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Revolución biomédica

La nanoingeniería tiene en su horizonte la fabricación de órganos humanos funcionales

Revolución biomédica

Hay avances tecnológicos que son difíciles de asimilar. Lo que puede dar de sí la impresión en tres dimensiones (3D) no para de darnos sorpresas. Ya sabíamos que estas máquinas eran útiles en el campo de la arquitectura, la automoción y el diseño industrial para la fabricación de maquetas o prototipos. Pero donde está causando una verdadera revolución es en el terreno de la biomedicina.

El último gran ingenio salido de una impresora 3D es una prótesis de tráquea capaz de adaptarse al crecimiento de los tres niños afectados de traqueobroncomalacia (una patología que cierra los bronquios al respirar) a los que se les ha implantado recientemente.

El invento, desarrollado en la Universidad de Michigan (Estados Unidos), ha consistido en escanear la tráquea de cada uno de los tres pequeños que han participado en este ensayo y, a partir de esa primera imagen, se diseñó una férula personalizada. Han conseguido así que los bronquios puedan trabajar por sí solos. El implante está construido con material biodegradable, de manera que es reabsorbido por el organismo cuando las vías respiratorias están plenamente operativas.

Avances como estos son una muestra del enorme abanico de posibilidades que tiene ante sí la biomedicina. Con impresiones 3D se fabrican audífonos, vértebras, prótesis de cadera, de rodilla... Estos mágicos artefactos están diseñados para poder utilizar materiales biológicos (células, por ejemplo) con el objetivo de, en un futuro, crear tejidos humanos. Parece ciencia ficción, pero los expertos en nanoingeniería tienen en su horizonte la fabricación de órganos funcionales (riñones, vejigas, corazones) a partir de las asombrosas impresoras 3D.

De la alianza entre la tecnología y la biología pueden nacer cosas fantásticas. Y lo que es más impactante: a muy bajo coste. Los materiales con los que se ha fabricado la prótesis implantada a los niños con problemas en la tráquea ronda los ocho euros. Si además se generaliza el hecho de que los objetos puedan cambiar de forma por sí mismos para adaptarse en el tiempo a la evolución de las personas, las impresoras 3D habrán entrado en una nueva dimensión: la cuarta.

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