. Cuando empezamos a introducir las hojas secas de artemisia como tratamiento, nos dimos cuenta de que mejoraban. Entonces empezamos a probarla como profilaxis: tomando el té de artemisia regularmente, los casos de malaria se desplomaban”.

La artemisia annua L, una planta medicinal tradicional china, es a día de hoy el componente básico para los fármacos contra la malaria. La revista científica Journal of Nutrition and Health publicaba el año pasado un artículo en que explicaba cómo la artemisia se ha convertido en el principal compuesto utilizado por la industria farmacéutica. El estudio cuenta que en los años setenta los científicos chinos aislaron la artemisinina de la artemisia annua L —principio activo que según la OMS se utiliza en la elaboración de los medicamentos antipalúdicos más eficaces—, y que hasta la década de los noventa la planta no llegó a África, instalándose en Madagascar en 1993, en distintos puntos de África del Este a partir de 1994 o en África Occidental en 2005.

En el extremo occidental del país, a los pies de las montañas del Rwenzori, el Jardín Botánico Tooro, de más de 40 hectáreas, alberga actualmente una gran plantación de artemisia annua L entre otras plantas medicinales y flora local. “Producimos unos 300 kilos de artemisia anualmente. La plantamos, la dejamos secar y preparamos sus hojas. La empaquetamos y la vendemos tanto a hospitales como a individuales que la utilizan como profilaxis o como tratamiento”, nos explica Lawrence Tusiime, trabajador de este jardín que abastece de artemisia a la clínica de Mukono, entre otras.

“El precio para nuestro tratamiento de una semana cuesta alrededor de un euro”, explica el ugandés, quien expone que también se pueden realizar esquejes o comprar las semillas para que las personas puedan cultivar esta planta en sus casas de forma totalmente gratuita. En este jardín botánico, las semillas de artemisia fueron facilitadas por Anamed, una organización religiosa alemana dedicada al estudio de las plantas medicinales y que ha repartido semillas a unas 650 plantaciones en 75 países del mundo. Según la organización, es importante utilizar este determinado tipo de semillas por contener una mayor concentración de artemisinina, que de otro modo no serían efectivas.

Un estudio de Weathers J.P. y otros publicado por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos indica que para que el té de artemisia sea efectivo hay que añadir nueve gramos de sus hojas a un litro de agua y dejar hervir a 100 grados durante cinco minutos. Según los expertos, la concentración perduraría durante 24 horas. Por lo tanto, este litro debería beberse durante 24 horas en tomas de 250 mililitros.  “Desde que empecé a trabajar en el Jardín Botánico de Tooro he estado tomando una infusión semanalmente, como prevención. A pesar de que había sufrido varios brotes de malaria anteriormente, nunca más he vuelto a experimentar fiebres ni ningún otro síntoma”, cuenta Lawrence sobre su método, extendido, según dice, entre sus conocidos. De forma similar, Cleophas Turyahabwe está convencido de que los síntomas de paludismo pueden ser aplacados si se sigue "correctamente el protocolo": “Creemos que la artemisia estimula el sistema inmunológico y que por tanto, impide que el parásito de la malaria, el Plasmodium vivax, sobreviva en nuestro cuerpo”.

¿Té, cápsulas o en su forma sintetizada?

La 'Artemisia Annua' es una hierba que se utiliza para tratar y prevenir la malaria. ampliar foto
La 'Artemisia Annua' es una hierba que se utiliza para tratar y prevenir la malaria.
Abduilah Zainabu, asistente en el BTG, es una de las trabajadoras empleadas. ampliar foto
Abduilah Zainabu, asistente en el BTG, es una de las trabajadoras empleadas.

“Es evidente que el té de artemisia funciona, porque se ha usado históricamente desde hace más de 2000 años para tratar las fiebres, y porque la infusión contiene el principio activo que incluyen los fármacos derivados de las artemisininas”, reconoce Quique Bassat, investigador de ISGlobal y del Centro de Investigación en Salud de Manhiça, en Mozambique. Sin embargo, el experto, que está trabajando para desarrollar allí una vacuna efectiva contra la malaria, Mosquirix, advierte que la mejor forma de prevenirla es a través de los antipalúdicos existentes en el mercado. Y añade: “El mayor problema radica en que no se han hecho estudios rigurosos y metodológicamente robustos para la evaluación de la artemisia”.

Otro investigador veterano, Nick White, que ha dedicado los últimos 35 años de su vida a estudiar el uso de la artemisinina en la Unidad de Investigación de Medicina Tropical Mahidol Oxford, cree que el uso del té de artemisia como tratamiento puede ser peligroso, sobre todo, cuando se trata de la malaria cerebral, producida por el parásito Plasmodium falciparum. “Me parece una imprudencia. Si la dosis varía se puede producir resistencia por parte del parásito, y si hay más dosis de la cuenta, puede ser toxico para el paciente”, dice desde Bangkok, donde dirige un grupo de investigadores en la materia.

A pesar de reconocer que la artemisinina es el compuesto más eficaz para paliar la enfermedad, el experto también advierte que si no se combina con otros compuestos que aplaquen la capacidad de resistencia del parásito, los casos de malaria se podrían desbordar. “En Europa tratamos algunas enfermedades del corazón con extractos de una flor llamada digitalis purpurea, el cáncer con extractos de la hierba doncella, cólicos con extractos de belladona. Pero todas estas plantas son venenosas y te pueden matar. La medicina moderna realiza la dosificación precisa de cada componente. Las nociones románticas pueden matar, no curar”, advierte el científico.

El doctor Mostafa A. Elfawal, investigador pos-doctoral asociado del Departamento de Medicina Molecular de la Universidad de Massachusetts, sostiene en su tesis, publicada el pasado mes de diciembre que la resistencia desarrollada hacia algunos tratamientos por el parásito causante de la malaria es frenada por el uso de esta planta. Pero él no es partidario del té de artemisia sino de píldoras elaboradas a partir de las hojas machacadas. “En general no recomiendo el uso de tés de artemisia annua L, sino las hojas secas de la planta en forma encapsulada y dosificada”. Eso sí, según su punto de vista, cualquier tratamiento realizado a partir de la planta tiene que estar bajo supervisión médica para que las dosis sean exactas y no se haga un mal uso.

Rossetti Nyakaisiki, supervisora del protocolo de procesado, muestra la artemisia secada y triturada lista para su empaquetado. ampliar foto
Rossetti Nyakaisiki, supervisora del protocolo de procesado, muestra la artemisia secada y triturada lista para su empaquetado.

Apoyando el uso de la planta en su estado natural, Mostafa A. Elawal da un toque de atención a la comunidad científica, y hace un llamamiento a financiadores del sector: “Deberían gastar más dinero en apoyar la investigación de las plantas como la artemisia annua L, hacer más ensayos clínicos con su forma natural y educar más a la población para que tengan las herramientas necesarias para mejorar en materia de salud”.

El Comité Asesor en Políticas sobre el Paludismo, dirigido por el doctor Pedro Alonso, se reune estos días (hasta el 18 de septiembre) en Ginebra para tratar, entre otras cosas, como evitar la resistencia del parásito frente a los fármacos antimaláricos. Mientras tanto, en terreno, muchas personas confían en la artemisia annua L como aliada para su prevención. Y en los laboratorios, otros tantos creen que hay razones para ponerse a investigarla.